Juan Carlos Jaliff: “Me hice radical cuando vi que echaban a Illia y volvió a su casa en taxi”
Hace cuatro años, la Legislatura Provincial en pleno y buena parte del arco político mendocino despedían entre aplausos, abrazos y apretones de mano a Juan Carlos Jaliff, quien coronaba así 40 años de trayectoria: fue el vicegobernador de Julio Cobos, desempeñó distintas funciones legislativas y desarrolló abundante militancia radical desde el regreso de la democracia. …
Hace cuatro años, la Legislatura Provincial en pleno y buena parte del arco político mendocino despedían entre aplausos, abrazos y apretones de mano a Juan Carlos Jaliff, quien coronaba así 40 años de trayectoria: fue el vicegobernador de Julio Cobos, desempeñó distintas funciones legislativas y desarrolló abundante militancia radical desde el regreso de la democracia. El plan era seguir como asesor y consejero. Por esa razón, ese emotivo homenaje tenía un inconfundible aroma a despedida de las trincheras.
Pero no fue así. Todas las predicciones para este abogado nacido en San Martín se rompieron cuando días pasados escuchó el ringtone de su celular y del otro lado de la línea hablaba Alfredo Cornejo. El Gobernador lo convocaba a ocupar el cargo de Subsecretario de Justicia de la Provincia, en reemplazo de Marcelo D’Agostino, quien renunció en medio de una denuncia de violencia de género en su entorno familiar.
— ¿Se imaginaba la designación, la vuelta al ruedo?
— No, la verdad es que me sorprendió. Alfredo me llamó un jueves por la noche y me adelantó que necesitaba a una persona con mis características y con mi trayectoria en política. Me pidió que lo pensara. Nos reunimos al otro día en la residencia oficial y decidí aceptar. Siempre he sido un servidor público dispuesto a colaborar y, si el Gobernador me proponía un cargo de estas características, consideré que debía acompañarlo.
— ¿Qué consignas le dio Cornejo para ejercer su nueva función?
— Fue claro y concreto. Me dijo: “Lo único que quiero es que hagas lo que sabés hacer”. Siempre he trabajado buscando el diálogo y el consenso. Esa fue la única instrucción que recibí: mantener una política de acuerdos.
— La Suprema Corte de Justicia acaba de designar al presidente del Consejo de la Magistratura, que estaba pendiente. ¿Es un gesto de bienvenida a su gestión?
— Es una decisión exclusiva de la Corte, pero me produce satisfacción porque era un tema que debían solucionar. Lo han resuelto con personas por las que tengo un gran respeto personal y profesional, como Julio Gómez y su suplente, Norma Llatser. Me parece una excelente designación.
— Aun cuando Gómez viene de otro signo político…
— Eso ya es historia. Los antecedentes están, pero no tienen nada que ver. Lo que importa aquí es la trayectoria y la idoneidad, y Julio Gómez la tiene de sobra para estar en el Consejo de la Magistratura.
— En las últimas semanas se cuestionó la dependencia y control del Gobierno sobre el Poder Judicial. Le dieron una “papa caliente”.
— No, porque muchos de los que opinan así olvidan cómo rige el sistema en Mendoza. Desde 1987, cuando José Octavio Bordón creó el Consejo de la Magistratura por decreto y luego se incorporó a la Constitución, los gobernadores se autolimitaron. Hoy, el Ejecutivo solo puede elegir a uno de los tres integrantes de una terna enviada por el Consejo, tras exámenes ante académicos y entrevistas rigurosas. Además, las designaciones son de por vida: ningún magistrado puede sentirse presionado si tiene estabilidad absoluta en su cargo. Creo que la justicia mendocina es independiente y eficaz.
— A la gente, y hasta al propio Gobernador, les gustaría más eficiencia y celeridad de la Justicia.
— En los últimos diez años hemos trabajado desde el Senado para modificar leyes y hacerlas más rápidas. Se ha logrado bajar la litigiosidad en Mendoza entre un 30 y un 35 por ciento. La creación de las oficinas de Conciliación, primero la laboral y luego la civil, ha hecho que menos causas lleguen al conflicto judicial. Actualmente, nueve de cada diez conflictos se resuelven en un año. Mendoza siempre ha sido pionera. Tuvimos Consejo de la Magistratura ocho años antes de que se incorporara a la Constitución Nacional.
— Tendrá que construir un “contradiscurso” en su gestión. En la calle se escucha mucho que Cornejo también “maneja la Justicia de Mendoza”
— Lo único que puedo decir es que eso no es cierto y que, técnicamente, no es factible. El Gobernador no pone a quien quiere, sino a uno de los que figuran en la terna. Todos los mandatarios desde 1987 han respetado este mecanismo. Tienen derecho a opinar, por supuesto, pero la realidad es otra.
— La polémica no surgió de la nada. Se instaló luego de que el presidente de la Corte, Dalmiro Garay, cuestionara la labor del periodismo. Hasta FOPEA, una entidad nacional de periodistas profesionales, le respondió.
