Una fiesta para mostrar que el periodismo sigue vivo y su mayor fortaleza es la pluralidad
Guillermo Francos y Sergio Massa. Alfredo Cornejo y el sanjuanino Marcelo Orrego. Mario Pergolini y Marcelo Tinelli. Susana Giménez, Mirtha Legrand y Moria Casán. Eduardo Feinmann, Maracelo Bonellli y Baby Etchecopar. Directivos e históricos íconos de Crónica, Perfil y La Nación. Los empresarios Paolo Rocca (Techint), Jaime Campos (de la poderosa Asociación Empresaria Argentina) y …
Guillermo Francos y Sergio Massa. Alfredo Cornejo y el sanjuanino Marcelo Orrego. Mario Pergolini y Marcelo Tinelli. Susana Giménez, Mirtha Legrand y Moria Casán. Eduardo Feinmann, Maracelo Bonellli y Baby Etchecopar. Directivos e históricos íconos de Crónica, Perfil y La Nación.
Los empresarios Paolo Rocca (Techint), Jaime Campos (de la poderosa Asociación Empresaria Argentina) y Gerardo Martínez (de la UOCRA). Mauricio Macri y Gabriel Katopodis (en representación -dijo- de Axel Kicillof). Diego Milito, Martín Palermo y Rodolfo D’Onofrio. Adrián Suar y Guillermo Francella. Marcelo Birmajer, Maitena y el maipucino Mike Amigorena. Ricardo Gil Lavedra, Carlos Stornelli, Jueces, fiscales, diplomáticos y cientos de personalidades. Muchos periodistas de la televisión, guionistas y escritores.
La lista de invitados y presentes a la fiesta por los 80 años de Clarín fue una auténtica muestra de poder de convocatoria de un grupo económico sin el cual se torna difícil contar la siempre agitada historia argentina de las últimas décadas. “Están todos”, se animó a decir con satisfacción uno de los colaboradores del diario, afectado a la organización del evento, que tuvo un escenario monumental: el teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires.
O, en todo caso, un ejemplo de que el periodismo profesional, en plena época de influencers, streaming y redes sociales, sigue siendo la “primera versión de la historia”, frase a la cual suelen acudir teóricos, novatos y cronistas de su tiempo de vasta trayectoria. La muchedumbre y los murmullos dominantes en el hall del palaciego teatro así parecía confirmarlo.
El encuentro sucedió en medio de una de las más polémicas, discutibles y ruidosas decisiones de la Justicia argentina de los últimos tiempos, que limita severamente la libertad de expresión, se codea categóricamente con la censura previa y jaquea el derecho que protege expresamente (desde 1994) el secreto profesional. En suma, varias de las “normas sagradas” de nuestra Constitución Nacional, debilitadas por la prohibición de los audios de Karina Mieli (la hermana del Presidente).
El Gobierno intenta demostrar que la difusión de los audios es una “grave lesión a la privacidad” de la mano derecha de Javier Milei y que involucra asuntos de Estado, porque salieron de la mismísima Casa Rosada. Lo bueno es que los periodistas honestos intentan calibrar el asunto de la manera más ecuánime posible. Lo malo es que muchos políticos ajustan su discurso a su propia coyuntura. Es probable que en el poder hubiesen actuado como en Balcarce 50.
Ese tema, el futuro de la economía del país, el rol del periodismo, las predicciones sobre las elecciones de octubre, algo de fútbol, del espectáculo, de la película “Homo Argentum”… Fueron los temas que fluyeron entre bromas, encuentro entre viejos rivales, copas de vino y champán, y atractivos bocadillos.
Y como broche de oro, la voz de privilegiada de Elena Roger, para engalanar el guión de un espectáculo quirúrgicamente pensado para coquetear en una dosis justa con el peronismo (con fragmentos de la ópera rock Evita) y el radicalismo (valoración de la década de Raúl Alfonsín, los ochenta, cuando los argentinos, con altos costos, recuperamos la democracia).
La misma historia que se puede recorrer en las páginas impresas de los diarios o en los portales de noticias que cada día cuentan las buenas y las malas del país. El mundo cambia, pero hay un gen que sigue vivo y parece más necesario que nunca. Anoche en el Colón, una oleada de eso quedó a la vista. No importa si coincidimos o no. O quizás no coincidir sea lo más importante y constructivo.


