Alerta en el sistema de salud de San Juan: cobros indebidos sin ningún sustento ni control
Esta es la historia real de una jubilada, afiliada a la Obra Social Provincia (OSP), con coseguro vigente, que debe pasar las mil y una travesías para ejercer su derecho a atenderse de manera decente en una típica institución de salud. La paciente común, a quien denominaremos «Paula», tuvo la penosa necesidad de recurrir a …
Esta es la historia real de una jubilada, afiliada a la Obra Social Provincia (OSP), con coseguro vigente, que debe pasar las mil y una travesías para ejercer su derecho a atenderse de manera decente en una típica institución de salud. La paciente común, a quien denominaremos «Paula», tuvo la penosa necesidad de recurrir a la OSP, a la cual aportó toda una vida para que se digne, ahora que lo necesita, a otorgarle un buen proveedor de salud y así cubrir los gastos médicos que requiere para su atención y pronta mejoría.
Cintas gastadas
Todo comenzó un día de calor y viento zonda en el centro de San Juan. Paula se disponía a ingresar en el centro comercial Vea, ubicado en la primera cuadra de la calle General Mariano Acha Sur. Como sabemos, la vereda de ingreso al centro comercial tiene un desnivel prominente con cintas gastadas por el tiempo; estas, más que ayudar, son un peligro no solo para sus clientes, sino para todos los transeúntes de esa concurrida calle.
El momento inesperado llegó y Paula por acercarse a leer las ofertas publicadas, resbaló y cayó sobre la acera de la puerta principal del Vea. No pudo mover la cintura ni el brazo. La ambulancia estacionó rápidamente, mientras los policías la atendían. Lograron calmarla y trasladarla de inmediato al Instituto de Traumatología Ortopedia Reumatología y Rehabilitación SRL de la calle Francisco Laprida Oeste, del mismo centro sanjuanino. Así comenzó el suplicio.
El tiempo que demora
Después de una dolorosa espera, el diagnóstico —fisura de cadera— fue confirmado por el médico de turno. Este otorgó amablemente el parte con las respectivas placas y órdenes para tramitar la intervención, compra de la prótesis requerida e internamiento de la paciente. No puedo definir con palabras el estado de Paula, pero imagino el dolor que sentía, por cada una de las expresiones en su rostro. Los analgésicos poco a poco fueron calmando el intenso dolor, y el traslado a casa le dio la tranquilidad, al menos por esa noche.
Paula, al estar inmovilizada, me encargó realizar todas las gestiones en su nombre ante la OSP, coseguro e instituciones intervinientes, a fin de autorizar las órdenes de internamiento y compra de la prótesis requerida por los profesionales médicos.
Después de madrugar y pasar por largas colas, en su mayoría de personas mayores, oficinas con empleados en largas charlas, matecito incluido, que no tenían ni idea de lo que hacían, después de mucho preguntar, llegué a la ventanilla número nueve. Me recibieron la documentación e indicaron que el proceso para la autorización e indicación de la ortopedia que proveería la prótesis demoraría aproximadamente veinte días.
En ese momento, en mi mente, estaban grabadas las expresiones de dolor de Paula y solo atiné a pedir que, por favor, lo hicieran rápido, pero la única respuesta que recibí fue: «Es el tiempo que demora. No puedo hacer nada, señor». Bueno, los trámites están encaminados, es lo importante, pensé, sin presagiar que las cosas se pondrían peor.
Documento en blanco
Pasaron dieciocho días con sus largas y tormentosas noches, llenas de dolor y malestar general. La autorización de internamiento y la correspondiente prótesis estaban aprobadas, así que nuevamente madrugué y logré retirar de la OSP las órdenes respectivas, para la ortopedia y el Instituto de Traumatología. La ortopedia designada fue MyA Tecnología Quirúrgica SA (Matera). Esta, para sorpresa mía, por medio del encargado y firmante Simón Romera exigió, además de pagar en efectivo el 20 % que corresponde abonar como asegurado, firmar un pagaré, título valor a la vista sin protesto y en blanco para poder hacer uso de la prótesis.
«Señor, no tengo problema de abonar en efectivo el 20 %, y el 80 % está cubierto con la orden de la OSP, que autoriza la compra de la prótesis a favor de ustedes, pero me exige además usted la firma de un documento en blanco. Me quiere cobrar doble al pretender que lo firme». Ante el reclamo, Simón Romera aseguró que era un requisito exigido por la OSP. Si quería la prótesis, debía firmar o, en su defecto, hablar con la OSP.
Nuevamente camino a la OSP, pero esta vez me hallaba ofuscado. ¿Qué está pasando aquí?, era la pregunta que venía una y otra vez a mi mente.
