Petri copa la agenda mendocina, duros silbidos contra Cornejo, y ¿quién controla el narcomenudeo?
Luis Petri es pragmático. Más que cualquier otro político. Sabe qué decir, cuándo y dónde. Y, lo que es más importante, sabe cuándo callar. Toda una virtud, que era costumbre antaño y se fue perdiendo al paso de las décadas. Aquel pragmatismo quedó de manifiesto en el emblemático desayuno de la Coviar, aquel evento repetido …
Luis Petri es pragmático. Más que cualquier otro político. Sabe qué decir, cuándo y dónde. Y, lo que es más importante, sabe cuándo callar. Toda una virtud, que era costumbre antaño y se fue perdiendo al paso de las décadas.
Aquel pragmatismo quedó de manifiesto en el emblemático desayuno de la Coviar, aquel evento repetido cada año que no sirve para nada más que para rosquear bajo la apariencia de que se proponen medidas revolucionarias para el mundo del vino.
Allí, el otrora ministro de Defensa decidió bajarle un cambio a la disputa que lleva adelante con la vicepresidenta, Victoria Villarruel. Una avanzada que arrancó en redes sociales y escaló a niveles insospechados.
“No la he visto. Ya dije todo lo que tenía que decir. Es momento para hablar de Mendoza”, dijo el hoy diputado nacional cuando le preguntaron por la vice. Acto seguido, so pretexto de no hablar sobre candidaturas políticas, mandó un fuerte mensaje: “Hay que hablar de la inseguridad, el trabajo, la baja de imputabilidad… hay que resolver los problemas de la gente”.
El mensaje fue claro y tuvo un inevitable tinte político. Que denota algo obvio: Petri marca la agenda política, a nivel nacional y a nivel provincial. Mal que le pese a Alfredo Cornejo.
El gobernador mendocino debió tolerar incluso que Petri lo contradijera a la hora de hablar sobre el papel del Estado frente al reclamo de los productores. “El Estado lo que tiene que hacer es no hacerle la vida más difícil a los que quieren producir. Tiene que dar estabilidad en la macroeconomía que es lo que estamos haciendo”, sostuvo en plena Coviar.
No fue el único desaire: el pasado miércoles, en la célebre Fiesta de la Cosecha que se celebró en los viñedos del Aeropuerto Internacional El Plumerillo, Cornejo debió tolerar una fuerte silbatina cuando su figura apareció en las pantallas gigantes del lugar.
El tenso momento se viralizó en redes sociales y sólo fue atemperado por el show que brindó el grupo de rock Las Pelotas, el cual se presentó junto a la Orquesta Filarmónica de Mendoza, bajo la dirección de Popi Spatocco, en un espectáculo que fusionó el rock nacional con la música sinfónica.
La situación es tal, que muchos especularon que se había pospuesto la Fiesta de la Vendimia para que no se volvieran a repetir los silbidos ante los ojos de lo más granado de la política, local y nacional.
El festejo se dará finalmente este domingo, cuando Cornejo esté bien lejos de Mendoza. A su favor debe decirse que las previsiones meteorológicas que impulsaron a retrasarlo se dieron tal cual se había anticipado, dejando a la Ciudad de Mendoza anegada por complejo.
Es motivo de otra discusión, que no amerita dar ahora mismo, sobre lo poco preparada que está la provincia para catástrofes como la de anoche. En parte es responsabilidad de aquellos que tapan acequias con basura, pero también del gobierno por no adaptar la infraestructura a los tiempos que vivimos, donde las lluvias son cada vez más feroces y destructivas.
No es la única falencia del Estado provincial: el tópico del narcomenudeo es otra asignación pendiente. No sólo en lo que refiere al desmantelamiento de bunkers -muchos de los cuales son revelados cada tanto por Mendoza Today– sino también a la contención de los niños y adolescentes para que no caigan en la droga o terminen trabajando para los narcos.
Es una tarea compleja, donde pocos se atreven a meterse en el barro. Se trata de prevenir más que de reprimir. Evitar llegar al estado de situación que se vive en estas horas, donde el desquicio es imposible de controlar.
Porque, por más bunkers de drogas que se derriben, otros nuevos se construirán. Básicamente porque hay una demanda sostenida y creciente de estupefacientes, sobre la cual nadie está trabajando.
Se trata de una labor compleja, que amerita del trabajo conjunto de la política, la Justicia y las áreas de minoridad. Como hizo Colombia hace más de 30 años, con un éxito que aún sigue vigente. Sólo se necesitó voluntad política.
Eran los idus de principios de los 90, cuando los expertos entendieron que aquellos jóvenes que carecen de alternativas en la vida terminarán cayendo en el negocio narco.
Ello termina erosionando el tejido social e impacta de lleno, no sólo en la salud pública, sino también en el sistema educativo. Porque aquellos que terminan en la droga abandonan sus estudios. Y las generaciones posteriores se acostumbran a esa misma vida. Y así sucesivamente.
Es lo que explica que en Mendoza crezcan a la par el tráfico de narcóticos y el consumo de los mismos. Una estadística tristísima, que a nadie parece importarle. Salvo a la hora de hacer espectaculares operativos en los barrios del Oeste de Godoy Cruz. Siempre selectivos, claro.


