País por país, ¿cómo está la relación entre EE.UU. y América Latina?
El nuevo mapa político de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y América Latina revela un cambio de paradigma que no se veía desde los años más crudos de la Guerra Fría. El escenario actual, marcado por una polarización con escasos matices, describe una región que ha dejado de ser un bloque geográfico para convertirse en …
El nuevo mapa político de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y América Latina revela un cambio de paradigma que no se veía desde los años más crudos de la Guerra Fría. El escenario actual, marcado por una polarización con escasos matices, describe una región que ha dejado de ser un bloque geográfico para convertirse en un tablero de ajedrez. En este contexto, Washington ha decidido mover sus piezas con una velocidad y pragmatismo renovados.
Bajo la actual administración de Donald Trump, la política exterior hacia el continente ya no se mide en términos de cooperación multilateral. Ahora, los ejes centrales son el control de recursos estratégicos, la seguridad fronteriza y las lealtades ideológicas.
El dato más disruptivo es la consolidación de Argentina como el principal referente de Estados Unidos en la región. Con un apoyo financiero de 20 mil millones de dólares y una alineación total entre los presidentes, el país austral ha pasado de la ambivalencia a ser el portaaviones ideológico de la Casa Blanca en el Cono Sur.
Esta relación no es solo simbólica; es una apuesta estratégica que busca desplazar los ejes de poder tradicionales, como México y Brasil, para establecer un contrapunto a la influencia china en el Atlántico Sur. Encuentra, además, un apoyo estratégico en la sintonía con el gobierno de Paraguay. Cabe destacar que este es el único país latinoamericano invitado a la Cumbre por la Paz en Medio Oriente, un espacio de alta significación para la política exterior estadounidense.
En un lugar similar se encuentra Bolivia. Tras la llegada del nuevo presidente de derecha, el país prioriza un acercamiento con Estados Unidos, a contrapelo de la histórica sociedad del Movimiento al Socialismo con regímenes como el de Venezuela o Cuba.
EE.UU, el Pacífico y Brasil
El caso de Perú merece una mención aparte. El impulso para designarlo como Aliado Principal No-OTAN eleva al país andino a un nivel de asociación militar y tecnológica superior, similar al que ostentan potencias fuera de Europa. Esto, sumado al alineamiento de Ecuador en temas de seguridad y presencia de tropas extranjeras, sugiere la creación de un nuevo corredor de seguridad en el Pacífico liderado por Washington.
En contraste, Brasil se encuentra en una posición de rivalidad, a pesar de ser clave en la estrategia para disminuir la dependencia regional de China. Aunque las sanciones a los jueces de la Corte Suprema por el juicio contra Jair Bolsonaro se han retirado y se negocia un alivio arancelario para minerales críticos, la relación está marcada por la desconfianza. La Casa Blanca entiende que no puede ignorar a Brasil en el andamiaje del vínculo regional; por eso, ha decidido tratarlo como un competidor comercial difícil más que como un socio natural.
De acuerdo a la Nueva Estrategia de Seguridad de 2025, Estados Unidos ve a México como un socio bajo presión, no como un enemigo ni un aliado modelo. México es una pieza central para la defensa del territorio, la lucha contra carteles, la contención migratoria y el control regional. Sin embargo, se le exige más cooperación, resultados concretos y una carga compartida. Los intercambios con la presidenta Claudia Sheinbaum así lo han mostrado durante el transcurso de 2025.
Mano dura en el Caribe
El escenario más dramático se vive en el Caribe. La captura de Nicolás Maduro y la presión ejercida sobre el régimen de Venezuela marcan un hito histórico. La administración Trump no solo ha tomado el control del flujo comercial de petróleo, sino que ejerce una tutela directa sobre las acciones del gobierno encargado para provocar el desmontaje del chavismo. Este movimiento envía un mensaje inequívoco al resto del continente: la soberanía tiene límites cuando se cruzan las líneas rojas.
Colombia, históricamente el aliado más consecuente de EE. UU. en Sudamérica, fue descertificada por sus magros resultados en la guerra contra las drogas. Además, las tensiones ganaron relieve tras el discurso del presidente Gustavo Petro en Nueva York, donde pidió a los soldados estadounidenses no participar en el conflicto de Gaza. Esto dejó al gobierno colombiano en una posición de extrema vulnerabilidad, intentando reorganizar una relación que lucía irreconciliable. Sin embargo, la reciente visita del mandatario a Washington ha ayudado a aliviar las tensiones.
La categoría de enemistad está colmada por Cuba y Nicaragua. Estos regímenes autocráticos cuentan con el rechazo total de la administración Trump, especialmente en el caso de La Habana, donde el impacto de la presión sobre Venezuela genera efectos económicos devastadores.
El tablero geopolítico: América Latina vs. EE.UU.
