Crónicas Menducas: Pedro Waldemar Manfredini, el Pie Grande

Raimundo Bibiani Mumo Orsi, aquel formidable delantero que logró la medalla de plata con Argentina en los Juegos Olímpicos de Amsterdam en 1928 y fue campeón con Italia en el Mundial de 1934, lo promovió a la Primera luego de verlo anotar once goles en un partido de la sexta división. Por entonces, a Manfredini …

Roberto Suarez

Raimundo Bibiani Mumo Orsi, aquel formidable delantero que logró la medalla de plata con Argentina en los Juegos Olímpicos de Amsterdam en 1928 y fue campeón con Italia en el Mundial de 1934, lo promovió a la Primera luego de verlo anotar once goles en un partido de la sexta división. Por entonces, a Manfredini todos lo conocían como El Panadero, porque desde chico ayudaba económicamente a su familia con el reparto de pan en su bicicleta.

A fuerza de goles (37 goles en el torneo de la liga mendocina de 1956) y buenas actuaciones sedujo a los dirigentes de Racing que buscaban nutrir de un mayor caudal ofensivo a una delantera que en poco tiempo se ganaría un sitial de honor. Llegó por recomendación de Orsi, al ganarle una apuesta a Renato Cesarini que lo pretendía para River, y su pase costó 300 mil pesos.

Crónicas Menducas: Pedro Waldemar Manfredini, el Pie Grande

En la Academia debutó el 5 de mayo de 1957, en el empate 2-2 ante San Lorenzo. Una semana después anotaría su primer gol, a Rosario Central. Fue parte de un quinteto de jugadores tan virtuosos en el juego como efectivos en la red, conformado por Oreste Omar Corbatta, Juan José Pizzuti, Rubén Sosa y Raúl Belén, símbolos para alcanzar el título de 1958 con tres puntos de ventaja sobre Boca y San Lorenzo. Manfredini fue el goleador del equipo, con 19 tantos.

El cierre de ese año marcó también su despedida del fútbol argentino. Su último partido en Racing fue el 27 de diciembre, en la derrota 2-0 con San Lorenzo. El balance da cuenta de 28 goles en 39 encuentros.

Sus goles y su esbelta presencia (alto, rubio y de ojos celestes) también sedujeron a los empresarios. Una firma mendocina, Vinos Andía, lo invitó a promover sus productos en las publicidades de la época.

Crónicas Menducas: Pedro Waldemar Manfredini, el Pie Grande

Integró el seleccionado argentino que se coronó campeón invicto en el Sudamericano de 1959, disputado en el Monumental. Otra vez dejó su marca en la red, al convertir dos tantos en su debut en la goleada 6-1 a Chile. La final de ese torneo marcó la igualdad 1-1 con Brasil, que venía de consagrarse campeón del mundo en Suecia y contaba con figuras de la talla de Pelé, Mario Zagallo, Didí, Vavá y Nilton Santos.

En junio partió a Italia, luego de que Roma abonara nueve millones de pesos por su pase, la segunda en importancia tras la cesión de Omar Sívori a Juventus. Sus dotes de goleador causaron una gratísima impresión porque anotó 15 tantos en sus primeros siete partidos. Cinco años gloriosos lo convirtieron en ídolo, con 104 goles en 164 partidos. Se consagró como el máximo goleador en la temporada 1962/63 con 19 tantos, compartido con el danés Harald Nielsen. Formó una dupla letal con su compatriota Antonio Valentín Angelillo, con quien logró nueve hat-tricks.

Inter lo compró en 1965, pero no satisfizo al entrenador Helenio Herrera. Fue cedido sucesivamente a Brescia (8 partidos y 1 gol) y Venezia (23 cotejos y 4 tantos).

Su última temporada lo tuvo en Deportes La Serena, donde convirtió 17 goles en el torneo de la liga chilena de 1969. Regresó a su terruño para ser entrenador de Deportivo Maipú.

Tras su retiro se radico en Italia,abrió el bar “Il Piedone” en el balneario “Il Tibidiano”, al que replicó luego en Piazzale Clodio, en Roma. Luego se mudó al barrio de Spinaceto, donde vivió por un tiempo, y dirigió una escuela de fútbol. Finalmente se trasladó a Ostia, donde residió junto a su esposa en los últimos años.

Su nombre también quedó inmortalizado en el cine. Se lo menciona en “El secreto de sus ojos”, que ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 2010. Ocurre en la escena donde el actor Guillermo Francella se refiere al sospechoso de un crimen que le escribe a su madre: “Quedate tranquila, vieja, en eso soy como Manfredini no como Bavastro”.

Crónicas Menducas: Pedro Waldemar Manfredini, el Pie Grande

La referencia da cuenta de Julio Alberto Bavastro, el delantero que llegó como reemplazo de Manfredini tras su venta a la Roma, pero que no anotó goles y apenas jugó un par de partidos en Racing.

Además, en la película “Los monstruos” de Dino Risi (estrenada en 1963) y protagonizada por Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi aparece una toma de uno de sus goles. “¡Un gol de Manfredini! ¡Grande Piedone!”, grita Gassman en la tribuna, celebrando la conquista y arrojándose al piso en la tribuna como un fanático de la Roma.

En esa Italia que lo adoptó y lo despidió como a uno propio, Pedro Manfredini falleció el 21 de enero de 2019, a los 83 años, víctima de una enfermedad compleja. La noticia atravesó fronteras y dejó un mismo vacío: el del goleador que había nacido en Mendoza, pero que también había hecho historia del otro lado del océano.

Queda el recuerdo imborrable de aquel delantero que sabía explicarse a sí mismo con la simpleza de quien nunca olvidó de dónde venía. “Yo jugaba hasta en las viñas. Era rápido, muy ligero. En el campito me la tiraban en cortada y las corría a todas. Parecía que no llegaba, pero llegaba y siempre la metía”, solía decir. No era una frase hecha: era un retrato fiel.

Cuando arrancaba, arrasaba. Un tanque, sí, pero con velocidad. Mejor dicho: un tanque de Fórmula Uno. No había defensa capaz de detenerlo ni espacio que no pudiera conquistar. Vivía obsesionado con el gol, y el gol parecía entenderlo. Lo encontraba una y otra vez, como si fuera parte natural de su camino.

Así se fue Manfredini: dejando números, recuerdos y una manera de jugar que todavía se cuenta en presente. Porque los verdaderos goleadores no se retiran del todo: siguen corriendo por la memoria, llegando siempre antes que nadie, y empujando la pelota al fondo de la red.

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