Las pymes se cansaron y desde Mendoza se lanzaron al ruedo político-electoral

Mendoza se convirtió en la plataforma de lanzamiento político de los dirigentes del Movimiento Nacional Pyme (Monapy), quienes decidieron cruzar la frontera gremial empresaria para ingresar de lleno en la arena electoral. La decisión y el impulso se cristalizó tras un encuentro en San Rafael, donde referentes de todo el país coincidieron en un diagnóstico …

Raúl Pedone
Secretario General de Redacción Mendoza Today
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Mendoza se convirtió en la plataforma de lanzamiento político de los dirigentes del Movimiento Nacional Pyme (Monapy), quienes decidieron cruzar la frontera gremial empresaria para ingresar de lleno en la arena electoral. La decisión y el impulso se cristalizó tras un encuentro en San Rafael, donde referentes de todo el país coincidieron en un diagnóstico alarmante: “la supervivencia de las pymes argentinas está en jaque”.

Días atrás, y bajo la consigna de que “la salida es por el lado de la gente”, los industriales se juntaron para compartir su visión: ya no basta con elevar petitorios a los gobiernos de turno. La asfixia económica, marcada por una inflación persistente y una caída en el consumo, ha empujado a este sector a buscar representación directa en las listas legislativas.

Aunque todavía no se sabe el cómo, tampoco será la primera vez. El desafío, con explícito propósito electoral, busca romper con años de políticas que -según los referentes del sector- “han ignorado la realidad de quienes generan el 70% del empleo privado en Argentina”.

Como era de esperar, uno de los puntos más críticos discutidos en San Rafael y después en todo el país fue el “impacto devastador” de las importaciones desreguladas. Los industriales de las pymes vienen manifestando su “profunda preocupación” por la entrada masiva de productos extranjeros, señalando particularmente a China como el principal competidor desleal.

Los empresarios han advertido que la apertura comercial, sin las reformas y los alivios fiscales necesarios, funciona como una “sentencia de muerte” para las fábricas locales. La diferencia en los costos de producción y los subsidios estatales que reciben los productos asiáticos hacen que la competencia “sea imposible de sostener para el productor argentino”.

“No pedimos proteccionismo ciego, pedimos una cancha nivelada”, expresaron fuentes de Monapy, entidad presidida por Alejandro Bestani. Y agregaron: “La entrada de productos terminados de bajo costo no solo destruye la industria nacional, sino que desarticula las cadenas de valor regionales, dejando a miles de familias sin sustento”.

Pymes en busca de representación

Para entender el peso de este movimiento, se puede mirar qué representa Monapy. Según su sitio institucional, este espacio nace como “una respuesta federal a la crisis, agrupando a miles de pequeños y medianos empresarios, comerciantes y emprendedores de todas las provincias”.

Las pymes se cansaron y desde Mendoza se lanzaron al ruedo político-electoral

Por lo tanto, Monapy no parece ser – por ahora- una cámara tradicional. Se define como un movimiento que lucha por una Ley Federal Pyme que contemple la diferenciación tributaria y financiera. En tal sentido, destacan que actualmente, las pymes enfrentan la misma carga impositiva que las grandes corporaciones, lo que genera una asimetría que impide el crecimiento y la inversión.

El movimiento sostiene que si se aliviana la mochila estatal sobre el sector, las pymes tienen la capacidad inmediata de generar millones de puestos de trabajo. Sin embargo, la falta de respuestas políticas hasta el momento ha llevado a los miembros a concluir que la única forma de implementar estas reformas es desde adentro del Congreso.

Pymes al “ruedo político”

El lanzamiento al ruedo político tampoco parece ser una decisión tomada a la ligera. Los industriales miembros de Monapy han pasado años intentando influir en la agenda pública. No obstante, la profundidad de la crisis actual ha agotado la paciencia de un sector que se siente “el motor olvidado de la economía”.

En la tradicional planta elaboradora de Inca (San Rafael), donde se elaboran conservas de productos regionales desde hace años, el consenso fue total: están convencidos de que el desembarco electoral es una necesidad de supervivencia. El objetivo es colocar hombres y mujeres que entiendan “la lógica del mostrador “y de la fábrica en los espacios de decisión. Aseguran que buscan llevar la voz del interior productivo a los centros de poder.

Este movimiento electoral de las pymes promete alterar más aun el tablero político tradicional. Al no estar alineados estrictamente con la polarización de la “grieta”, apuestan a un relato basado en el trabajo, la producción y el desarrollo genuino, alejándose de las especulaciones financieras.

Propuestas para la emergencia

La agenda que las pymes llevarán a las urnas incluye puntos que ellos consideran “no negociables”. En primer lugar, una reforma tributaria que simplifique el sistema y elimine impuestos distorsivos. En segundo lugar, una modernización más profunda de las relaciones laborales que elimine la “industria del juicio” sin quitar derechos básicos a los trabajadores.

Otro eje fundamental es el acceso al crédito. Mientras las tasas de interés sigan siendo prohibitivas, las pymes no pueden actualizar su maquinaria ni competir tecnológicamente contra el avance de las importaciones, dicen. La propuesta de Monapy busca canalizar el ahorro interno hacia la inversión productiva local.

Finalmente, la defensa del mercado interno es la bandera principal. Para este grupo de industriales, no existe país posible “sin una industria fuerte que procese sus materias primas y genere valor agregado en origen”.

Los empresarios más analistas estimaban ya, al término del encuentro en San Rafael, que se está cerrando un ciclo de catarsis para abrir uno de acción política. “Las pymes argentinas, tradicionalmente alejadas de las candidaturas, han decidido que su silencio era funcional a su propia desaparición”.

Así, de mantenerse la situación económica actual, el camino hacia las próximas elecciones será todavía más desafiante. Deberán enfrentar estructuras partidarias consolidadas (algunas con ganas de “volver”) y presupuestos de campaña millonarios. Sin embargo -hay que reconocerlo-, cuentan con un activo que pocos políticos poseen: la capilaridad territorial y el contacto diario con la realidad social y económica del país.

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