González Gaviola, el nuevo candidato de Fernández Sagasti en la UNCuyo
La situación en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo sigue sumando capítulos inesperados. Luego del amplio consenso que lograron las dos principales agrupaciones estudiantiles alrededor del proyecto político de Marcelo Pieralisi, el oficialismo facultativo parece haber salido a buscar aliados en el lugar menos pensado. Esta vez, la jugada apunta al incipiente armado …
La situación en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo sigue sumando capítulos inesperados. Luego del amplio consenso que lograron las dos principales agrupaciones estudiantiles alrededor del proyecto político de Marcelo Pieralisi, el oficialismo facultativo parece haber salido a buscar aliados en el lugar menos pensado.
Esta vez, la jugada apunta al incipiente armado kirchnerista dentro de la facultad. Estamos hablando de la agrupación Manuel Belgrano, un espacio universitario ligado políticamente al sector de la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti y con vínculos con La Cámpora dentro del mapa universitario.
La maniobra tiene un dato central: Gabriel Fidel, candidato a rector del radicalismo oficialista y pieza del armado de Miguel González Gaviola, habría salido a buscar el apoyo de este sector para intentar compensar el crecimiento opositor de Pieralisi. En otras palabras, ante la pérdida de volumen propio dentro de su claustro más ajeno, el oficialismo de Ciencias Económicas empieza a tocar puertas que hasta hace poco parecían ideológicamente imposibles.
El movimiento resulta contraintuitivo incluso para los estándares de la política universitaria. La UNCuyo viene atravesada por internas cruzadas, acuerdos tácticos y realineamientos permanentes, pero que el espacio de González Gaviola termine pidiendo auxilio al kirchnerismo universitario muestra hasta qué punto el oficialismo quedó incómodo frente al armado opositor.
La paradoja es evidente. Mientras se intenta presentar a la alianza estudiantil entre Franja Morada y UPAU como una rareza política, el oficialismo radical de Ciencias Económicas estaría buscando apoyo en una agrupación vinculada al kirchnerismo duro mendocino. Si la unión entre liberales y radicales reformistas puede leerse dentro de cierta lógica provincial, el acercamiento entre el gaviolismo y el sector de Anabel Fernández Sagasti parece más hijo de la desesperación que de una coincidencia programática.
El peronismo universitario, además, tampoco llega ordenado a esta discusión. La interna provincial del PJ también se traslada al campo académico. Por un lado aparece un peronismo más clásico, vinculado a los intendentes mendocinos y referenciado en Adriana García. Por otro, el sector más cercano a La Cámpora, donde se ubican figuras como Javier Ozollo y Fernanda Bernabé, con apoyo de la agrupación Manuel Belgrano dentro de la universidad.
Lo curioso es que ese mismo espacio, que en la política provincial se ubica lejos del radicalismo cornejista, terminaría acompañando en Ciencias Económicas al candidato del oficialismo radical dentro de la unidad académica. Una pirueta difícil de explicar desde la convicción ideológica, pero bastante más entendible desde la lógica de reparto, supervivencia y cálculo electoral.
González Gaviola conoce bien ese terreno. Si algo ha demostrado durante estos años es una enorme capacidad para fichar aliados de distintos espacios, incluso de sectores que en público dicen estar enfrentados. Su gestión se sostuvo durante más de una década no tanto por entusiasmo colectivo, sino por acuerdos, favores cruzados y una administración cuidadosa del poder interno.
Pero esta vez la operación parece más riesgosa. El oficialismo llega a la elección con signos de agotamiento, con una oposición que logró ordenar al claustro estudiantil y con una Junta Electoral cuestionada por sus decisiones contra la lista de Pieralisi. En ese contexto, salir a buscar apoyo en el kirchnerismo universitario no transmite fortaleza. Transmite miedo.
Y también abre una pregunta incómoda: ¿qué puede prometer hoy González Gaviola para conseguir esos respaldos?
El problema de solvencia política empieza a ser evidente. Por un lado, el oficialismo parece estar ensayando una estrategia de retirada, intentando conservar poder a través del Consejo Directivo en caso de perder el decanato. Por otro lado, si logra retener la conducción, deberá cumplir con una larga lista de compromisos acumulados durante años. La gestión de González Gaviola ya tiene demasiados acreedores políticos. Cada nuevo aliado que sube al barco reclama su parte de la cubierta.
Ahí es donde la frazada puede empezar a quedar corta.
Porque una cosa es sumar apoyos cuando hay proyecto, volumen político y expectativa de futuro. Otra muy distinta es sumar aliados en medio de una crisis electoral, con denuncias de proscripción, impugnaciones cruzadas y una oposición que ya logró instalar la idea de fin de ciclo. En ese clima, cualquier acuerdo empieza a parecer menos una alianza y más un salvavidas.
La agrupación Manuel Belgrano deberá explicar también qué lugar ocupa en esta película. Si acompaña al oficialismo de González Gaviola, lo hará en una elección marcada por denuncias de arbitrariedad institucional y por la sospecha de que el aparato facultativo intenta bloquear la competencia opositora. Para un espacio que se reivindica popular, democrático y militante, quedar asociado a una maniobra de conservación del poder no parece el mejor debut en Ciencias Económicas.
El movimiento también deja expuesto a Gabriel Fidel. Su candidatura, que debería presentarse como una alternativa política con identidad propia, aparece cada vez más atrapada en la necesidad de sostener el aparato de González Gaviola. En lugar de construir una propuesta clara para la facultad, el oficialismo se muestra buscando votos donde sea, con quien sea y al costo que sea.
Mientras tanto, Marcelo Pieralisi sigue siendo el dato que altera todo el tablero. Su candidatura logró reunir a sectores estudiantiles que venían enfrentados y que, sin embargo, encontraron un punto común: terminar con el ciclo actual en Ciencias Económicas. Esa unidad fue la que obligó al oficialismo a salir de su zona de confort y mostrar movimientos que hasta hace semanas parecían impensados.
El gaviolismo intenta leer la elección como una suma aritmética de apoyos. Pero la política universitaria también tiene climas. Y el clima en Ciencias Económicas ya no parece favorable a la continuidad. Cada nueva jugada desesperada confirma lo que el oficialismo intenta negar: que el poder que antes administraba con comodidad ahora se le escapa entre los dedos.
La posible alianza con el kirchnerismo universitario no habla de amplitud política. Habla de urgencia. No parece el resultado de un proyecto común para la facultad, sino de una necesidad concreta: frenar a Pieralisi y evitar que el oficialismo pierda el último bastión que le queda al sector de Esther Sánchez dentro de su unidad académica de origen.
En Ciencias Económicas, la campaña ya dejó de discutirse solo en términos académicos. Ahora se discute quién está dispuesto a cruzar qué límites para conservar poder. Y en esa carrera, González Gaviola parece cada vez menos preocupado por la coherencia política y cada vez más ocupado en no tener que abrir los clasificados de empleo al día siguiente de la elección.


