Irán, el temor a una nueva guerra mundial y los resquemores de un tercer atentado en la Argentina

El intempestivo e inesperado ataque de Estados Unidos e Israel a Irán dejó más dudas que certezas. ¿Hasta dónde llegará la escalada? ¿Responderá Irán? ¿Qué pasará con aquellos países que, como la Argentina, están alineados a las naciones agresoras? La única manera de poder responder a esos interrogantes es utilizando el sentido común y apelando …

Christian Sanz

El intempestivo e inesperado ataque de Estados Unidos e Israel a Irán dejó más dudas que certezas. ¿Hasta dónde llegará la escalada? ¿Responderá Irán? ¿Qué pasará con aquellos países que, como la Argentina, están alineados a las naciones agresoras?

La única manera de poder responder a esos interrogantes es utilizando el sentido común y apelando a la historia reciente. No dará explicaciones totalmente certeras, pero permitirá entender dónde se está parado, lo cual no es poco en un mundo donde la información aparece contaminada por ideologías e imposiciones discursivas de puntuales grupos de poder.

Lo que ocurre en el Mundo no tiene que ver con ponerse en un lugar o en el otro. No tiene nada que ver con estar a la derecha o a la izquierda de alguien o de algo. Todo ello es una trampa absurda, que no permite observar con claridad lo que ocurre realmente.

Esta es una historia donde no hay buenos y malos, sino intereses que se superponen e intentan imponerse entre sí. El Gobierno de Irán se encuentra entre los menos democráticos del mundo, con infinidad de denuncias por violación a los derechos humanos. Ello es imperdonable.

Sin embargo, ¿ello le da derecho a Donald Trump a una agresiva invasión, que dejó medio centenar de niños muertos? Irán es una nación soberana, que fue avasallada so pretexto de que allí se ocultan armas nucleares.

Y allí es cuando algo parece no tener sentido: ¿Acaso no tiene Israel armamento de ese mismo tenor o aún mayor? ¿No será que la invasión esconde algo más, que no estamos viendo?

Basta recordar lo ocurrido en Venezuela, donde se capturó al dictador Nicolás Maduro con la excusa de que era parte de un cártel de narcotraficantes que se demostró inexistente poco después. Y allí se supo la verdad: lo que interesaba de Venezuela eran los negocios, principalmente el vinculado con el petróleo.

En este caso, habrá que esperar al paso de los días para descubrir cuál es la oculta intención detrás del ataque a Irán. Pero ya será tarde, porque no se podrá volver atrás. Ello sin mencionar los coletazos que traerá el ataque de EEUU e Israel.

¿Se cobrará venganza el régimen iraní, atiborrado de fanáticos chiítas, los más fanáticos entre los fanáticos? ¿Qué harán al respecto? ¿Posarán su mirada sobre la Argentina, que tuvo el tupé de acusar a aquella nación por los atentados en Buenos Aires?

La trama de lo ocurrido en la embajada de Israel y la AMIA, en 1992 y 1994, ya la contó este cronista in extenso, no sólo a través de cientos de notas periodísticas, sino también en dos de sus libros: AMIA, la gran mentira oficial (El Cid Editor, 2007) y Nisman, el hombre que debía morir (Ed. Wu Wei, 2018).

Las pruebas en el expediente son inequívocas y apuntan a personeros sirios, no iraníes. Aparece incluso la factura de la bomba que explotó en la AMIA, adquirida por un hombre llamado Nassif Hadad, sirio él. Ni un solo iraní, ni uno en las miles y miles de fojas que se acumularon a lo largo de las décadas.

Irán, el temor a una nueva guerra mundial y los resquemores de un tercer atentado en la Argentina

Se dijo hasta el hartazgo que se trató de un desprendimiento de la pelea entre árabes y judíos en Medio Oriente. Pero no: fue una venganza contra el ex presidente Carlos Menem, por promesas incumplidas a su entonces par, Hafez Al Assad, mandatario de Siria. Ello desembocó en la muerte del hijo de Menem, en 1995, que fue anticipada un mes antes por un agente de inteligencia a través de una carta certificada que le hizo llegar a Carlos Corach, otrora ministro del Interior.

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Pero, como se dijo, hubo intereses internacionales que decidieron desviar la trama y apuntar a Irán. Ello quedó expuesto el 18 de julio de 2004, cuando Néstor Kirchner decidió desclasificar varios documentos relacionados con el atentado a la AMIA.

Allí apareció un cable secreto entre Menem y Yitzak Rabin, primer ministro israelí, donde se “cocinó todo”, principalmente no acusar a Siria porque era parte de los acuerdos de paz en Medio Oriente.

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No es casual que aquellos que se tomaron el trabajo de leer el expediente completo coincidan en asegurar que Irán no tuvo nada que ver con los atentados. Desde Jorge Lanata hasta Gabriel Levinas, que escribieron sendos libros al respecto.

En parte, ello es tranquilizador, porque minimiza a su mínima expresión la posibilidad de que Irán planifique un “tercer atentado”, como advirtieron en las últimas irresponsables “analistas” internacionales. Nada que temer, al menos por ahora.

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