— No voy a analizar las palabras del presidente de la Corte. Entiendo que él quiso decir que la Justicia necesita legitimidad para actuar. Se refirió a eso en ese marco específico.
— ¿Cuáles serán entonces sus prioridades como subsecretario de Justicia?
— Hay que profundizar las reformas estructurales de los códigos de procedimiento en los fueros Laboral, Civil y Penal. La ministra me comentó que ya está analizando nuevos proyectos para enviar a la Legislatura. Una de mis mayores preocupaciones es la gran litigiosidad en el fuero de Familia.
Jaliff, la familia, la sociedad y la Justicia
— Los conflictos de familia son de la sociedad. La Justicia debe ofrecer soluciones.
— Claro, no es solo un problema de la justicia de Familia, es un problema de la sociedad que debemos atender entre todos los poderes y las organizaciones civiles. Ha aumentado la conflictividad que llega a los tribunales y debemos trabajar con el Ejecutivo y los municipios. Mi primera reunión específica será con la doctora María Teresa Day, encargada del fuero de familia en la Corte. También queremos avanzar con las oficinas de Conciliación Civil. Hoy tenemos una tasa de resolución del 36 por ciento y creo que podemos aumentarla para evitar que los juzgados se saturen.
— Por supuesto. Con las leyes solas no alcanza. Hay que trabajar con quienes la aplican.
— Sí, sí… Cuando se modifican leyes, hay que monitorear su funcionamiento. Hace poco se trató en la Legislatura una modificación sobre el tema de la flagrancia porque la práctica exigía un ajuste. Ese monitoreo es la gran tarea que tenemos por delante. La ministra (de Seguridad y Justicia de la Provincia) Mercedes Rus sabe mucho. Además de su gestión en Seguridad, tiene una formación jurídica impecable.
— Tampoco todo es la ley con respecto a los adolescentes que delinquen. El Poder Ejecutivo debe hacerse cargo de la prevención, ¿verdad?
— Sí, allí hay que actuar y prevenir. Es parte de lo que hablaba sobre involucrarnos todos para disminuir la criminalidad familiar. El hecho de que esto ocurra con frecuencia enciende una luz de alerta que debemos atender de inmediato. Tenemos que estar atentos y alerta. Aunque en Mendoza no han ocurrido hechos de esas características, hay que mantener la vigilancia.
— Se habla de una reforma integral del Código Penal de la Nación. ¿Cuáles serían los cambios más importantes?
— Hay que definir cuál es la intención real: si es modificar todo el Código o solo hacer reformas parciales. Ya se planteó la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años. Tenemos que trabajar específicamente en la aplicación de esa medida. No soy un especialista en derecho penal, lo aclaro, pero es un tema que discutiremos y charlaremos con los que saben.
— ¿Cree que la llegada de un dirigente como usted tranquiliza a los “radicales puros”, los que desconfían de acercarse tanto a La Libertad Avanza?
— El radicalismo ha liderado todas las alianzas realizadas desde 2015. Eso hay que tenerlo en cuenta. Creo que la mayoría del partido está de acuerdo con esa impronta de liderar frentes y debemos seguir ese rumbo. Respecto a las elecciones del año que viene, en Argentina falta tanto y pueden pasar tantas cosas que no me animaría a analizar el futuro hoy. Pero el radicalismo ha llegado al Gobierno precisamente por esa vocación de alianzas. La única vez que fuimos con la “Lista 3” pura en los últimos años fue en la fórmula que integré con Julio Cobos. Después, con (Roberto) Iglesias, (Alfredo) Cornejo y (Rodolfo Suarez), siempre fue mediante coaliciones.
— ¿Es de quienes sostienen que el radicalismo de Mendoza es el más importante del país?
— Es que hace quince años que no pierde una elección. Debemos valorar y tener en cuenta esa trayectoria al analizar al partido. Desde 1983 hasta hoy han pasado 43 años y el radicalismo siempre ha estado en el centro de la escena. Incluso en las derrotas ha sido competitivo. De once periodos de gobierno, seis han sido liderados por gobernadores de origen radical. No es la situación de otras provincias donde el partido prácticamente ha desaparecido. Aquí conservamos mucha fuerza en los municipios.
— Usted atravesó todo el periodo del retorno democrático. ¿Qué dirían los viejos dirigentes, como Alfonsín o Balbín, sobre este presente tan complejo?
— Ellos nos dejaron luces para iluminar el presente. Creo que verían con mucha satisfacción que llevamos más de cuatro décadas de democracia ininterrumpida. Por supuesto que la democracia tiene deudas, como no haber logrado una Argentina más pujante o el grave problema de la pobreza. Pero hoy vivimos en un país libre. El otro día me entrevistaban por el aniversario del golpe de 1976. En aquel entonces yo tenía 25 años y ya había vivido la mitad de mi vida bajo dictaduras.
— Creció con la generación de argentinos que “naturalizaron” los golpes de Estado.
