Verónica Cangemi, la mejor soprano del Mundo
Nació en Guaymallén el 10 de octubre de 1964, de familia de artistas, es sobrina nieta de Hilario Cuadros, la familia viene de ancestros musicales ligados a la tradición mendocina. Su mamá es Fenicia Josefina Magioglio Cuadros, hija de José Malgioglio -un inmigrante italiano- y de Leonila Cuadros, hermana de Hilario. Fenicia, a quien conocemos …
Nació en Guaymallén el 10 de octubre de 1964, de familia de artistas, es sobrina nieta de Hilario Cuadros, la familia viene de ancestros musicales ligados a la tradición mendocina. Su mamá es Fenicia Josefina Magioglio Cuadros, hija de José Malgioglio -un inmigrante italiano- y de Leonila Cuadros, hermana de Hilario.
Fenicia, a quien conocemos desde hace años, como “La Pepa” Cangemi”, es el alma máter de la familia, fue quien inculcó en sus hijas el amor por la música siendo una gran cantante lírica de Mendoza y una prestigiosa profesora de canto en la UNCuyo.
Sobre Pepa, Verónica cuenta: “Mi madre tuvo que pelear con la familia para irse a estudiar canto a Buenos Aires porque, en esa época, estudiar canto era de prostituta. Me imagino el sufrimiento. Ella luchó contra mar, cielo, tierra y fuego, contra todo para hacer una carrera. Cuando tenía 15 años, se tomó un tren a Buenos Aires y trabajó barriendo en una peluquería y aprendió pedicuría, porque los padres no la querían bancar si se iba. Ella estudió canto y nos transfirió la energía de que cada uno tiene que ser feliz haciendo lo que ama y, bueno, así salieron dos cantantes: mi hermana es cantante de tango.
Verónica, en varias entrevistas, destaca la importancia de su madre en su carrera: “Me paré en el mismo lugar que se paraba ella. Me lo había dicho mi madre, Fenicia: ‘Ella se paraba en el escenario buscando la mejor sonoridad. Ahí en ese lugar’. Me lo marcó y yo lo ocupé. Estaba muy emocionada. Mis hijos, entre bambalinas me alentaban: ¡Dale mamá! ¡Ponele todo mamá! Yo, Verónica Cangemi, mendocina, de Guaymallén, iba a cantar en el mismo lugar de la Scala de Milán donde tantas veces había cantado María Callas”.
Su padre que murió cuando ella era una adolescente rebelde y dice: “Pero está conmigo. Cada mañana que yo me levanto es un desafío, digo: me pongo en tus manos señor, y arranco con un proyecto nuevo”.
Sus padres la llevaron a Buenos Aires para ver ópera, al gallinero porque no tenían plata. A ella le llamó mucho la atención Macbeth de Verdi. Mientras la vio soñaba: “Yo quiero estar ahí, sobre el escenario”, se decía. Y ahora, cuando saluda en el Colón se acuerda de mirar hacia arriba, hacia el gallinero, adonde estaba como niña embelesada. Tal vez le diga a esa niñita que en el gallinero aplaude, cumplí con tus sueños, pequeña amiga”.
Se inició con un pequeño rol en las Bodas de Fígaro, allá en el 89. También en ese año cantó Don Giovanni, con la dirección de Sergio Renán. Sergio la llamó para hacer un rol protagónico de la Flauta Mágica de Mozart. Fueron sus primeros pasos de un camino que la llevó muy lejos.
El paso para ser la número uno
Comenzó carrera internacional en 1991. Canto en el Colón, para la Wagneriana, una obra de Mozart, y se fue a estudiar en la cátedra de Aldo Baldin. Decidió presentarse en el concurso Francisco Viñas de Barcelona y vuelve a ganar el primer premio. Allí tuvo la suerte de que la escuchara el que sería su manager, Germinal Gilbert, que estaba en el jurado y le ofreció inmediatamente un contrato.
Como en la mayoría de estas Crónicas Menducas, me interesa que los protagonistas, a los que hemos podidos entrevistar, desarrollen su hoja de vida. Por eso desarrolamos lo que Verónica expresa sobre su exitosa carrera.
