Crónicas Menducas: Roberto Zaldivar, convirtió a Mendoza en un centro mundial

El apellido Zaldivar es un emblema muy alto de Argentina en la medicina mundial. Desde el abuelo Roger, hasta el nieto del mismo nombre, pasando por el que agiganto la historia Roberto, Robert para los americanos. Una familia a la que conocí profundamente, por la amistad de Roger con mi padre Ulpiano, y porque además este …

Roberto Suarez

El apellido Zaldivar es un emblema muy alto de Argentina en la medicina mundial. Desde el abuelo Roger, hasta el nieto del mismo nombre, pasando por el que agiganto la historia Roberto, Robert para los americanos.

Una familia a la que conocí profundamente, por la amistad de Roger con mi padre Ulpiano, y porque además este gran oftalmólogo me atendió desde los 7 años de mi vida.

Estaba acostumbrado a periódicamente a asistir a los exámenes que me realizaba Roger, quien en 1977 me convenció de usar lentes de contacto, y dejar de lado los incomodos lentes aéreos ( los míos era como fondo de sifón, de soda). En 1991, por reiteradas úlceras en la córnea izquierda, me dijo el Profesor que había que realizar un injerto. Le dije que sí, que con él estaba dispuesto a todo. Pero me sorprendió, diciéndome que me la tenía que hacer su hijo Roberto, que había llegado en un tiempo cercano de los Estados Unidos.

Crónicas Menducas: Roberto Zaldivar, convirtió a Mendoza en un centro mundial

Le dije que prefería que fueran sus manos, pero el insistió que debía hacerla Robert, porque era su especialización. Y así fue como me hizo el injerto. Era muy joven Roberto, tenía 34 años. Estaba iniciando una carrera que lo llevó a destacarse en todo el mundo. Como yo era periodista y lo frecuentaba, me intereso colaborar con el en aquellos años en la difusión de su carrera.

Así es como en 1998 fue el primer especialista no residente en los Estados Unidos en recibir el premio Lans Lecture, otorgado por la Sociedad Internacional de Cirugía Refractiva. Fue su primer gran premio y organizamos una presentación del mismo en el hotel Alvear de Buenos Aires, con representantes de los medios nacionales y varios colegas de nuestra provincia, tuve el orgullo de presentarlo a Roberto para que se refiriera a tan alta distinción.

Desde aquel año Roberto Zaldivar, es considerado una autoridad mundial en el implante de lentes de contacto intraoculares, operaciones que comenzó a realizar en su clínica de Mendoza en el año 1993. Siempre recuerda que es hijo de una madre miope y un padre con astigmatismo, pero también desde la cuna empezó a aprender oftalmología, porque como expresé, su papá, Roger, eran un reconocido especialista y lo llevaba a los congresos de oftalmología a los que asistía, de manera que con apenas 8 o 10 años, el pequeño Roberto ya manejaba términos de esa ciencia y conocía a los principales miembros de la comunidad oftalmológica internacional.

Uno de sus principales aportes por el que fue reconocido es el desarrollo de una lente intraocular para el tratamiento de la miopía.

La lista de premios que ha recibido el doctor Zaldivar es amplia, y The Ophtalmologist había incluido a Zaldivar en 2018 y 2020 en la lista de los 100 oftalmólogos más influyentes del mundo, una selección por votación entre pares que es la elite absoluta de esa ciencia a nivel planetario.

“El lente intraocular de contacto que se implanta dentro del ojo sin necesidad de tocar o retirar el cristalino, marcó un antes y un después en la oftalmología mundial por su capacidad de corregir grandes efectos ópticos, ya que es capaz de corregir hasta 20 dioptrías de miopía y seis dioptrías de astigmatismo”, explicó el Instituto Zaldivar, que fundó el profesional hace varias décadas y que actualmente tiene a su hijo Roger Zaldivar al frente. “En los últimos años, hubo un boom en la adopción de esta técnica por el gran crecimiento de casos de miopía en todo el mundo”, con unos dos millones de usuarios.

Volviendo a repasar su vida debemos destacar que tenía 16 años cuando ingresó a la Facultad de Medicina de la UNCuyo. Traía amplia influencia cultural de su familia. Su padre había trascendido en el país y en el exterior por sus dotes para mejorar la vida. El camino para Roberto estaba marcado. A los 22 años ya era médico.

En su infancia jugó en las divisiones inferiores de Independiente Rivadavia. No había ojos para verlo. El fútbol, por lo tanto, es una de sus grandes pasiones. Ahora no va a la cancha, la realidad actual del fútbol lo desalienta. Es “leproso” hasta la médula. Roberto recuerda: “Yo nací en Estados Unidos porque mi padre en esa época estaba haciendo una especialización allá. El primer regalo que tuve fue el carnet de Independiente. Nos lo enviaron especialmente como regalo”.