Portazo en la cara
Tras una larga espera y recorrer casi todas las oficinas sin obtener respuestas, solicité hablar con Rodolfo Fasoli, médico e interventor de la OSP. Esperaba que él me aclarase las dudas sobre el doble cobro de una prótesis ya autorizada por la OSP. Me recibió una joven mujer llamada Estefanía Carmona que me aseguró ser su secretaria y manifestó descortésmente que él no me podía recibir. Traté de ser lo más claro con ella, explicándole palabra por palabra, punto por punto, lo que me dijeron en la ortopedia. Le mostré el documento que querían que firmara, pero ella textualmente dijo: «Ya me comuniqué con la ortopedia Matera. Es un documento que todos firman y que debe firmar usted también». Le pregunté: «¿Sabe usted qué es un pagaré?». A lo que respondió: «No, no lo sé».
Me di cuenta de que estaba hablando con una persona que no tenía la capacidad ni conocimiento suficiente para resolver mi problema. Pedí nuevamente hablar con el interventor, y recibí como respuesta un rotundo no, además un portazo en la cara.
¿Ahora como resuelvo esto?, me pregunté. ¿Acaso la OSP no tiene un control de proveedores o es que hay un arreglo entre ellos para cobrar alguna diferencia? Esa era la impresión que me dio la señorita que con tanto interés pretendía que firmara el pagaré. ¿Cómo controla la OSP el buen servicio del proveedor que nosotros pagamos con nuestros aportes?
Satisfecho por un momento
Nervioso, pensando en el estado de mi familiar, con el tiempo en contra, decidí regresar a la ortopedia y exigir la solución. Bajé del tercer piso de la OSP por las escaleras, para tratar de despejarme, ordenar mis ideas y hacer frente al representante de la ortopedia. Subí a mi auto y conduje hasta la calle Mendoza Sur 983.
Frente al representante decidí cambiar de estrategia y pedirle que entrara en razón, que no podía firmar un título valor en blanco, que no tenía tiempo que perder, que mi familiar la estaba pasando muy mal con los veinte días que esperamos la aprobación de los documentos. Este sujeto pareció compadecerse, e indicó a una empleada que se comunicara con el médico firmante para programar día y hora para la entrega de la prótesis, según el turno para la intervención quirúrgica de la paciente. Al parecer la llamada de la señorita Carmona de la OSP los puso sobre aviso para esconder el pagaré. Agradecido y confiado, pensé que esta travesía había terminado. Salí de la oficina satisfecho por un momento.
Lo que pensábamos
La ambulancia del coseguro llegó puntual a las nueve de la mañana, después de más de veintitrés días de estar inmovilizada en una cama. Por fin había llegado el momento de la cirugía. Paula, nerviosa, resignada y con lágrimas que recorrían sus mejías, fue trasladada con mucho cuidado al Instituto de Traumatología donde la recibieron y dieron la habitación número 209. Las sonrisas y las bromas no faltaron; todos estábamos felices, pues ya terminaría el sufrimiento y volvería a ser la misma de siempre. Al menos eso pensábamos.
La encargada del ingreso de los pacientes del Instituto de Traumatología solicitó el carnet de OSP que quedaría en custodia y me comunicó lo siguiente respecto a los trámites por seguir: «La paciente será intervenida mañana después de las quince horas. Para ello, usted tiene que cubrir el costo de los siguientes exámenes que la OSP no asume: electrocardiograma 60,000, análisis de sangre pre y poscirugía 80,000, además de Confort por día 20,000 y por último 1,700 pesos por cada receta u orden médica emitida». Para no olvidar nada, me entrego un pósit amarillo con la descripción a puño y letra. En ese momento estaba más preocupado por la salud de Paula. Pensé que esos gastos eran referenciales, pues ya están cubiertos por OSP y coseguro.
Permitieron que uno de nosotros pasara la noche con ella. Los demás nos fuimos a nuestras casas a esperar el día siguiente.
Una enorme incertidumbre
A las nueve de la noche sonó mi teléfono. Era Paula, notoriamente mortificada. «Una enfermera subió por orden de la jefa de caja para cobrar 160,000 pesos. Me dijo que si no los pagaba, no me iban a operar».
A esa hora salí camino nuevamente al Instituto de Traumatología. Allí, me indicaron que fuera a conversar con Carmen Gómez, jefa de caja, quien había indicado a la enfermera que se pagara esa cantidad de pesos. Le pedí que me explicara cuál era el motivo de cubrir esos costos, si son intervenciones propias de la cirugía que ya estaba autorizada por la OSP. Le expliqué que, si lo debía pagar, necesitaba una factura con la descripción del gasto y motivo por el cual no estaba cubierto por la OSP. La respuesta de la jefa de caja fue inusual: «Deje el dinero, yo no puedo facturarle, no estoy autorizada. Si quiere que mañana la operen a su pariente, le conviene dejarlo pagado».
