Murió Raúl Guglielminetti, uno de los represores más emblemáticos de la última dictadura
Raúl Antonio Guglielminetti, ex agente civil de inteligencia del Ejército argentino y condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, murió a los 84 años en su domicilio de la localidad bonaerense de Mercedes, a unos 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. El represor cumplía arresto domiciliario desde septiembre pasado, luego de …
Raúl Antonio Guglielminetti, ex agente civil de inteligencia del Ejército argentino y condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, murió a los 84 años en su domicilio de la localidad bonaerense de Mercedes, a unos 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. El represor cumplía arresto domiciliario desde septiembre pasado, luego de que la Justicia le concediera ese beneficio por el deterioro de su estado de salud.
Hasta entonces, Guglielminetti permanecía detenido en el penal de Ezeiza. En julio de 2024 había sido uno de los genocidas que recibió la visita de diputados de La Libertad Avanza, el espacio político que lidera el presidente Javier Milei, hecho que generó un fuerte repudio social e institucional.
Conocido por sobrevivientes de centros clandestinos de detención como un torturador especialmente violento, Guglielminetti se desempeñó como personal civil de inteligencia del Ejército. En los primeros años de la década de 1970 se presentaba públicamente como periodista, aunque organizaciones políticas de izquierda ya lo señalaban como infiltrado. Durante la dictadura actuó en al menos seis centros clandestinos de detención de la ciudad de Buenos Aires.
A partir de 1978, en el marco del Plan Cóndor, condujo el Grupo de Tareas Exterior (GTE), desde donde articuló la colaboración de la dictadura argentina con regímenes represivos de Centroamérica. A comienzos de los años 80, se dedicó a los secuestros extorsivos.
Tras el retorno de la democracia, su figura volvió a cobrar notoriedad cuando fue identificado en una fotografía como integrante de la custodia del entonces presidente Raúl Alfonsín. Luego de ese escándalo, huyó a España, pero fue detenido seis meses después en el aeropuerto de Barajas y extraditado a la Argentina. Allí enfrentó un juicio por el secuestro y asesinato del empresario Emilio Esteban Naum.
Desde entonces, acumuló múltiples procesos judiciales y condenas. Su detención definitiva se produjo en 2006, tras la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad. Fue condenado a prisión perpetua por delitos cometidos en el circuito Atlético-Banco-Olimpo, en Automotores Orletti, en la Superintendencia de Seguridad Federal y en las causas Chavanne-Grassi y La Escuelita de Neuquén.
Según datos de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, desde 2006 en Argentina fueron condenadas 1.208 personas por delitos de lesa humanidad, en el marco de 357 sentencias dictadas en todo el país. A casi 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, permanecen abiertas 349 causas judiciales.
Guglielminetti también fue recordado por sus declaraciones públicas en los años 80, cuando concedía entrevistas en las que reivindicaba su accionar represivo y posaba junto a una colección de esvásticas. “No soy nazi ni mucho menos. Tengo las esvásticas porque me gustan como diseño”, llegó a afirmar en 1986 en una entrevista con la revista Gente, según reconstruyó la periodista especializada en derechos humanos Luciana Bertoia. Nunca mostró arrepentimiento ni aportó información para esclarecer el destino de los desaparecidos o la apropiación de bebés.
La agrupación H.I.J.O.S Capital confirmó su fallecimiento a través de un comunicado publicado en la red social X: “Murió el genocida Raúl Antonio Guglielminetti, alias Mayor Gustavino. Ex agente de inteligencia. Condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. Nunca dijo dónde están los cuerpos desaparecidos ni nuestras hermanas y hermanos. Ni olvido ni perdón”.
El deceso fue confirmado por el sitio Datoposta, que informó que el cuerpo permanecía en la vivienda donde residía junto a su esposa y uno de sus hijos, a la espera de disposiciones judiciales, dado que se trataba de un condenado que cumplía arresto domiciliario.
Según el diario Clarín, la casa de Mercedes donde murió es la misma en la que había sido detenido en agosto de 2006 por Interpol, cuando permanecía prófugo por su participación en los crímenes cometidos en Automotores Orletti, centro clandestino de detención que operó bajo la órbita de la SIDE durante la dictadura.
Guglielminetti volvió a quedar en el centro de la escena pública en 2024, cuando fue uno de los represores visitados en prisión por diputados libertarios. Tras ese episodio y el agravamiento de sus problemas de salud, obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria. Murió sin aportar verdad ni información sobre los crímenes del terrorismo de Estado.

