Cónclave dividido: experto mendocino asegura que “el próximo Papa no será ni progresista ni tradicionalista puro”

El podcast Mientras no tengamos rostro, conducido por el filósofo Rubén Peretó Rivas, ofreció en su última emisión un análisis profundo y poco convencional sobre el presente y futuro de la Iglesia Católica tras la muerte del Papa Francisco. En su segundo episodio, aborda el tema del cónclave con una mirada crítica y erudita, desmarcándose …

El podcast Mientras no tengamos rostro, conducido por el filósofo Rubén Peretó Rivas, ofreció en su última emisión un análisis profundo y poco convencional sobre el presente y futuro de la Iglesia Católica tras la muerte del Papa Francisco. En su segundo episodio, aborda el tema del cónclave con una mirada crítica y erudita, desmarcándose del tratamiento superficial que muchos medios han dado al tema.

Cardenales con hambre, frio y encerrados: breve historia del cónclave que se prolongó por tres años

Entre el rito y la geopolítica

El episodio comenzó contextualizando el presente: han pasado diez días desde la muerte del Papa Francisco y el Vaticano entra en una fase conocida como sede vacante, que activa una serie de rituales milenarios. Rubén Peretó explicó que lejos de ser “folclore”, estos actos —como la verificación ritual de la muerte del pontífice o los nueve días de misas funerarias llamados novendiali— son ritos cargados de tradición y sentido, que conectan a la Iglesia con siglos de historia.

?? Dato clave: Hasta hace pocos años, la muerte del Papa se certificaba golpeándole la frente con un martillo de plata y repitiendo su nombre de bautismo tres veces.

¿Quién será el nuevo Papa? El trasfondo oculto del cónclave

Mientras muchos medios apuestan por vaticanólogos y futurología para anticipar al sucesor de Francisco, el podcast pone el foco en lo esencial: los factores históricos, políticos y eclesiásticos que realmente influyen en la elección papal.

Peretó recuerda que el Papa no es solo un líder espiritual, sino también un jefe de Estado con fuerte peso simbólico y político. Esta dualidad explica la magnitud de sus funerales, que suelen convocar a los principales líderes del mundo. En este contexto, el nuevo cónclave se presenta como una batalla silenciosa por el rumbo futuro de la Iglesia.

? ¿Sabías que…? No todos los Papas están enterrados en la Basílica de San Pedro. Francisco eligió Santa María la Mayor, al igual que otros pontífices anteriores.

El cónclave de 2013: claves para entender el presente

Para comprender el momento actual, el Peretó retrocede hasta 2013, año en que fue elegido el Papa Francisco. Según él, la elección respondió en parte al clima cultural y político de entonces, marcado por una hegemonía progresista: Obama en EE.UU., Lula en Brasil, Cristina Kirchner en Argentina, entre otros. Sin embargo, destaca que Jorge Bergoglio no era percibido aún como un hombre progresista.

En sus años como provincial de los jesuitas, Bergoglio había mostrado una postura conservadora e incluso antimarxista. Su imagen de moderación fue clave para que muchos cardenales lo apoyaran como un perfil opuesto al de Benedicto XVI, quien renunció en medio de fuertes tensiones internas y externas.

? Punto de inflexión: Benedicto XVI fue blanco de duras presiones políticas, financieras y mediáticas. El día después de su renuncia, el Banco Vaticano recuperó el código Swift, que le había sido bloqueado días antes.

¿Una Iglesia en disputa?

Peretó señala que el próximo cónclave será el escenario de una redefinición profunda de la Iglesia Católica. Tras años de tensiones internas, reformas litúrgicas y enfrentamientos ideológicos, los cardenales deberán decidir si buscan una figura de continuidad con Francisco o un nuevo giro.

Peretó deja en claro que más allá de los nombres que suenen, el verdadero debate es teológico, cultural y geopolítico. Y que la Iglesia, aún en pleno siglo XXI, sigue siendo uno de los centros de poder más antiguos y complejos del mundo occidental.

El cónclave que se viene

En el horizonte del Vaticano, se acerca un nuevo cónclave, ese momento decisivo en que el Colegio de Cardenales deberá elegir al próximo Papa. Y el criterio que debería primar, según muchos dentro de la Iglesia, no es ni la popularidad mediática ni la sensibilidad hacia las causas sociales del momento, sino algo más profundo: la misión esencial de la Iglesia, que es llevar las almas a Cristo. La Iglesia no está llamada a liderar el mundo ni a ser simplemente defensora de causas como la migración, sino a ser guía espiritual y custodio de la fe.

Desde este enfoque, el próximo cónclave promete ser complejo. Se necesitan dos tercios del total de cardenales electores —aproximadamente 89 de los 133 previstos— para llegar a una elección válida. Y el panorama dentro del Colegio de Cardenales sugiere un posible estancamiento. Si una tercera parte se muestra en desacuerdo con la línea del papado anterior, se podría configurar un “tercio de bloqueo”, un fenómeno conocido que impide cualquier elección hasta lograr una síntesis.

