Julio Le Parc, la belleza echa luz

Yamil Le Parc, anunció la triste noticia del fallecimiento de unos de los más célebres argentinos conocido a nivel internaciona, Julio Le Parc. Yamil expreso este fin de semana: “Murió hace dos horas, de viejo. Hacía un mes que no podía comer. Habrá velorio, pero todavía no sabemos cuándo”. Julio Le Parc, fue pionero del …

Roberto Suarez

Yamil Le Parc, anunció la triste noticia del fallecimiento de unos de los más célebres argentinos conocido a nivel internaciona, Julio Le Parc.

Yamil expreso este fin de semana: “Murió hace dos horas, de viejo. Hacía un mes que no podía comer. Habrá velorio, pero todavía no sabemos cuándo”.

Julio Le Parc, fue pionero del arte óptico y cinético, uno de los artistas argentinos más reconocidos en el mundo falleció en París, donde se radicó en 1958; siempre optimista, proponía rebelarse contra el orden establecido

En sus visitas, muy esporádicas, a Mendoza, tuve ocasión de verlo y dialogar con él. Es muy valioso cotar hoy con la propia descripción de su vida, reflejada en un reportaje que le realicé en el año 2.000:

“De donde uno viene uno es. Aquí está mi Mendoza, constituyó mi esencia y vivió en mí. Aquí está el cariño de mi madre, la condición obrera de mi padre, Juan Le Parc, aquí aprendí la palabra fraternidad que denominaba a la Asociación Ferroviaria; aquí, en Mendoza sin rencor y con alegría aprendí a estar de este lado del muro, del muro que separaba el barrio de mi niñez al club de los ingleses propietarios de los ferrocarriles; aquí, sin que me diera cuenta, la cordillera me llenó de imágenes cambiantes, al paso de las nubes y del sol; aquí una dulce maestra de Palmira aconsejó a mi madre que me orientara hacia el dibujo. Aquí tantas cosas, las uvas, las acequias, don Chicho el almacenero, mi hermana, mi hermano, las plazas floridas, los juguetes inventados, los chivitos en el horno de adobe, el ángulo recto del mapa de Mendoza, lo mucho, lo poco, problemas familiares, las risas compartidas. Aquí en esta Mendoza, para mí niño, centro del mundo, principio del mundo, el más allá estaba apoyado en la cordillera soñando el mar, y en el mi más allá Mendoza siempre estuvo”.

Julio nació en Palmira, el 23 de septiembre de 1928. Durante el año 1942 se mudó junto a su familia a la ciudad de Buenos Aires, en 1943 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón aunque la abandonó al año siguiente; en el ínterin pudo observar los murales que Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, Manuel Colmeiro Guimaraes, Lino Enea Spilimbergo y Demetrio Urruchúa realizaban para las Galerías Pacífico en pleno microcentro de la ciudad porteña, por el planteo de tales murales llegó a la intuición de la importancia del “espectador”.

Julio explica esas instancias:

“Buenos Aires era el sitio importante. Al borde del Río de la Plata nos encontrábamos todos: los marxistas, los marinos, los panaderos. En la Academia Nacional de Bellas Artes, uno de mis profesores fue Lucio Fontana, que predicaba la idea del espacialismo y nos obligaba a reflexionar. Al mismo tiempo se iban desarrollando las ideas sobre el arte concreto: formas simples y colores. No había necesidad de pasar por la figuración. Todas esas historias siguieron habitándome”.

Reanudó sus estudios de bellas artes recién en 1955. En esta segunda etapa formativa fue presidente del Centro de Estudiantes de Artes Plásticas y miembro del Consejo Directivo de la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1957 se inicia en la realización de una pintura abstractizante. En 1958 resulta becado por el gobierno francés y se instala en París. Los primeros tiempos en la Ciudad Luz fueron muy duros.

En 1960 fundó el GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel, Grupo de Investigación de Arte Visual) al mismo tiempo que se cuenta entre los integrantes del grupo llamado Nueva Tendencia. Empezamos a reflexionar sobre nuestra situación y el punto de partida era: o se trabaja para una élite, los críticos, los directores de galerías y de museos, los coleccionistas, o se trata de hacer algo que pueda establecer una relación con la gente en general, sin la necesidad de pasar por lo impuesto por el circuito. Un cuadro tiene la vigencia del momento en que se crea y luego se transforma en una obra de arte.