Al ver la petulancia de la jefa de caja y el aprovechamiento por la necesidad que teníamos, le indiqué de forma enérgica: «Mañana estaré a las siete y media de la mañana, esperaré al laboratorio y cardiólogo para que me den una razón por el cobro adicional. Ahora respecto al ítem denominado Confort, necesito que sea explicado en la factura como un cobro adicional de habitación realizado por ustedes». Me di media vuelta y salí del Instituto de Traumatología, con una enorme incertidumbre.
El truco del Confort
Llegué a las siete de la mañana al Instituto de Traumatología. Solo un café cargado me acompañaba; antes de salir, me di tiempo de prepararlo para, así, poder soportar un nuevo día de abusos y vivezas criollas de gente que no tiene ni ética ni sentimientos. Grande fue mi sorpresa cuando me enteré que el cardiólogo ya había realizado el electrocardiograma y el laboratorio ya había sacado las muestras requeridas para la cirugía.
La mañana pasó, la operación fue un éxito, todos estábamos celebrando, mientras los papelitos amarillos (pósit) con el cobro de Confort y recetarios seguían llegando. Dos días después, le dieron de alta a Paula y una joven muy amable me invitó a pasar por administración para los pagos correspondientes. La joven me refirió que su jefa, Carmen Gómez, había autorizado que no me cobraran el electrocardiograma ni el uso de laboratorio. «Es una cortesía», me refirió. Sin embargo, debía hacer el pago de los días de internamiento del famoso término Confort y los recetarios. Mi negativa me derivó nuevamente donde la jefa de caja. Esta me dijo que qué más quería, si ya me habían regalado los exámenes prequirúrgicos. Esta vez no me iba a quedar callado. Le indiqué que, según la OSP y coseguro habilitado UPCN, los gastos prequirúrgicos estaban cubiertos como también los de habitación y derivados por el internamiento. «Eso está en el contrato que mantienen con la OSP y UPCN», precisé.
En efecto, no están autorizados a cobrar ningún ítem relacionado con lo que se genera por la propia intervención. Le dije claramente: «¿Usted cree que soy idiota? Entiendo que ustedes usan el término Confort porque no pueden poner gastos de habitación. Lo que ustedes están haciendo es un robo y utilizan el momento de desesperación para aprovecharse de los pacientes. Ya estoy saliendo con mi familiar, pero regresaré el lunes para aclarar uno a uno los presupuestos que me quieren cobrar».
Regresé el martes. Carmen Gómez, jefa de caja, no me dio la cara, y envió a una joven que me devolvió el pago de un día de Confort, o sea, los aproximados 190,000 pesos adicionales que correspondían supuestamente a electrocardiograma, análisis de sangre y tres días de Confort que me querían cobrar eran un engaño. Esa suma ya estaba cubierta por la OSP y coseguro. Claro, antes ya me había asegurado de corroborar la información tanto en la OSP como en el coseguro UPCN.
No es coincidencia
Paula, ya en casa, se recuperaba, pero yo seguía asombrado por el terrible servicio de salud que tenemos: desde largas filas y personal de OSP que no sabe absolutamente nada, pues carece de mínima preparación, hasta la bendita viveza criolla presente incluso en los peores momentos de nuestros días. Esto nos hace perder la fe, el respeto y el amor al prójimo. Al final de toda esta maquillada sinvergüenzada descubrí:
1. La OSP no exige firma de ningún documento en blanco o una cancelación doble por un servicio contratado a favor de ningún proveedor de salud. Existen trabajadores en la OSP que verdaderamente cumplen su trabajo y conocen los por menores de los procedimientos y atención a seguir, y otros que, la verdad dejan mucho que pensar.
2. La ortopedia (Matera) no puede hacerte firmar un documento cancelatorio o título valor por el costo de la prótesis y menos firmar en blanco.
3. La habitación y todos los derivados comunes para el ejercicio de la atención e intervención están cubiertos por la OSP, es decir, tanto las radiografías y análisis pre y posquirúrgicos, curaciones y demás. La terapia intensiva está cubierta al 100 % por la OSP.
4. El Instituto de Traumatología no puede cobrar arbitrariamente por análisis adicionales o electrocardiogramas, tampoco por un servicio inespecífico, al usar el término Confort. El término Confort lo utilizan como escudo para que no sean demandados por doble cobro.
Esta crónica, que más parece un cuento de terror por su truculencia, debe atrapar a los lectores cansados de la corrupción. Que su lectura sirva para que mañana no se dejen sorprender por el abuso de personas que representan instituciones inescrupulosas y corruptas que con engaños hacen de la salud un vulgar negocio.
Cualquier parecido con la realidad podría no ser coincidencia. Los documentos son reales, los publico como parte de la denuncia y espero que las autoridades tomen cartas en el asunto.