Esto podría derivar en un cónclave prolongado, donde las tensiones entre sectores progresistas, conservadores y moderados obliguen a encontrar un perfil intermedio. Aunque es arriesgado afirmar quién tiene mayoría, incluso algunos cardenales progresistas han manifestado recientemente su preocupación por la dispersión de sus liderazgos. Por ejemplo, el cardenal jesuita Michael Czerny —muy cercano al Papa Francisco— advirtió que la búsqueda de unidad puede terminar perjudicando al progresismo, ya que su fortaleza ha estado en promover la diversidad y la descentralización.

Del otro lado, el sector tradicionalista-conservador, si bien minoritario, parece estar mejor organizado. Y aunque figuras como el cardenal africano Robert Sarah —que combina experiencia pastoral, curial y una sólida vida espiritual— difícilmente lleguen a ser electas, podrían tener un papel determinante en inclinar la balanza hacia un perfil más ortodoxo. Sarah, por ejemplo, ha sido etiquetado por ciertos medios como una figura “peligrosa” para el progresismo, cuando en otro contexto sería celebrado como símbolo de inclusión y periferia.

Todo indica que el próximo Papa no será un representante extremo ni del progresismo ni del conservadurismo. Se buscará un perfil ortodoxo, moderado, capaz de restaurar cierta unidad doctrinal, como lo señaló el cardenal Müller. La elección, muy probablemente, se incline hacia un cardenal europeo con buen conocimiento de la Curia y habilidades diplomáticas.

¿Papables desde Asia, África o América?

Se ha hablado del cardenal filipino Luis Antonio Tagle como posible sucesor, pero muchos lo ven más como una creación mediática. Fue llevado al Vaticano por Francisco, pero su gestión administrativa fue deficiente, y finalmente fue desplazado de su cargo por el mismo pontífice. “Elegir a Tagle sería como elegir un Francisco devaluado”, se ha dicho.

En África, aunque hay un crecimiento fuerte de vocaciones y católicos, los cardenales africanos tienden a alinearse con posturas conservadoras. Es posible que propongan a Sarah en una primera ronda, pero lo más probable es que se unan a un bloque tradicionalista más amplio. En América Latina, aunque hay cardenales argentinos en el cónclave, parece improbable que se elija a otro Papa argentino tan pronto, especialmente por el carácter tan singular del papado de Francisco.

En Estados Unidos y Canadá, si bien hay cardenales relevantes, la fuerte polarización de la Iglesia norteamericana hace difícil imaginar que uno de ellos pueda reunir el consenso suficiente.

Europa y el retorno al centro

La mayoría de los cardenales votantes proviene de Europa, y ahí el panorama es más diversificado. En Alemania, salvo excepciones como el cardenal Woelki o el propio Müller (que reside en el Vaticano), la mayoría de los cardenales se mueve en un progresismo que roza el cisma. En Francia, dominan los centristas o “progresistas razonables”, como el cardenal Aveline de Marsella, aunque su escaso manejo del italiano podría ser una desventaja. En España, las figuras cardinalicias actuales son poco relevantes, producto de nombramientos débiles bajo el pontificado de Francisco.

El bloque más interesante aparece en Italia, por historia y por cantidad. Allí figuran nombres como:

  • Pietro Parolin, actual secretario de Estado, hábil diplomático, pero cuya cercanía con Francisco y con la llamada “escuela de Silvestrini” puede jugarle en contra.

  • Matteo Zuppi, de la Comunidad de Sant’Egidio, muy ligado al Papa Francisco, pero visto por algunos como un títere de Riccardi, el líder de esa comunidad.

  • Fernando Filoni, con carrera diplomática extensa, aunque menos conocido entre los fieles y fuera de los círculos vaticanos.

  • Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, con perfil fuerte y buenas condiciones, pero demasiado joven aún (60 años).

La edad, por cierto, será un factor clave. El Colegio sabe que elegir a alguien de menos de 65 años puede significar un papado de varias décadas, algo que genera inquietud en tiempos tan inestables. Un perfil de entre 70 y 75 años podría ser ideal: ni demasiado corto ni demasiado prolongado.

Conclusión: ¿Francisco II o Papa de unidad?

Todo indica que no habrá un Francisco II. La Iglesia parece haber aprendido que un Papa que se perciba como disruptivo o improvisado, aunque bienintencionado, puede dejar secuelas institucionales difíciles de reparar. Por eso, los vientos parecen soplar hacia una figura europea, moderada, con sentido de la unidad y sin vínculos demasiado estrechos con ningún grupo ideológico extremo.

Pero como siempre en los cónclaves, lo único seguro es que nada está dicho hasta que el humo blanco se eleve.

Sobre Peretó Rivas

Rubén Peretó Rivas Doctor en Filosofía por la Pontificia Università S. Tommaso d’Aquino de Roma y diplomado con el Diploma Europeo de Estudios Medievales otorgado por la FIDEM (Lovaina). Ejerce la docencia universitaria como Profesor Titular Efectivo de Historia de la Filosofía Medieval en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo y de Antropología Médica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Mendoza

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