Anabel Fernández Sagasti: de hacedora de acuerdos a pilar de la fragmentación peronista provincial y nacional
La senadora nacional por Mendoza, Anabel Fernández Sagasti, quien cuenta con una innegable trayectoria en el peronismo tanto provincial como nacional, terminó por convertirse en el centro de un fenómeno de división en medio de la marcada interna partidaria. A pesar de haber intentado forzar la unidad de los sectores del peronismo tradicional con el …
La senadora nacional por Mendoza, Anabel Fernández Sagasti, quien cuenta con una innegable trayectoria en el peronismo tanto provincial como nacional, terminó por convertirse en el centro de un fenómeno de división en medio de la marcada interna partidaria.
A pesar de haber intentado forzar la unidad de los sectores del peronismo tradicional con el kirchnerismo, no logró su objetivo y hoy esa segmentación juega a favor de los partidos a los que se opone.
En tal sentido, lo que en un principio buscó plantear como una renovación generacional destinada a unificar a todo el justicialismo, desembocó en una división interna que terminó por segmentar tanto el voto como el poder de un interbloque fuerte en el Congreso de la Nación.
En lo referente a la provincia de Mendoza, la situación en la interna peronista llegó a un punto de quiebre que la propia senadora nacional calificó como “roto en mil pedazos”.
El diagnóstico marcado por la dirigente kirchnerista va más allá de la confrontación con los sectores tradicionales del peronismo y los intendentes, aquellos que controlan el poder real a través de sus comunas.
Es que el fracaso en los intentos de unidad se materializó en el mismo momento en el que el kirchnerismo tomó la decisión de competir con un frente propio por fuera de la estructura del PJ en las elecciones municipales de medio término del pasado domingo.
Fue tras la aplicación de esa maniobra, que inicialmente buscaba forzar la unidad, que terminó por dispersar el voto en los Departamentos de San Rafael, Luján de Cuyo y Rivadavia, donde jugó el Frente Patria.
Con ello finalmente se evidenció el divorcio político de las estructuras departamentales, que fueron las que históricamente garantizaron la competitividad, del peronismo kirchnerista representado en su máxima expresión por la propia Fernández Sagasti.
En tal sentido, la insistencia en la consigna “nada sin Cristina” funcionó como un elemento de cohesión para el núcleo duro, pero demostró ser una barrera infranqueable para la construcción de mayorías, dejando al peronismo mendocino en un estado de conflicto interno permanente.
Pero este proceso de divisiones fue mucho más allá del plano mendocino y terminó trasladándose al Congreso de la Nación, precisamente al Senado, donde la figura de Fernández Sagasti es una pieza fundamental del kirchnerismo en la configuración de la mayoría opositora.
La conducción del interbloque Popular (ex Unión por la Patria), que comparte con José Mayans, enfrentó una crisis de autoridad que culminó en una fractura que, de todas formas, ya era apreciable.
La salida de tres integrantes del bloque Convicción Federal representó un duro golpe para la principal bancada opositora a la hora de demostrar su capacidad de frenar proyectos enviados por el Gobierno del presidente Javier Milei al Congreso de la Nación.
Lejos de ser un hecho aislado, esta ruptura fue la respuesta de los senadores Guillermo Andrada, Sandra Mendoza y Carolina Moisés, que percibían cierta desconexión de las necesidades de las gestiones provinciales y excesivamente enfocada en la agenda de la ex presidenta Cristina Kirchner.
La salida de estos legisladores alteró el equilibrio de poder en la Cámara Alta, facilitando que el oficialismo encontrara interlocutores fuera del bloque rígido que, en gran parte, lidera la senadora mendocina.
Este movimiento responde específicamente a que estos tres senadores no concordaron con la conducción del presidente del interbloque, José Mayans, y su mando derecha, la mendocina.
El resultado es un peronismo que, bajo su influencia, ganó en pureza ideológica pero perdió en volumen político, enfrentando el desafío de reconstruirse en un sistema de alianzas que ella misma, en su intento de homogeneizar, terminó por dinamitar tanto en su provincia como en el Congreso.