“Yo llegué tarde a Europa, tenía 27 años y mis competidoras eran más jovencitas. Pero nunca dudé, nunca tuve miedo. Es más, me hice un plan. Porque la ambición de esas jóvenes que asomaban era entrar directo en las óperas ampulosas (Verdi, Pucini) y yo me dije, lo planee, lo ejecuté, no voy empujar por entrar por la puerta grande, mejor voy a meterme sin complicaciones por el costado. Elegí la puerta del barroco. En el barroco puedo encontrar roles protagónicos. De no ser así me vuelvo a Mendoza a tocar mi humilde pero querido violoncello. Me dije si tengo éxito en ese mundo entonces volveré por los platos más jugosos. Estoy en eso, ahora, después de ser notoria en el barroco puedo darme el lujo de elegir. Fue un gran empujón. Con ese plan del comienzo me di el gusto de pasar todo el repertorio barroco, con el inconveniente de cachet que implica porque el barroco se paga la mitad de Verdi y Pucini”.
La Importancia de la Opera
“ La ópera es una sumatoria de música y teatro. Yo no tenía estudios de teatro, pero tenía talento natural. Mis genes estaban encangemizados. He cantado en los teatros más importantes de Europa y de otros continentes, pero el que más me impresiona, me emociona, me conmueve es nuestro Teatro Colón. Por su grandiosidad, por su trayectoria, por el reconocimiento que el mundo tiene de él. Pero tengo deudas. Aún no he cantado en Chile y anhelo hacerlo en la Casa de la Opera de Sidney, Australia”.
He trabajado con los más grandes regiseurs y al lado de los enormes artistas del mundo. Digo grandes porque no solo cantan bien sino que son generosos para enseñar. Era todo un incentivo cantar con los grandes y confrontar con ese mundo. Me estimulaba”.
Como toda gran artista valora y agradece al público:
“El público, el maravilloso público. Soy de sumarme a él al bajar del escenario. De estar firmando autógrafos y terminar cenando con quienes me lo pedían. Un día apareció un melómano recalcitrante, Alan. Insistió que fuera a conocer su casa. Al principio me negué, me fastidiaba la idea. Pero insistió tanto que fui. Era una casa magnífica, imperial, pero además era (es) un museo de la ópera: cartas, fotos, partituras, afiches, programas, libros, objetos de los cantantes famosos, quedé maravillada. En un momento abrió una enorme y lujosa caja y me mostró alhajas de grandes cantantes. Me dijo: elige una. Yo elegí una que me impresionó desde el vamos, por lo bella y por lo simple. Alan afirmó: sabés elegir, es el primer regalo que Onassis le hizo a María Callas. Ahora es tuya”.
También afirma: “El mundo de la ópera me permitió conocer y hacerme amiga de muchos famosos y amantes de la música. Somos amigos con los condes de Bruselas, con Máxima Zorreguieta, con Gerard Depardieu”.
Cuando vuelve con su pensamiento a nuestra provincia, recuerda:
“Me lo dijo una vez el recordado Felipe Vallesi, cuando el Coro Universitario comenzaba a trascender fronteras hacia afuera: No estoy de acuerdo con las catalogaciones y rubros de la música. Con los años he aprendido que hay solo dos tipos: la buena y la mala. Y no en todos hay coincidencia. Yo tengo mi modo de apreciarla, digo: “Si me hace vibrar, es buena. Buena para mí”.
“Me estoy acercando decididamente a la música popular. El jazz se me ha hecho deseo a través de mi amigo Pat Metheny con quien he compartido escenarios. Estoy en esto de mezclarme con la música popular. El tango no, para eso está mi hermana Patricia. ¡Cómo canta el tango Patricia! Mejor, lo interpreta, canta de cuerpo entero. He cantado música de nuestra tierra. Con Aníbal Cuadros, mi primo, tengo buena relación. He cantado sus temas en Europa con muy buena recepción. También he cantado canciones de Ariel Ramirez”.
