Encuesta: en Mendoza el miedo a emprender crece, pero la vocación productiva sigue intacta

Una reciente encuesta realizada por la consultora Demokratía, dirigida por Nicolás González Perejamo, expone con claridad una de las principales contradicciones que atraviesan hoy a la sociedad mendocina: existe una fuerte percepción de riesgo a la hora de emprender, pero al mismo tiempo se mantiene intacta la voluntad de invertir y generar nuevas fuentes de …

Una reciente encuesta realizada por la consultora Demokratía, dirigida por Nicolás González Perejamo, expone con claridad una de las principales contradicciones que atraviesan hoy a la sociedad mendocina: existe una fuerte percepción de riesgo a la hora de emprender, pero al mismo tiempo se mantiene intacta la voluntad de invertir y generar nuevas fuentes de ingresos.

El relevamiento (ver al pie) no solo ofrece una fotografía de la situación económica actual, sino que también permite observar el estado de ánimo de los ciudadanos frente al futuro. Los resultados muestran una combinación de preocupación, cautela y, al mismo tiempo, una notable inclinación hacia la producción y la generación de riqueza.

Ante la consulta sobre qué tan arriesgado consideran invertir ahorros personales o capital en la apertura de un nuevo negocio o emprendimiento, las respuestas fueron contundentes.

El 39,8% de los encuestados calificó la decisión como “extremadamente riesgosa”, mientras que un 31,38% la definió como “muy riesgosa”. Es decir, más de siete de cada diez mendocinos creen que iniciar un emprendimiento en el contexto actual implica enfrentar serias probabilidades de fracaso o pérdida de capital.

Por su parte, el 26,79% consideró que el riesgo es moderado y apenas un 2,03% opinó que emprender representa hoy una alternativa poco riesgosa.

Los datos reflejan una percepción ampliamente extendida que encuentra explicación en diversos factores económicos: la inflación acumulada de los últimos años, la caída del consumo, las dificultades para acceder al financiamiento, la presión impositiva y la incertidumbre sobre la evolución de la economía.

Sin embargo, el fenómeno trasciende lo estrictamente económico. Para muchos ciudadanos, emprender dejó de ser únicamente una oportunidad de crecimiento personal o profesional para convertirse en una decisión que pone en juego el patrimonio familiar, los ahorros e incluso la estabilidad emocional.

Un diagnóstico que atraviesa a hombres y mujeres

La percepción de riesgo aparece prácticamente sin diferencias entre géneros.

Entre los hombres, el 39,8% considera que emprender es extremadamente riesgoso y el 31,63% muy riesgoso. Entre las mujeres, los porcentajes son similares: 39,8% y 31,12%, respectivamente.

La coincidencia demuestra que la preocupación frente a la inversión productiva no responde a variables demográficas específicas, sino a una sensación generalizada que atraviesa a toda la sociedad.

Los jóvenes son los más pesimistas

La segmentación por edades arroja un dato llamativo: los sectores más jóvenes son quienes perciben mayores niveles de riesgo.

Entre las personas de 16 a 30 años, más de la mitad (51,72%) considera que emprender es extremadamente riesgoso.

A medida que aumenta la edad, esa percepción tiende a moderarse. Los mayores de 65 años, por ejemplo, muestran una visión menos dramática del escenario actual, aunque igualmente predominan las respuestas vinculadas al riesgo elevado.

La otra cara de la encuesta: la voluntad de invertir sigue viva

Pero el dato más interesante surge al analizar la segunda pregunta del estudio.

Cuando se consultó qué harían los mendocinos si dispusieran de un capital extra equivalente a seis meses de ingresos, casi el 50% respondió que destinaría ese dinero a una inversión productiva.

Si a ese porcentaje se suman quienes optarían por mecanismos de renta pasiva, aparece una conclusión contundente: la mayoría no piensa en consumir inmediatamente esos recursos, sino en generar nuevas fuentes de ingresos.

Esta respuesta revela que, pese a las dificultades económicas, persiste una fuerte cultura productiva y emprendedora.

En otras palabras, los mendocinos no desconfían de la inversión como concepto; desconfían de las condiciones actuales para llevarla adelante.

No falta iniciativa, falta margen de error

Los resultados permiten establecer una diferencia fundamental.

La encuesta no muestra una sociedad resignada ni desinteresada por producir. Lo que refleja es una comunidad que percibe que el costo de equivocarse se ha vuelto demasiado alto.

Muchos ciudadanos sienten que tienen ideas, proyectos y voluntad de trabajo, pero consideran que las condiciones económicas reducen al mínimo las posibilidades de afrontar un fracaso o una inversión que no genere los resultados esperados.

Esa percepción explica por qué conviven dos fenómenos aparentemente contradictorios: el temor a emprender y el deseo de invertir.

El desafío para las instituciones

En este escenario, instituciones empresariales como la Federación Económica de Mendoza (FEM) enfrentan un desafío clave: contribuir a reducir el riesgo percibido por quienes desean iniciar o ampliar una actividad económica.

Para ello, especialistas señalan la necesidad de fortalecer herramientas de acompañamiento, capacitación, acceso al financiamiento, redes de contacto, mentorías empresariales y mecanismos que aporten mayor previsibilidad a largo plazo.

La construcción de un ecosistema emprendedor más sólido podría transformarse en un factor determinante para convertir la intención de invertir en proyectos concretos.

Una señal de esperanza

Más allá de los indicadores de preocupación, la encuesta deja una conclusión alentadora.

Incluso en un contexto donde más del 70% de los consultados considera que emprender es una actividad muy o extremadamente riesgosa, la mayoría sigue pensando en producir, invertir y generar ingresos antes que refugiarse en el consumo inmediato.

Ese dato revela que Mendoza conserva una característica histórica: una cultura profundamente vinculada al trabajo, la iniciativa privada y la búsqueda constante de oportunidades productivas.

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