Una vez, visité el Museum of Modern Art en Nueva York, cuando tenían el Guernica. Vi a un grupo de gente, estudiantes, profesores, que pasaban delante del cuadro, adoraban la obra de arte en el museo, pero en la realidad era el cuadro que denunciaba el bombardeo de Guernica por parte de los nazis, en un museo del país que estaba haciendo en ese momento lo mismo en Vietnam. Ahí estaba la contradicción.

En 1966 realizó su primera exposición privada en la galería de arte Sage de Howard (Nueva York). Pocos meses después, en el mismo año, obtuvo el primer premio de la Bienal de Venecia; en 1967 expuso una de sus principales obras (Desplazamientos) en el Instituto Di Tella de la ciudad de Buenos Aires y participó exitosamente en la exposición Luz y Movimiento realizada por el Museo de Arte Moderno de París.

“En la Bienal de Venecia había, no sé, creo que cuarenta obras mías en un pequeño espacio, y en el tiempo que duró la Bienal no se vendió ni una sola. Desde el punto de vista económico no fue un gran premio. Además, no estaba dentro de mi naturaleza especular sobre ese premio para ganar importancia y conseguir beneficios económicos. Algunas cosas se fueron vendiendo después, sí, lo que yo he vendido me ha servido para seguir trabajando, para ayudar con la vida de mi familia, para ser un poco libre para hacer mis cosas. Allí están las contradicciones que puede tener un artista que quiere cambiar las cosas y que ve que las cosas no cambian y que tiene que seguir y tiene que ayudar a su familia. Y al mismo tiempo están las aspiraciones, lo que uno quiere hacer y las cosas que son totalmente imposibles. Entonces uno trata de hacer lo que es más propio dentro de lo que está permitido y a veces algunas cosas que no están permitidas”.

En mayo de 1968 participó de los llamados “ateliers (talleres) de las personas” hasta que fue expulsado de Francia, medida que duró cinco meses, obteniendo el permiso de volver a París merced a las protestas de otros artistas e intelectuales.

“El gobierno francés me obligó a irme de Francia en 1968. Empezaron a perseguir a los extranjeros, los expulsaban. Había dos Francias, la Francia que uno quiere, que se rebelaba contra el orden establecido tratando de eliminar todo lo arbitrario, las injusticias sociales, proponiendo un cambio. Y la Francia que gobernaba, que tenía el poder y trataba de apagar eso de cualquier manera”.

La distancia no calmó sin embargo sus ardores. De regreso en Francia, fue uno de los artistas que se negaron a participar en la exposición 72/72 del Grand Palais, en 1972, por considerarla una manifestación demasiado comprometida con el gobierno. En los años siguientes, en el marco de las Brigadas de Artistas Antifascistas, participó en numerosas manifestaciones en contra de las dictaduras en América Latina. En la muestra del Palais de Tokio, la última sala propone un inmenso juego de puching-ball que invita a golpear contra figuras que representan la autoridad: un militar, un sacerdote, un padre, un jefe y un juez. Un juego de dardos permite la elección del “enemigo”: desde el imperialista hasta el intelectual “neutro”, pasando por el capitalista o el militar.

La primera retrospectiva de sus obras ocurrió en Düsseldorf (Alemania Federal) a mediados del año 1972; en 1978 la BBC de filial londinense produjo un film documental sobre su vida y su obra. En 1987 obtuvo el primer premio en la Bienal de Cuenca (Ecuador). La obra de Le Parc fue para su momento aún vanguardista, innovadora, audaz; en la misma se utilizan como elementos de la plástica principalmente aquellos que sorprenden o que sugestionan a la mirada –y a través de ella al sujeto todo–. Por otra parte Le Parc busca involucrar absolutamente al espectador dentro de la obra. Para todo ello recurre a iluminaciones artificiales, efectos especulares, reflejos y movimientos; por ejemplo con bandas mecánicas que se mueven por dispositivos mecánicos ocultos, el fluir de líquidos fosforescentes, el movimiento de hilos de nylon, sus esculturas en ciertos casos son genuinas instalaciones que envuelven a los espectadores. Es en los 1960 que Le Parc puede ser considerado tanto dentro del conjunto llamado Op-art como del arte cinético, e incluso del arte conceptual, aunque él intenta transcender tales movimientos y hace, principalmente, un arte experimental.

