Crónicas Menducas: Abelardo Vázquez, el hombre que le dio identidad a la Vendimia

Cada marzo Mendoza vuelve a mirarse en el espejo de su fiesta más profunda: la Vendimia. Una celebración que nació como homenaje a la cosecha de la uva y al trabajo de los viñateros, pero que con el tiempo se transformó en el gran relato cultural de la provincia frente al país y el mundo. …

Roberto Suarez

Cada marzo Mendoza vuelve a mirarse en el espejo de su fiesta más profunda: la Vendimia. Una celebración que nació como homenaje a la cosecha de la uva y al trabajo de los viñateros, pero que con el tiempo se transformó en el gran relato cultural de la provincia frente al país y el mundo.

El 18 de abril de 1936, a las diez de la mañana, en el Parque General San Martín, comenzó el desfile de carros. Por la noche se eligió a la primera reina de la Vendimia en el estadio del Club Atlético Gimnasia y Esgrima. La celebración culminó al día siguiente con una Velada de Gala en el Teatro Independencia.

Había nacido una fiesta que, con el tiempo, crecería hasta convertirse en la celebración cultural más emblemática de Mendoza y en una de las postales más reconocibles de la Argentina.

Aquella primera fiesta fue impulsada por el gobernador Guillermo Cano, quien había asumido el 18 de febrero de 1935. Durante un viaje por Europa conoció una festividad italiana dedicada a la vid, en la que se elegía una reina y se entonaba una canción alusiva. Aquella experiencia lo inspiró a crear una celebración local.

Así, el 4 de marzo de 1936, mediante el Decreto N.º 87, la provincia instituyó oficialmente el Día de la Vendimia.

La Vendimia se vuelve mendocina

En mis primeros años de carrera tuve el privilegio, a los 18 años, de formarme junto a algunas de las grandes figuras de LV10 Radio de Cuyo. Uno de esos maestros fue el talentoso creativo y poeta Abelardo Vázquez, entonces director artístico de la emisora. De él recibí mucho más que enseñanzas profesionales: también su amistad, forjada en varias tertulias imborrables.

Abelardo está considerado el principal impulsor de la concepción moderna de la Fiesta Nacional de la Vendimia. El tradicional evento popular, que hoy acumula nueve décadas de historia, se convirtió con el tiempo en uno de los espectáculos culturales y turísticos más importantes de la Argentina.

Tal como quedó estructurada a partir de su intervención, la Vendimia pasó a ser un espectáculo singular que integró disciplinas artísticas, recursos técnicos y oficios artesanales en una puesta escénica de gran escala, capaz de expresar identidad, tradición y modernidad.

Hasta fines de la década de 1950, los libretos del acto central y los roles protagónicos solían quedar en manos de autores y artistas provenientes de Buenos Aires.

A partir de 1958, un grupo de intelectuales mendocinos comenzó a disputar ese espacio con la convicción de que la provincia contaba con creadores capaces de interpretar su propia identidad cultural. Entre ellos se destacaron Alberto Rodríguez (h), Antonio Di Benedetto y el propio Vázquez, quienes no solo aportaron nuevas miradas narrativas, sino que abrieron el juego a músicos, actores, bailarines, escritores, técnicos y profesionales locales.

De ese proceso surgió una Vendimia genuinamente mendocina, concebida y ejecutada desde la provincia, con la participación de sonidistas, iluminadores, vestuaristas, artesanos, ingenieros, arquitectos y constructores.

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El arquitecto de la Vendimia moderna

Abelardo Vázquez tuvo participación directa en trece ediciones del acto central. En ese recorrido no solo renovó los contenidos argumentales, sino que dejó una marca indeleble como director general.

Impulsó la construcción de escenarios monumentales en el antiguo autódromo del Parque General San Martín —donde hoy se levanta el Estadio Malvinas Argentinas— y más tarde en el Teatro Griego Frank Romero Day. Allí incorporó por primera vez los cerros circundantes como parte del espectáculo, bautizándolos con nombres de variedades de vino.

Año tras año adoptó las innovaciones técnicas disponibles para optimizar sonido y luces. Creó pisos acrílicos iluminados desde abajo, desarrolló cajas lumínicas integradas a la escenografía, incorporó fuentes de agua con chorros impulsados por bombas y utilizó la pirotecnia como recurso escénico.

Ese espíritu innovador también se extendió a los espectáculos y actividades que, durante los meses previos, conforman el amplio calendario vendimial, muchas de cuyas ideas continúan vigentes.

Fue además gestor de renovadas Bendiciones de los Frutos y pionero en el uso de espacios alternativos. En el lago del Parque San Martín organizó fiestas venecianas con reinas navegando en góndolas iluminadas y espectáculos sobre escenarios flotantes.

Sus aportes también se multiplicaron en la Vía Blanca de las Reinas y el Carrusel, desfiles callejeros que recorren varios kilómetros y convocan multitudes con carros alegóricos, música, danza y una celebración popular que se renueva cada año.

Entre 1958 y 1980 dejó su huella en actos centrales emblemáticos como “Todo lo que el vino trae”“La vid, la vida y el vino”“Vendimia del IV Centenario”“La viña junto a la vida”“Vendimia de América”“Vendimia Fantástica” y “Vendimia Infinita”, entre otros, ya fuera como libretista, adaptador o director general, siempre con una mirada integradora y audaz.

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Un legado que sigue vivo

El 20 de mayo de 1986, en un Mendoza de otoño dorado, Abelardo Vázquez falleció a los 67 años.

Pero su legado sigue vivo cada marzo, cuando miles de mendocinos vuelven a reunirse en el Teatro Griego Frank Romero Day para celebrar la Vendimia. Allí, entre luces, música, danza y vino, todavía late la idea de aquel creador que entendió algo esencial: la Vendimia no debía copiar modelos ajenos, debía contar la historia, la cultura y el alma de Mendoza.

Y en buena medida, esa identidad que hoy reconocemos como propia también lleva su firma.

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