Vendimia 2026: Luis Petri y Victoria Villarruel jugaron a las escondidas
La interna que sacude los cimientos del oficialismo nacional encontró entre las bodegas y viñedos mendocinos el escenario ideal para una “guerra de guerrillas” simbólica pero profunda. La pelea entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y el diputado nacional mendocino Luis Petri se metió imperceptible en la Fiesta Nacional de la Vendimia 2026. Fue -eso sí- …
La interna que sacude los cimientos del oficialismo nacional encontró entre las bodegas y viñedos mendocinos el escenario ideal para una “guerra de guerrillas” simbólica pero profunda. La pelea entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y el diputado nacional mendocino Luis Petri se metió imperceptible en la Fiesta Nacional de la Vendimia 2026. Fue -eso sí- de un modo solapado, casi coreográfico.
Durante todo el fin de semana, ambos dirigentes nacionales protagonizaron un desplante mutuo que marcó el pulso de una especie de “agenda paralela” vendimial. Puede decirse que ambos jugaron a las escondidas para garantizar que ningún fotógrafo los captara juntos en ninguno de los actos oficiales, transformando la celebración en un laberinto de desplantes y estrategias de evasión.
El gobernador Alfredo Cornejo fue el gran malabarista de esta función, intentando equilibrar la formas institucionales que exige recibir y tratar como corresponde a una Vicepresidenta de la Nación que, además, se encontraba en ejercicio de la Presidencia debido al viaje de Javier Milei a los Estados Unidos.
Primero la Vice, después Luis Petri
La titular del Senado Nacional aterrizó en Mendoza el viernes envuelta en un clima de frialdad política. Al descender en la Cuarta Brigada Aérea, el recibimiento fue estrictamente protocolar, sin figuras de peso en la pista. Cornejo se encontraba en la Casa de Gobierno sellando un acuerdo estratégico con el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, para fortalecer la presencia de ambas ciudades en la prestigiosa Guía Michelin.
Tampoco estuvo para el beso, abrazo y/o apretón de manos inicial la vicegobernadora mileísta Hebe Casado, quien tras su regreso de una gran feria minera en Canadá, centró sus energías en el Foro de Inversiones y Negocios del CEM. Este inicio marcó la pauta de lo que sería un fin de semana de agendas desincronizadas y gestos medidos al milímetro para evitar el roce directo entre las facciones en pugna.
Cornejo tuvo que jugar a tres puntas en un tablero de alta complejidad donde el margen de error era mínimo.
Primero, debía cumplir con la investidura de Villarruel, cuya figura representa la continuidad del mando nacional en ausencia de Milei.
Segundo, no podía permitirse tampoco un gesto que enojara al Presidente, de quien es aliado estratégico y a quien planea acompañar desde mañana en su gira estadounidense, apenas terminados los festejos.
Finalmente, el mandatario mendocino tampoco tenía que hacerle el juego alegremente ni fortalecer la figura de Petri, quien si bien lidera las encuestas de imagen, ya no es considerado un radical puro ni un alfil dócil para la sucesión provincial.
La jugada, dentro de todo, resultó prolija y “a lo mendocino”, permitiendo que los protagonistas compartieran los mismos eventos sin cruzarse jamás.
El Desayuno de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) fue el primer ring sin contacto. Los periodistas abordaron a la Vicepresidenta apenas ingresó al salón, consultándola directamente por su relación con el diputado nacional. “No voy a hablar de esa persona, si tiene una denuncia que la presente en la Justicia”, sentenció Villarruel secamente.
Casi en paralelo, Petri llegaba al Park Hyatt Mendoza con un discurso estudiado de evasión, afirmando que no era momento de hablar de candidaturas ni de conflictos personales, sino de “celebrar la cosecha”. Acosado por los cronistas expresó: “No la he visto (a Villarruel). Ya dije todo lo que tenía que decir. Es momento para hablar de Mendoza. En este momento en particular hay que hablar de la Vendimia”.
Mientras Villarruel se ubicaba en el escenario principal de Coviar, aunque sin hacer uso de la palabra, Petri optó por una estrategia de cercanía. Acompañado por su pareja, la periodista Cristina Pérez, el legislador se sentó inicialmente en la platea de autoridades, pero decidió retirarse de forma prematura.
No esperó siquiera el discurso de Fabián Ruggeri, el nuevo presidente de la Corporación, prefiriendo trasladarse al Carrusel de las Reinas para mostrarse con la gente. En términos de marketing político, Petri entendió que el contacto directo con el público en las calles le redituaba mucho más que el encierro del protocolo oficial con la sobra de la Vicepresidenta.
En el agasajo
El episodio final de este juego de sombras ocurrió en el Agasajo de Bodegas de Argentina, celebrado en el espacio Arizu, en Godoy Cruz. Villarruel llegó puntualmente y fue recibida cálidamente por el presidente de la entidad anfitriona, Walter Bressia, y el intendente local, Diego Costarelli.
Durante los discursos, se la vio compartir bromas pasajeras con Cornejo, aunque sus gestos denotaban cierta tensión contenida tras una sonrisa que por momentos parecía forzada. Se retiró antes del discurso de Cornejo, para estar presente en otros eventos de la agenda vendimial. Quería pasar por el Encuentro Nacional de Productores Vitivinícolas, que se desarrollaba en el INTA de Luján de Cuyo, con la participación de los intendentes Esteban Allasino (Luján), Matías Stevanato (Maipú) y Ulpiano Suárez (Ciudad de Mendoza).
El Gobernador la disculpó cordialmente y se depidieron. Diez minutos después, Petri -que vestía jeans y saco marrón claro- hizo su entrada sigilosa del brazo de Cristina. A esa altura, el ambiente se había relajado. Cornejo, Bressia, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y otros aliados del oficialismo pudieron brindar (y hablar) sin presiones…