“En todo caso, nosotros no buscábamos como ahora el éxito a todo costa. Nuestro único interés era tener tiempo libre para crear. De nada sirve tener grandes ideas en la cabeza: si no se las puede concretar con las manos, quedarán para siempre en el terreno de la teoría”.

Sobre sus obras el gran maestro afirmaba:

“Mis obras son hechas. Duran y no duran. Además, yo las denomino especialmente investigaciones. De esta manera tienen menos pretensión de inmortalidad”. “En la mayor parte de mis investigaciones, las contingencias exteriores –luz, etc–, desempeñan un papel muy importante. Se puede, por lo tanto, decir que no existen sino cuando la relación entre los elementos y las contingencias exteriores se realiza. Y si el espectador puede ser considerado como una parte de esas contingencias exteriores, se puede decir que con materiales frágiles como con materiales sólidos, mis obras duran sólo el momento de una mirada”. Para seguir comentando:

Julio Le Parc, la belleza echa luz

“El desarrollo de mi trabajo no fue que un día yo dije: Voy a hacer cosas con el movimiento, y al otro día: Voy a hacer cosas con la luz, sino que el movimiento era la solución ideal para ciertos problemas que yo me iba planteando, y si veía que la luz podía darme una solución y al mismo tiempo permitirme seguir en mi búsqueda, me metía en ese tema. O en el color…, una cosa iba llevando a otra. No era una decisión. Yo nunca decidí jugar con luz, pero iba probando y probando y se me ocurrían cosas y las perfeccionaba. El movimiento me daba la posibilidad de explorar más cosas, en ese momento tampoco pretendíamos hacer arte cinético, eran búsquedas. En un momento me interesaba el movimiento, en otro, la parte óptica, y en otra etapa era la participación del espectador. Después, con las salidas que hicimos a la calle para buscar un nuevo espectador, siempre tratando de transformar dentro de nuestros límites, la relación de la gente con la creación contemporánea. Muchas cosas en los planteos nuestros estaban ligadas a la vida contemporánea. Nunca usamos tecnología. Y cuando aparecieron los nuevos medios nunca los usé, como la luz láser o grandes aparatos electrónicos”.

Julio Le Parc vivía y trabaja en Cachan, Francia. Continuaba allí desarrollando su obra y exponiendo en diferentes lugares del mundo. Formó parte de la intensa escena artística del París de los años sesenta y fue uno de los protagonistas artísticos del Mayo Francés.

El año pasado, presento, con autoría de Vali Guidalevich, un libro donde cuenta su vida para chicos. “Movimiento Sorpresa” es el primer volumen que describe la biografía del genial artista argentino para un público infantil. Desde su infancia en Mendoza al día que rechazó hacer una muestra en un museo de París.

Había año sufrido antes una gran pérdida, el mismo lo expresó:

“Adiós al amor de mi vida, mi mujer, mi musa, la madre de mis tres hijos y la gran artista que eres. Siempre presente en mi vida hasta el final, gracias por estar ahí en los mejores y más difíciles momentos de nuestras vidas. Tus tres hijos Juan, Gabriel, Yamil, tus cinco nietos Luna, Mateo, Salvador, Alma e Iman están contigo y te agradecemos infinitamente que siempre hayas estado a nuestro lado”.

Así despidió desde su cuenta de Instagram junto con varias fotos Julio Le Parc, a Martha, que murió en París a los 88 años rodeada de su familia. Pese a que estaban separados desde hace dos décadas vivían en pisos diferentes del mismo.

El deceso ocurre en un contexto de reconocimiento internacional sostenido: Le Parc tenía previsto inaugurar el 11 de junio una muestra en la Tate Modern, una de las instituciones más influyentes del circuito artístico global, y según su entorno mantenía expectativas de asistir pese a su estado de salud.

Hoy con gran dolor los argentinos despedimos a quien tanto brilló en mundo prestigiando al país.

Sun gran luz seguirá iluminando…

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