Cangemi vuelve a su prodigiosa trayectoris para afirmar que: “La música es aprender porque siempre hay que aprender. Si me preguntan por mis autores favoritos digo sin dudar: Hendel y Vivaldi. Si tengo que nombrar a un famoso que me haya impactado por su talento y su condición humana, su humildad, su amistad sincera, digo sin dudas, Zubin Mehta. Incomparable. Hacer Mozart con Zubin es como volar”.
Con 60 años y 30 de una trayectoria que la llevó a cantar en los mejores teatros del planeta y compartir escenario con grandes como José Carreras y Plácido Domingo, a dar clases magistrales en los centros más prestigiosos del mundo y a ganar premios tan importantes como la mejor intérprete clásica en los International Professional Music BraVo Award. Y aunque ya esté planificando su retiro como soprano, está en ebullición. Además, no deja de hacer gestión cultural. Tiene todo bajo control, pero no pierde la espontaneidad.
Cuando se la consulta por su afinidad con la óperas sostiene que:
“No me puedo definir como “la soprano”; la verdad es que soy una curiosa. Me atrae todo en el arte. Mi cabeza continuamente está funcionando en miles de proyectos; no puedo estar en calma si no tengo uno. Me gusta innovar, integrar. Mientras canto, se me vienen mil ideas sobre qué podría hacer con esa orquesta, dónde podría ir, cómo incluir gente. Desde muy chica, tengo innata la curiosidad y siempre me interesó la gestión cultural”.
“ Creo que la palabra conectar es la ideal, porque viene de este sentimiento propio de que me gustaría que todos disfruten de lo que siento, de esa felicidad que me produce estar en este mundo del arte. Entonces es cómo hacer para que mucha gente pueda sentir lo mismo”.
Y amplia conceptos sobre la importancia del arte:
“La música es transformadora. Por eso, mi proyecto de Ópera en Camino creo que genera una transformación y una experiencia; es para acercar a los seres humanos, para que la música realmente haga un antes y un después en su vida, porque es lo que produce. Hace que nuestro cerebro tenga creatividad, y esta promueve que podamos relacionarnos mejor con los otros, entablar una buena comunicación. Estoy convencida, porque es lo que provocó en mí y lo que provoca en tantas personas y me gustaría que llegara a todos”.
Y Verónica no deja de valorar, el querer ser una gran hacedora cultural:
“ En el año 2012 le pedí a José Carreras que viniera a cantar a mi provincia, Mendoza, y hablé con el gobierno para que no fuera un concierto cerrado ni con venta al público, sino al aire libre y para quienes no tenían posibilidades realmente. Mi intención era que vinieran con sus bancos, sus sándwiches de milanesa o como quisieran. Y entonces hicimos ese concierto y se produjo un silencio que nunca viví en mi vida. Cuando terminé de cantar, una señora se colgó de las vallas y me dijo: “Soy empleada doméstica y pude salir por primera vez a escuchar esto porque no tenía que pagar; usted me cambió la vida”. No fui yo la que le cambió la vida, fue la música”.
Es muy valioso saber que siente una cantante lírica que de pronto es popular, el pueblo la reconoce:
“Cantar hace que uno se transforme y que tu parte sensible sea distinta, como que estás volando sobre el universo. El tema es que cuando uno lo trabaja a nivel profesional, la responsabilidad es muy grande; entonces, arriba de un escenario, no me puedo dejar llevar por los sentimientos y por la felicidad que me embarga. No puedo quebrarme, porque mi responsabilidad es transmitir algo, porque soy un médium digamos. Esa es la magia que tiene la música, que hace que en décimas de segundo tengas cien mil informaciones: vas diciendo la palabra que debés cantar, la música que tenés que hacer, el movimiento con el pie, la cabeza, dominar los sentimientos para no emocionarte. Hoy por hoy, que ya tengo cierta edad y cierta cantidad de años de carrera, puedo decir que disfruto de una manera distinta. Es hacer lo que realmente te hace feliz; ese es el mayor triunfo. Y el canto, la música y mi familia me generaron eso”.