Categoría Países Relación Estratégica Intereses / Acciones Clave Aliados Prioritarios Argentina Alineación total (Portaaviones ideológico). Apoyo financiero de $20 mil millones; contrapunto a China en el Atlántico Sur. El Salvador Seguridad transaccional. Detención de deportados a cambio de apoyo político y legitimidad. Guatemala Socio estratégico de derecha. Postura firme pro-Taiwán y pro-Israel; filtro migratorio clave. Honduras Alineamiento reciente. Giro hacia Washington tras la llegada de Nasri Asfura. Socios de Seguridad Perú Aliado Principal No-OTAN. Elevación del estatus militar y tecnológico; control del Pacífico. Ecuador Cooperación en seguridad. Presencia de tropas extranjeras para el combate al narcotráfico. Rep. Dominicana Cooperación estrecha. Estrategia conjunta de contención de la crisis en Haití. Socios Bajo Presión México Socio bajo presión y control. Exigencia de resultados concretos en migración y combate a carteles. Panamá Socio estratégico (reintegrado). Supervisión del Canal de Panamá favorable a intereses de EE. UU. Rivalidad / Distancia Brasil Competidor comercial difícil. Desconfianza política; enfoque en minerales críticos y alivio arancelario. Colombia Relación en vulnerabilidad. Descertificación en lucha antidrogas; tensiones por postura ante Gaza. Pragmatismo Izquierdo Chile y Uruguay Neutralidad pragmática. Relación basada en canales comerciales; diálogo para proteger exportaciones. Guyana y Surinam Socios energéticos críticos. Seguridad energética; contención de la influencia china y crisis venezolana. Enemigos / Tutela Venezuela Intervención y tutela directa. Captura de líderes; control del flujo petrolero y desmantelamiento del régimen. Cuba y Nicaragua Rechazo y hostilidad. Sanciones máximas; impacto derivado de la caída del eje venezolano.En República Dominicana, la Casa Blanca encuentra un socio estratégico. Ambos mantienen una relación estrecha y cooperativa que comparte la estrategia de contención hacia Haití. En dicho país, el vínculo estadounidense está marcado por la crisis del colapso estatal y el condicionamiento de la asistencia humanitaria a cambio de cooperación en la lucha contra el crimen. Finalmente, Jamaica aparece como un aliado relevante ante el incremento de la criminalidad en la zona.
Para la Casa Blanca, Centroamérica es hoy un filtro migratorio y un muro contra la influencia de China. Guatemala, a pesar de estar bajo un gobierno de izquierda, ha emergido como pieza clave por su firme postura pro-Taiwán y pro-Israel.
Por su parte, El Salvador actúa como el aliado y embajador ideológico en la región bajo una lógica de seguridad transaccional: apoyo político a cambio de detención de deportados. En esa misma línea, se da por descontado que el cambio de gobierno en Honduras, con la llegada de Nasri Asfura (apoyado explícitamente por Trump), refuerce este bloque.
Panamá, tras superar fricciones por el control del Canal a principios de 2025, se reintegró al grupo de aliados estratégicos. Con esto, se aseguró que la vía interoceánica permanezca bajo una supervisión favorable a los intereses estadounidenses. Costa Rica, por su parte, mantiene su estatus de aliado pragmático. En cuanto a Belice, en octubre de 2025 firmó el Acuerdo de Tercer País Seguro, permitiendo el traslado de solicitantes de asilo desde EE. UU. para procesar sus solicitudes allí.
Pragmatismo de izquierda
Es notable la performance de neutralidad que mantienen países como Chile y Uruguay, o de alianza estratégica como Surinam y Guyana; todos ellos con gobiernos de tendencia progresista o de izquierda. En estos casos, la administración Trump parece haber optado por un “dejar hacer”.
Las relaciones fluyen por canales estrictamente comerciales, siempre que no obstaculicen la agenda de seguridad estadounidense. Chile, pese a las tensiones arancelarias, ha logrado mantener un diálogo que protege sus exportaciones. Uruguay, de igual forma, ha optado por una postura pragmática para no tensionar el vínculo.
En el caso de Surinam, un país con alto potencial energético, el Comando Sur mantiene visitas constantes para fortalecer la cooperación militar contra el narcotráfico. Por su parte, Guyana es un socio crítico cuya importancia reside en su capacidad de suministrar energía y su posición geográfica clave frente a la crisis con Venezuela.
Este nuevo mapa es el retrato de una América Latina fragmentada. La estrategia de Estados Unidos ha pasado de la “diplomacia del apretón de manos” a la “diplomacia de la condicionalidad”. Esto ha quedado suscrito en la Nueva Estrategia de Seguridad 2025, que pone al vecindario como prioridad máxima con un enfoque de poder duro.
Quienes se alinean reciben financiamiento y mejoras en su estatus militar. Por otro lado, quienes disienten enfrentan sanciones o descertificaciones. En este nuevo orden regional, la neutralidad es un lujo de pocos y la alineación es la moneda de cambio para la estabilidad.
Por Ángel Arellano
Latinoamérica21 – Especial para Mendoza Today
Texto publicado originalmente en Diálogo Político