Acerca del absurdo de discutir el origen de los audios y no el fondo de la denuncia por las presuntas coimas

El Gobierno insiste en descalificar a los periodistas que filtraron los audios de Diego Spagnuolo respecto de los sobreprecios en ANDIS. Dice que “no son periodistas”. Literal. Lo hizo ayer nomás Patricia Bullrich. Justo después de mandarlos a allanar. Segundos antes, en canal A24, dijo lo contrario: que no se había pedido esa medida a la Justicia. Pero …

Christian Sanz

El Gobierno insiste en descalificar a los periodistas que filtraron los audios de Diego Spagnuolo respecto de los sobreprecios en ANDIS. Dice que “no son periodistas”. Literal. Lo hizo ayer nomás Patricia Bullrich. Justo después de mandarlos a allanar.

Segundos antes, en canal A24, dijo lo contrario: que no se había pedido esa medida a la Justicia. Pero el periodista Pablo Rossi le leyó su propia denuncia y la dejó expuesta. Papelonazo total.

El oficialismo persiste en negar los hechos de corrupción motorizados en la compra de remedios a la droguería Suizo Argentina. Pero no alcanza.

Bastaría con que muestren todas las licitaciones y compras hechas a esa empresa, la más cara del país, dicho sea de paso. Antes se trabajaba con Droguería del Sud, pero parece que el retorno era menor.

Como sea, en cuanto se muestren todos los documentos se acaban las especulaciones de unos y de otros. Pero no, el gobierno persiste en el ocultamiento y el silencio. Ni siquiera los usuales tuiteros se animan a inmolarse en nombre de esta causa.

Dicho sea de paso, ¿por qué el Gobierno no dice quién redactó la denuncia contra los periodistas Jorge Rial y Mauro Federico? ¿Será el malogrado Santiago Viola, como dicen los rumores de pasillo?

Se trata de un letrado enchastrado por diversos escándalos, complicado él mismo en la compra a la Suizo Argentina, no para ANDIS, sino para otros organismos del Estado. A la sazón, Viola es apoderado de La Libertad Avanza. Nada es casual.

A esta altura, cabe hacerse algunas preguntas:

-¿Por qué el Gobierno demoró casi seis días en responder las acusaciones, siendo que demoró apenas unos segundos para cruzar a Pamela David por avalar una fake news sobre el relój de Karina?

-¿Por qué no se separa de su cargo como subsecretario de Gestión Institucional a Eduardo “Lule” Menem frente a la sospecha de que estaría lucrando con la compra de remedios?

-¿Por qué el Gobierno intentó imponerle un abogado a Diego Spagnuolo, el que destapó -involuntariamente- todo el escándalo?

-Si los audios son falsos, ¿por qué se insiste en censurar su difusión? ¿Por qué no se permite su reproducción para que la ciudadanía saque sus conclusiones?

-Si la trama es una farsa, ¿por qué los hermanos Kovalivker le piden a la justicia que cierre la causa sin investigar nada de lo que allí se sustancia? Más aún: ¿Por qué intentaron huir de la Justicia y vaciaron su caja de seguridad?

A esta altura, puede concluirse una sola cuestión: el Gobierno que vino a luchar contra la casta, se ha vuelto más casta que nunca. Y en lugar de mostrar transparencia, persigue a los que revelan la putrefacción. “El reino del revés”, como diría María Elena Walsh.

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