Su afán de perfeccionarse lo llevó a Boston, Massachussets, donde volcaba su sabiduría el doctor Richard Simmons, eminencia de la especialidad. Allí comenzó su lista de los famosos. Fueron atendidos por Roberto varios de la familia Kennedy, algunos jeques árabes, Marcos Aquino, en su momento presidente de Filipinas.

Cuando en 1985 regresa a Mendoza ya era reconocido en el mundo entero. Pudo residir en muchos países, muchos lugares requerían su sapiencia. Pero Roberto prefirió Mendoza. Volvió con sueños grandes y la realidad les hizo un espacio. Pudo irse de Mendoza pero prefirió Mendoza y lo sigue haciendo. Sus planes, grandes, tienen domicilio en nuestra provincia.

Siempre me sorprendió su tenacidad y empeño en seguir su carrera internacional, siempre le preguntaba como soportaba estar tanto en aviones, en viajes tan largos. Disertó más de mil veces, casi 400 paneles de su especialidad. Participa permanente en el contenido de decenas de libros y publicó numerosos artículos.

Su antiguo amor por la arquitectura y el diseño lo llevó al terreno de la inventiva. Ha diseñado más de sesenta instrumentos para mejorar sus prestaciones. Es consultor de compañías como Staar Surgical, de Suiza, y Lomb y Asico de los Estados Unidos.

Y mientras su clínica sube en la escalera de la fama, la solidaridad encuentra un camino. Suya es la idea y la concreción de la Fundación Zaldívar, adonde se atiende y opera gratuitamente a pacientes carenciados. El crecimiento de la fundación es exponencial. La cantidad de personas que son beneficiadas es muy importante. Al principio solo era atención, posteriormente empezaron las operaciones.

El requerimiento de los famosos llegó después de la operación a Bernardo Neustadt. La noticia corrió y les llegó a muchos. Entonces empezaron a llegar. Susana Giménez y Dady Brieva fueron los destacados de la primera camada. Los personajes trascendentes de la Argentina y de muchos países confiaron en la propuesta. Comenzaron a llegar de todos lados. El “boca a boca” funcionó a la perfección. “¿Tenés problemas con la vista? Andá a verlo a Zaldívar a Mendoza.

Atendió a Chilavert, a Augusto Pinochet, a Del Potro, a Ricardo Darin y a Enzo Fearnandez, y tiene un recuerdo de Maradona grabado: “Por supuesto, lo de Maradona superó todo . Estuvo tres días aquí. Andaba por toda la clínica, se sacaba fotos con los empleados, conversaba con todo el mundo. Todo muy relajado. Pero cuando se enteraron los periodistas y nos montaron guardia, un montón de gente quería verlo. Diego se quiso ir de inmediato, quería salir sin que nadie lo viera”.

Crónicas Menducas: Roberto Zaldivar, convirtió a Mendoza en un centro mundial

Los cálculos son contundentes: en los últimos 20 años 300.000 personas pasaron por la provincia para hacerse atender. La mayoría de esas personas no había venido nunca antes a Mendoza. Muchos de ellos se entusiasmaron, hicieron miniturismo, empezaron a comprar y hacer bodegas, a tener negocios aquí, les terminó gustando esta provincia. Es coherente que viniendo a buscar a Zaldívar Mendoza les entre por los ojos.

Hasta 500 pacientes por mes, de gente de otros lugares, llegaron en busca de cura, alivio, esperanza. De esos 500, 100 eran de otros países. Zaldívar atrae a gente de Europa, Estados Unidos, países del Medio Oriente y hasta de Taiwán y de Corea.

Las instituciones de Roberto generan trabajo. Muchos jóvenes son captados por el emprendimiento. No todos son médicos, también hay ingenieros, diseñadores y de otras profesiones. La clínica está creciendo y se agregan nuevos proyectos. Entre Buenos Aires y Mendoza suman cien personas.

Roberto no para, parece que su diccionario no incluye la palabra descanso. Trabaja y contagia. Nadie puede detenerse si Roberto está caminando. Es capaz de atender 70 cirugías láser en un solo día.

Mendoza tiene muchos nombres ilustres, pero pocos dejaron una huella tan íntima como él. Al fin y al cabo, ¿qué es devolver la visión sino ofrecerle al otro una segunda oportunidad para mirar la vida? Entre luces frías de quirófano, murmullos de pasillo y diagnósticos que cambian destinos, Roberto Zaldívar lleva décadas haciendo exactamente eso: devolver claridad donde había sombra.

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