Cuando las exigencias sobre la masculinidad terminan presionando al cuerpo

Hace algunos días, el actor Gerardo Romano sorprendió al revelar en una entrevista que, en ocasiones, recurría al sildenafil —más conocido por su nombre comercial, Viagra— para mantener relaciones sexuales. Según relató, lo había utilizado durante años sin presentar efectos adversos. Sin embargo, una combinación de actividad física intensa y el consumo de la medicación …

Cuando las exigencias sobre la masculinidad terminan presionando al cuerpo
Belina Yuffrida

Hace algunos días, el actor Gerardo Romano sorprendió al revelar en una entrevista que, en ocasiones, recurría al sildenafil —más conocido por su nombre comercial, Viagra— para mantener relaciones sexuales. Según relató, lo había utilizado durante años sin presentar efectos adversos.

Sin embargo, una combinación de actividad física intensa y el consumo de la medicación terminó derivando en una descompensación que, según el parte médico, culminó en un paro cardíaco.

Su testimonio volvió a poner sobre la mesa un tema del que poco se habla: la presión que muchos hombres sienten para cumplir con determinados mandatos de masculinidad, especialmente en el terreno sexual.

Mientras que gran parte de las discusiones sociales se enfocan —con razón— en las exigencias que enfrentan las mujeres, existe otra presión más silenciosa que recae sobre los varones: la idea de que siempre deben estar dispuestos, rendir sexualmente y responder a ciertas expectativas de desempeño.

En ese contexto, medicamentos como el sildenafil o el tadalafilo comenzaron a ocupar un lugar cada vez más frecuente, no sólo entre personas con disfunción eréctil diagnosticada, sino también entre hombres que buscan una especie de “seguro” para evitar fallar en un encuentro íntimo.

Actualmente, especialistas advierten que el consumo de estos fármacos ha aumentado, incluso entre jóvenes que no presentan problemas orgánicos de erección. Muchos los consideran una simple “ayudita”, aunque detrás de esa percepción pueden esconderse riesgos para la salud y consecuencias psicológicas poco conocidas.

 

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No son una solución mágica para la masculinidad 

El médico urólogo Mauro Carrillo (MP 14092) explicó que tanto el sildenafil (Viagra) como el tadalafilo (Cialis) mejoran la erección porque aumentan el flujo sanguíneo hacia el pene. Sin embargo, aclaró que su efecto no es automático.

“Estos medicamentos necesitan sí o sí excitación sexual para funcionar. Una persona que toma una pastilla y se queda sentada no va a tener ninguna respuesta. Tampoco funcionarán si existe un nivel elevado de ansiedad o falta de estímulo sexual”, señaló.

Carrillo recordó que estos fármacos fueron descubiertos de manera accidental durante investigaciones para tratar la hipertensión pulmonar y revolucionaron el tratamiento de la disfunción eréctil. Hoy son considerados medicamentos seguros cuando son indicados por profesionales y utilizados correctamente.

El riesgo de la automedicació

Uno de los principales problemas es el consumo sin supervisión médica.

Según el especialista, muchos jóvenes de entre 20 y 30 años recurren al sildenafil por inseguridad, nervios o ansiedad frente a un encuentro sexual, cuando en realidad no presentan ningún problema vascular.

Cuando las exigencias sobre la masculinidad terminan presionando al cuerpo
El Viagra no es un afrodisíaco


“Muchas veces comienzan a tomarlo por curiosidad, por diversión o porque alguien se los recomendó. Con el tiempo pueden llegar a sentir que no son capaces de tener relaciones sin la medicación, generando una dependencia psicológica”, explicó.

Aunque no se trata de una adicción en términos farmacológicos, algunos pacientes desarrollan una fuerte confianza en la pastilla y terminan creyendo que no podrán responder sexualmente sin ella.

Contraindicaciones y efectos adversos

Si bien son medicamentos seguros, no están exentos de riesgos.

Carrillo advirtió que personas que hayan sufrido recientemente un infarto, un accidente cerebrovascular o que consuman medicamentos a base de nitratos para enfermedades cardíacas no deberían utilizar sildenafil o tadalafilo.

Además, desaconsejó absolutamente combinarlos con sustancias como cocaína o poppers, ya que la mezcla puede aumentar significativamente el riesgo de complicaciones cardiovasculares.

Entre los efectos secundarios más frecuentes se encuentran:

• Dolor de cabeza.
• Enrojecimiento facial.
• Congestión nasal.
• Acidez estomacal.
• Descensos de la presión arterial.

En algunos casos, estas reacciones pueden resultar lo suficientemente molestas como para obligar a suspender el tratamiento.

Cuando el problema es otro

Para el especialista, la disfunción eréctil no siempre es el problema principal, sino una señal de alarma.

Los mismos factores que aumentan el riesgo de sufrir un infarto —como el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado y el sedentarismo— también están relacionados con las dificultades para lograr o mantener una erección.

“Muchas veces el pene avisa antes que el corazón. Una disfunción eréctil puede ser el primer síntoma de una enfermedad vascular que todavía no fue diagnosticada”, afirmó.

Por eso insiste en que la consulta médica no debe limitarse a la prescripción de una pastilla, sino que debe incluir una evaluación integral del paciente y, especialmente en hombres mayores de 50 años, un control cardiovascular.

La presión de rendir


Detrás del aumento en el consumo de estos medicamentos aparece una cuestión cultural que pocas veces se pone en discusión.

La idea de que un hombre debe estar siempre listo para tener relaciones, responder sin dificultades y satisfacer determinadas expectativas puede generar ansiedad, inseguridad y una dependencia creciente de recursos externos para sostener esa imagen.

En una sociedad que todavía asocia la masculinidad con el rendimiento sexual, muchos varones terminan recurriendo a medicamentos que no necesitan para cumplir con un mandato que rara vez se cuestiona.

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