El peronismo se debate entre el techo de Kicillof y la irrupción de Gebel hacia 2027

De cara a las elecciones del 2027, el peronismo a nivel nacional inició un proceso de transición silencioso, marcado por la urgencia de una reconfiguración siendo que el liderazgo recae casi por descarte en el gobernador bonaerense Axel Kicillof. El mandatario provincial es quien mejor mide a nivel nacional, sosteniendo una base de apoyo que …

Nicolás Sanz

De cara a las elecciones del 2027, el peronismo a nivel nacional inició un proceso de transición silencioso, marcado por la urgencia de una reconfiguración siendo que el liderazgo recae casi por descarte en el gobernador bonaerense Axel Kicillof.

El mandatario provincial es quien mejor mide a nivel nacional, sosteniendo una base de apoyo que ronda el 25% de las preferencias, siendo el dirigente peronista con mejor imagen positiva a la hora de construir su candidatura presidencial.

Sin embargo, ese mismo dato demuestra que la paradoja es terrible, ya que cuenta con un piso electoral alto con un techo demasiado bajo para su aspiración presidencialista.

En los principales centros urbanos del interior del país el rechazo hacia su figura supera (en casos ampliamente) el 70%. Se trata de distritos de los más poblados como Córdoba, Santa Fe y Mendoza.

Ello lo convierte en un candidato ideal para liderar una minoría bastante intensa pero con posibilidades prácticamente nulas a la hora de enfrentarse en un posible balotaje.

Ello obliga hoy al peronismo a analizar sus estrategias a futuro, teniendo en el horizonte dos escenarios que se encuentran encabezando la lista. El primero tiene que ver con encerrarse en la provincia de Buenos Aires, último bastión de resistencia, y el segundo, abrirse hacia sectores moderados.

Ambos escenarios exponen una fractura evidente entre el peronismo y el electorado, que inconscientemente vincula al movimiento político de forma directa con Cristina Kirchner y a ella con la corrupción.

Es en este vacío de representatividad y frente al desgaste de las estructuras tradicionales que comenzó a emerger la figura de Dante Gebel como un elemento disruptivo en el tablero político. 

Gebel no es un político de carrera, pero maneja una infraestructura de comunicación y una masividad que envidiaría cualquier intendente del conurbano y, por qué no, unos cuantos gobernadores. 

Su construcción busca replicar el fenómeno de los “outsiders” que vienen teniendo cierto éxito en la región, pero con una estética de éxito, un discurso centrado en la meritocracia ética y una red de contención social que ya existe a través de su influencia religiosa y mediática. 

Lo curioso de su armado es el lineamiento que muestra con sectores del peronismo no kirchnerista y el sindicalismo, quienes ven en él una tercera vía capaz de hablarle a un electorado que Milei supo conquistar pero que podría quedar electoralmente huérfano. 

En tal sentido, Gebel apuesta a una construcción transversal, presentándose como una alternativa que podría capturar el desencanto tanto del votante libertario arrepentido como del peronista que ya no se siente representado por las viejas figuras políticas

Esta doble vía de construcción, la de Kicillof intentando nacionalizar su gestión bonaerense y la de Gebel saltando del escenario al barro electoral, define el dilema de la oposición de cara a las elecciones generales del 2027. 

Mientras el gobernador lucha contra sus propios límites estadísticos y la interna con el kirchnerismo ortodoxo, Gebel se exhibe como el factor que podría dividir aún más el voto opositor o convertirse en la figura de una renovación que el peronismo tradicional no logra alcanzar. 

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