Mendoza: crece la cantidad de gente en situación de calle y, en consecuencia, la adicción a las drogas

Las imágenes no dejan mentir: son postales que muestran una Mendoza atiborrada de personas en situación de calle. De Norte a Sur, de Este a Oeste. Es consecuencia de la falta de empleo y el decaimiento de la economía.  Y promete ser peor. A su vez, empieza a manifestarse un fenómeno concomitante: el incremento de …

Las imágenes no dejan mentir: son postales que muestran una Mendoza atiborrada de personas en situación de calle. De Norte a Sur, de Este a Oeste. Es consecuencia de la falta de empleo y el decaimiento de la economía.  Y promete ser peor.

A su vez, empieza a manifestarse un fenómeno concomitante: el incremento de consumo de drogas prohibidas, esas que matan de manera dosificada. Principalmente la cocaína.  No es casual: una cosa está vinculada a la otra, según lo han demostrado los expertos al paso de los años.

Es simple: la problemática de las personas en situación de calle y el aumento del consumo problemático de drogas no son fenómenos aislados. Por el contrario, se retroalimentan en un círculo complejo donde la vulnerabilidad social, la exclusión y la falta de políticas públicas efectivas terminan profundizando una crisis silenciosa que crece en las grandes ciudades y también en centros urbanos más pequeños.

En los últimos años, se ha observado un incremento sostenido de personas viviendo en la calle. Detrás de cada caso hay historias atravesadas por la pérdida de empleo, rupturas familiares, problemas de salud mental y, en muchos casos, el consumo de sustancias.

Sin embargo, es clave entender que la adicción no siempre es la causa inicial: muchas veces aparece como una consecuencia de la vida en la calle, donde el frío, el hambre y la violencia cotidiana empujan a buscar una vía de escape.

El consumo de drogas en este contexto cumple múltiples funciones. Por un lado, actúa como anestesia frente al sufrimiento físico y emocional. Por otro, se convierte en una forma de integración dentro de ciertos grupos, donde compartir sustancias genera lazos de pertenencia en medio del abandono generalizado. Este fenómeno, lejos de ser marginal, se ha vuelto cada vez más visible en plazas, veredas y espacios públicos mendocinos.

A su vez, la adicción profundiza el deterioro de las condiciones de vida. Las personas que consumen de manera problemática ven afectada su capacidad de acceder a trabajos formales, sostener vínculos y cumplir rutinas básicas. Esto dificulta cualquier intento de salida de la calle, consolidando un círculo de exclusión del que resulta muy difícil escapar sin asistencia externa.

Otro factor clave es la falta de dispositivos adecuados para abordar esta doble problemática. Allí, el rol del Estado es central, pero en Mendoza la contención no aparece por ningún lado.

De más está decir que la estigmatización y el rechazo social agravan la situación, dificultando la reinserción y reforzando la marginalidad. Abordar este problema requiere de políticas integrales que combinen asistencia inmediata, acceso a la vivienda, atención en salud mental y programas de reducción de daños. Así de simple.

Esta nota habla de: