Mendoza carece de transparencia… pero abunda en discrecionalidad política
Mendoza carece de transparencia. A pesar de lo que declaman los que ocupan sucesivamente el Poder Ejecutivo provincial, todo está guardado bajo siete llaves. Es un sistema perversamente organizado, al paso de las décadas, aceitado por cada nuevo gobernador, no importa si es peronista o radical. Al paso de los años, la opacidad se adueñó …
Mendoza carece de transparencia. A pesar de lo que declaman los que ocupan sucesivamente el Poder Ejecutivo provincial, todo está guardado bajo siete llaves. Es un sistema perversamente organizado, al paso de las décadas, aceitado por cada nuevo gobernador, no importa si es peronista o radical.
Al paso de los años, la opacidad se adueñó de todo. Un síntoma que colisiona de frente con el necesario republicanismo. Sin transparencia, no hay control. Y aquellos que escapan a los controles son los que necesitan esconder los actos de gobierno. El ocultamiento es sinónimo de corrupción y discrecionalidad. Siempre. Una cosa o la otra. O ambas.
Un buen ejemplo es el Senado mendocino, donde se ha contratado a amigos y entenados a rolete, tal cual viene revelando en exclusiva Diario Mendoza Today. Hoy son legión, y muchos de ellos cobran sin ir a trabajar. En buen romance, los célebres “ñoquis”.
Esta misma semana, sin ir más lejos, fue contratado un personaje llamado Joaquín Faliti, un abogado de pocas luces cuyo mayor mérito es el de chuparle las medias a Hebe Casado en redes sociales. También al alter ego de la vicegobernadora, Pablo Priore, siempre afecto a viajar sin dar explicaciones a nadie. No sólo no avisa al cuerpo legislativo, sino que tampoco sabe explicar de dónde saca la tarasca para tan onerosos dispendios.
Volviendo a los cuestionados nombramientos, todos y cada uno de ellos aparecen en las pertinentes Resoluciones de Secretaría Administrativa del Senado. El problema es que esa información no es pública y suele publicarse con oportuno retraso.
Toda vez que Mendoza Today “filtró” alguno de esos documentos, debió lidiar con la furia de los capitostes del Senado mendocino, siempre afectos -como se dijo- al eficaz ocultamiento. Lo ocurrido esta semana no fue la excepción. La furiosa cuenta de X de Priore no deja mentir.
¿Por qué el enojo, si todo está documentado? ¿Acaso no debía saberse que se contrataría al malogrado Faliti? Dicho sea de paso, ¿cuál será su función, siendo que cobrará la friolera de $3.400.000? Como se dijo, su caso no es la excepción sino la regla. Hay varias docenas de casos similares, acaso peores.
Entretanto, el ciudadano de pie sufre las inclemencias de la esquiva economía, sin poder llegar a fin de mes. Sin mencionar a quienes carecen de un empleo, que son cada vez más. ¿Qué puede sentir esa marea de gente frente a los visibles privilegios de la política? ¿Adónde quedó la empatía de los que deberían representarlos a nivel Ejecutivo y Legislativo?
A los políticos pareciera no interesarles aquel derrotero que sufren miles y miles. Sólo se muestran enfocados en sus propios intereses. Preocupados en no perder los beneficios que regala “la teta del Estado”.
Un caso emblemático es el del diputado provincial Jorge Alberto López, quien lleva años y años rosqueando en la política. Primero como concejal lavallino, luego como legislador, donde superará los 11 años en su cargo. Y allí no termina su trajín: Alfredo Cornejo le prometió que será el próximo titular del Ente de la Movilidad Provincial (EMOP). No hay remate.
Ese tipo de actitudes discrecionales son las que despiertan en la ciudadanía sospechas de putrefacción. ¿Y de corrupción? Dicho de otra manera: ¿Existen desaguisados que complican a funcionarios del cornejismo, aunque sea de segunda o tercera línea?
Reputados analistas políticos saben decir que la sociedad le presta atención a la putrefacción cuando la economía empieza a flaquear. Le sucedió a Carlos Menem en 1996, justo después de haber sido reelecto.
Los mismos que decidieron mirar a otro lado mientras cometía el mayor latrocinio de la historia argentina, empezaron a prestar atención a la corrupción circundante. Fue el principio del fin del menemismo. Comenzó hace justo 30 años.


