De trolls, cancillería paralela y persecución: la SIDE como herramienta de poder
En un escenario de profunda opacidad institucional, la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) trístemente dejó de ser un organismo destinado a la prevención de amenazas externas para transformarse en un engranaje del control político y la proyección de poder del Gobierno del presidente Javier Milei. Al alejarse de sus funciones específicas de inteligencia, la …
En un escenario de profunda opacidad institucional, la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) trístemente dejó de ser un organismo destinado a la prevención de amenazas externas para transformarse en un engranaje del control político y la proyección de poder del Gobierno del presidente Javier Milei.
Al alejarse de sus funciones específicas de inteligencia, la SIDE comenzó a operar bajo la lógica de seguridad interna que pone en jaque las garantías constitucionales más elementales.
Este desplazamiento va más allá de lo meramente administrativo y representa un peligroso precedente donde los recursos del Estado se utilizan para la persecución del ciudadano común y el hostigamiento sistemático a la prensa independiente.
El impacto de este desvío de funciones se hace tangible en la profesionalización de la violencia digital mediante el financiamiento de las denominadas “granjas de trolls” a través de los fondos reservados, según chats a los que tuvo acceso Diario Mendoza Today, que no padecen el control del Congreso de la Nación.
La masiva inyección de fondos públicos hacia estas estructuras de desinformación terminó por convertir al debate público en un campo de batalla, donde la crítica es castigada con campañas de desprestigio coordinadas.
Esta milicia digital, sostenida por el erario público y coordinada por el entorno del asesor Santiago Caputo, actúa como una policía del pensamiento que sofoca el disenso mediante el acoso masivo en redes sociales.
Sin embargo, la gravedad del asunto escala a niveles internacionales con la consolidación de una cancillería paralela gestionada bajo contratos de inteligencia que benefician directamente al entorno del ex espía Leonardo Scatturice.
La utilización de la SIDE para canalizar acuerdos con empresas vinculadas a Scatturice, como Tactic Global, quien cumple funciones como nexo entre el Gobierno de Milei y el de Donald Trump, exhibe cierta privatización de la política exterior argentina.
Al delegar funciones diplomáticas estratégicas y de ciberseguridad en este entramado de negocios que responde directamente al núcleo duro del poder, el gobierno desplazó el rol histórico del Palacio San Martín.
Estos contratos millonarios, que vinculan la seguridad nacional con intereses corporativos poco claros, no solo facilitan el lobby político en el exterior sin control legislativo, sino que comprometen la real función de la central de inteligencia al confundir la seguridad del Estado con el lucro de sectores privados.
El riesgo de que la SIDE se convierta en una fuerza de choque con facultades para vigilar a la población civil bajo conceptos elásticos es hoy la mayor amenaza a la calidad democrática. Ello viene a cuento del DNU firmado por Milei y altamente cuestionado donde se le da el poder de aprehender a cualquier ciudadano.
En otras palabras, cuando la inteligencia se desentiende de proteger a la nación para dedicarse a monitorear periodistas, financiar operaciones de trolls y tercerizar la diplomacia, el Estado de derecho se desvanece.
En este contexto, el desvío de los fondos reservados no es solo una cuestión de corrupción, sino que termina por transformarse en la degradación institucional que utiliza el secreto estatal para blindar la impunidad y perseguir a quienes, desde la ciudadanía o la prensa, osan cuestionar el rumbo del poder.