— Tengo conciencia del golpe contra Arturo Illia cuando yo tenía 15 años. Me hice radical cuando vi cómo echaban a ese hombre y se iba a su casa en un taxi. Por eso les digo a los jóvenes que hay que creer en la democracia, más allá de sus defectos o de que no pueda satisfacer todos los reclamos. No hay otro camino.
— Mencionaba la solidez del radicalismo provincial, pero el panorama nacional es muy diferente.
— El radicalismo debe reconstruirse a partir de las provincias y los municipios que gobernamos. Existe una situación muy particular: el “porteñocentrismo” de la política argentina. Todo se mira con la visión de Buenos Aires y por eso dicen que el radicalismo nacional no existe. Se olvidan de las cinco provincias que gobernamos y de los centenares de intendencias. A partir de los gobernadores debemos recuperar esa presencia nacional.
— Sin embargo, nadie se imagina un candidato o una fórmula presidencial radical para 2027.
— Hoy no lo imagino, pero cualquiera de nuestros gobernadores tiene la capacidad. Tenemos dirigentes para mostrar. Sin embargo, en Argentina persiste una dinámica donde se vota a favor o en contra del peronismo, y eso deja un margen muy estrecho para que terceras fuerzas aparezcan con posibilidades reales. Hay que trabajar desde las provincias para romper eso.
— La democracia es convivencia con el que piensa diferente. ¿Se perdió todo eso?
— Sí, porque han cambiado las formas de hacer política. Las redes sociales son determinantes hoy. Me parece bien que cada uno exprese su opinión, pero lo que no me gusta es el anonimato. Expresarse sin poner la cara no me parece democrático. Además, una persona de menos de 50 años no tiene conciencia de lo que fue la dictadura y eso cambia la perspectiva.
— También hay desencanto, que se expresa con la baja participación de los ciudadanos en las ultimas convocatorias electorales.
— Se hace mucho hincapié en los que no van, pero yo prefiero resaltar a los que sí van porque creen en el sistema. A los que no asisten, el mensaje debe ser que la votación es su herramienta de expresión. No les digo por quién votar, pero que vayan y, si quieren, voten en blanco. Que expresen su repudio o cuestionamiento a través de las urnas, porque esa es la base de nuestra convivencia.
— Prefiere quedarse con el vaso medio lleno y no con el medio vacío.
— Es que no podemos hacer hincapié en quienes no van a votar, ni valorarlos en detrimento de los que sí cumplen con su deber. A pesar de los problemas y de las crisis, la experiencia me permite decir que hay que creer en la democracia, no hay nada mejor. Las opiniones deben expresarse democráticamente y debemos valorar a quienes respetan el sistema asistiendo a las urnas.
Jaliff, las redes sociales y el “cara a cara”
— Mencionó a las redes sociales, pero estimo que, tras tantos años, sigue valorando la militancia territorial, el cara a cara.
— Siempre lo hice, fuera o no candidato. He vuelto a la función pública por un tiempo —un año y poco más—, pero siempre he trabajado en política sin olvidar a la gente. El contacto directo es la única y mejor manera de que un dirigente escuche y vea cuáles son los problemas reales. Pero escuchando de verdad.
— La Argentina está compleja y el mundo ni hablar. ¿Alguna vez viviremos en una mediana estabilidad?
— Es una pregunta compleja, pero cuya respuesta llega hasta el almacén de la esquina. Con algunos de los dirigentes que hoy dominan las potencias mundiales, la estabilidad será muy difícil de lograr. Todos los países, y especialmente los más poderosos, deberían comprender que la estabilidad es el mejor camino. La guerra no solo afecta a los involucrados con la pérdida de vidas, sino que golpea la economía mundial. Se siente en todos lados.
— Pero, lamentablemente, la guerra siempre ha sido también un negocio.
— Como quiera. Pero si quiere conseguir lo mejor para la gente solo existe una vía: el diálogo. Sin diálogo no hay soluciones. Es el puente para obtener el consenso, o al menos hay que intentarlo. No hay otra alternativa. He trabajado años en la Legislatura y la gran mayoría de las leyes salen por consenso. Hay temas que naturalmente generan conflicto y debate, para eso están las Cámaras. Lo que sucede es que el disenso siempre es más llamativo para la opinión pública que el acuerdo, pero el trabajo de búsqueda de puntos comunes es constante.
— La Legislatura le hizo un homenaje de despedida y aquí está de vuelta. ¿Le han hecho bromas como la de Los Chalchaleros, que nunca terminaban de irse?
— El otro día me dijeron lo mismo (risas). La verdad es que, cuando me ofrecieron el cargo, pensé que me dirían eso. Yo no busqué este lugar. Estaba en una tarea más intelectual, colaborando con proyectos de ley desde la Legislatura. Pero el Gobernador me planteó que necesitaba una persona de mi perfil en este cargo y consideré que correspondía decir que sí.
— Un regreso que le va a dar mucho trabajo…
— Siempre he puesto la cara frente a los conflictos para buscar salidas. Como decía alguien por ahí: hay gente que busca soluciones a los problemas y otros que buscan problemas a las soluciones. Y para avanzar, necesitamos soluciones.


