El análisis y las estrategias del larretismo que busca volver a gobernar CABA
De cara al 2027, todo indica que las elecciones para alcanzar la jefatura de Gobierno de CABA será una batalla con una amplia lista de candidatos, entre quienes podrían aparecer personajes del oficialismo nacional como Patricia Bullrich y Manuel Adorni o hasta ex aliados compitiendo por la gobernación porteña como Jorge Macri y Horacio Rodriguez …
De cara al 2027, todo indica que las elecciones para alcanzar la jefatura de Gobierno de CABA será una batalla con una amplia lista de candidatos, entre quienes podrían aparecer personajes del oficialismo nacional como Patricia Bullrich y Manuel Adorni o hasta ex aliados compitiendo por la gobernación porteña como Jorge Macri y Horacio Rodriguez Larreta.
En el caso de este último, el lunes pasado, en una entrevista brindada al periodista Carlos Pagni, ratificó lo que ya se venía notando y analizando en las redacciones periodísticas: que va a pelear por volver a ocupar el cargo que mantuvo entre 2015 y 2023.
Su confirmación no se trata de un hecho aislado y alejado de la lectura política en su conjunto, ya que exhibe en realidad la culminación de un proceso de diferenciación que se profundizó luego de las elecciones legislativas celebradas en mayo del 2025.
El ex jefe de Gobierno porteño fue tajante luego de romper con el PRO al señalar que el espacio fundado por el ex presidente Mauricio Macri “perdió su identidad” tras volverse un aliado indiscutido de La Libertad Avanza, por lo que se terminó refugiando en su propio espacio, el Movimiento al Desarrollo (MAD)
Esta postura, más allá de algunos rumores que corrieron en los pasillos de la política, lo aleja de cualquier posibilidad de unidad bajo el liderazgo del ex mandatario.
Es cierto que Mauricio Macri pidió “no pegarle” a Larreta, pero según pudo saber Diario Mendoza Today se trata de una estrategia que tiene como finalidad reordenar su propia tropa y no darle importancia a un ex aliado que busca capitalizar el descontento social hacia el líder amarillo para conseguir sus aspiraciones.
De hecho, la estrategia de Rodríguez Larreta se apoya en una crítica frontal a la gestión de Jorge Macri, a quien responsabiliza por un deterioro en los servicios básicos de la Ciudad, como la limpieza y la seguridad.
En tal contexto, lo que busca el hoy legislador porteño es mostrarse como el garante de una gestión eficiente durante sus ocho años como jefe de Gobierno en contraste con la actual gestión del PRO.
Pero hay algo que analizan dentro de las filas del larretismo y es el desafío que enfrenta la carrera de cara al 2027 teniendo en cuenta que la lista de Rodriguez Larreta obtuvo el 8% de los votos en 2025, algunos de ellos probablemente de votantes que desconocían por entonces su reciente ruptura con el PRO.
Si bien este porcentaje le permitió asegurar bancas en la Legislatura y fue festejado por su entorno como un piso de resistencia, lo ubicó en un cuarto lugar, lejos de la pelea principal entre La Libertad Avanza (30,1%), el peronismo (29,4%) y el propio PRO, que quedó tercero con un magro 16%.
Básicamente, la viabilidad de ganar la Ciudad de Buenos Aires por fuera de la estructura del PRO dependerá de su capacidad para transformar ese 8% en una opción de gobierno competitiva.
Otro de los puntos que tiene en cuenta el futuro candidato es que el escenario de 2025 demostró que el electorado porteño se encuentra fragmentado y que el sello del PRO ya no garantiza la hegemonía en el distrito.
Para Rodríguez Larreta, el desafío será atraer tanto a los desencantados con la actual gestión como a los sectores moderados que rechazan el estilo de la política nacional.
No obstante, competir sin el aparato tradicional y en un contexto de polarización extrema entre libertarios y kirchneristas lo obliga a una construcción de alianzas transversales si aspira a romper el techo que las últimas urnas le marcaron.
La apuesta es arriesgada, ya que deberá mantenerse en su centro político mientras el resto del tablero se desplaza hacia los extremos, confiando en que el recuerdo de su gestión supere, con el tiempo, la potencia del resto de las identidades partidarias.


