Periodistas, basta de llorar formas: la violencia real fue el kirchnerismo

Durante los últimos tiempos se ha vuelto común ver a algunos sectores del periodismo amplificar determinadas expresiones por parte del presidente Javier Milei en redes sociales y convertirlas en sinónimo de “violencia institucional”. Sin embargo, resulta imposible no mostrar la carta de la doble vara, y es que cuando la violencia real aparece y se …

Eliana Toro

Durante los últimos tiempos se ha vuelto común ver a algunos sectores del periodismo amplificar determinadas expresiones por parte del presidente Javier Milei en redes sociales y convertirlas en sinónimo de “violencia institucional”.

Sin embargo, resulta imposible no mostrar la carta de la doble vara, y es que cuando la violencia real aparece y se vio en demasía durante los 12 (o 16 años) que gobernó el kirchnerismo, el silencio fue altamente ensordecedor. No hubo comunicados, no hubo condenas, no hubo repudios hacia las “formas”… y un poco más que eso. 

Los primeros en denunciar los sobres

Cuando los sitios online de noticias recién aparecían a fines de la década de los 90 y principios de los 2000, la mayoría de esos pocos portales eran meramente la versión web del papel, pero apenas dos eran diarios digitales nativos: Perfil y Tribuna de Periodistas fundado en 2003 y activo hasta hoy.

Fue precisamente en ese medio, dirigido en ese entonces por el periodista de investigación Christian Sanz, que se publicó un artículo que sigue dando qué hablar hasta hoy “La cadena de la felicidad“. Allí se exponía cómo “contrariamente a lo que muchos podrían pensar, los periodistas que cobran dinero de la SIDE son demasiados. La mayoría de ellos ha sabido mantener oculta su condición de ‘colaborador'”.  El primer medio y el primer periodista en denunciar, con nombre y apellido a colegas “ensobrados”, como se dice ahora. Existió, existe y es una realidad, y fue denunciada por un periodista. La política no se animaba porque era justamente quien pagaba.

Desde ese momento y hasta el año 2015, la persecución del kirchnerismo al autor de esa nota y a quien escribe estas líneas fue feroz. Incluyó (y perdón, pero debo hacer una lista) intimidaciones como esta:

  • Sospechosas visitas de agentes de la AFIP a nuestros hogares, revolviendo y buscando desde la factura del mouse hasta el certificado original del Windows Office.
  • Allanamientos judiciales flojos de papeles.
  • Congelamiento de cuentas bancarias sin razón, durante semanas.
  • Seguimientos y aprietes por parte de personas seguramente de los servicios de inteligencia, llegando a la violencia física.
  • Amenazas telefónicas, anónimas y de funcionarios puntuales.
  • Hackeos al sitio web.
  • Operaciones de prensa de medios oficialistas solo por criticar al gobierno de turno.
  • Acusaciones de intento de desestabilización o golpe de estado solo por tuitear.

A quienes con Sanz les pedíamos ayuda para poder lidiar en soledad con esta arremetida estatal, fue entre otros organismos, FOPEA. Solo recibimos silencio. Hoy ese “foro de periodismo argentino” llora violencia por parte del Presidente y sus formas.

Y eso sólo en lo personal, ni hablar de periodistas, noteros y conductores de señales que después del conflicto con el campo de 2008 se ganaron el odio del kirchnerismo. Recuerdo que incluso al conductor del noticiero matutino de TN, Guillermo Lobo, llegaron a querer relacionarlo con la KGB, entre otros disparates lanzados desde el oficialismo.

Es por eso que no me cabe en la cabeza cómo se acusa de maltrato al Presidente por un par de posteos o por la opinión de dos tuiteros sin peso real, probablemente escritos sentados en el inodoro de su casa, mientras se ignoraron reales episodios de censura, aprietes y persecuciones que ocurrieron —literalmente— durante gobiernos anteriores.

Personalmente, fui nombrada con micrófono en mano por la propia Hebe De Bonafini en una de las míticas marchas de los jueves en Plaza de Mayo. “Cómplice de la dictadura”, me dijo, mientras leía una lista con otros nombres. Ni debe haber sabido que nací en democracia.

Basta también con recordar cómo, en una visita presidencial a Mendoza, se encerró a periodistas en un corralito por horas, en plena Vendimia con casi 40° de calor, por orden de la misma Cristina Fernández. O cuando a una periodista de TN casi la golpean en plena Feria del Libro. ¿Dónde estaban los escandalizados de hoy cuando todo eso pasaba?

Mínimo de cordura

Entiendo seriamente -por otro lado- que debe haber una camada de periodistas que temen que esas formas se transformen en hechos, y que una de las peores épocas para ser periodista (o meramente opositor) regrese. Comprendo que la escalada de muertes relacionadas con el kirchnerismo, como el triple crimen de General Rodríguez, el “accidente” del empresario sureño Victorio Gotti, entre otros, hizo que a todos nos corriera un horrible escalofrío por la espalda cuando nos enteramos de madrugada que el fiscal Alberto Nisman había aparecido muerto en su departamento.

Pero, ¿podemos al menos tener la honestidad intelectual de saber observar las diferencias entre unas “formas” y otras?

Sí. La indignación selectiva huele a hipocresía. Se condenan palabras y chicanas en redes sociales, pero se ocultaron y minimizaron acciones verdaderamente graves.

Ya es hora de dejar de bajarle el precio a la violencia real y de dejar de llorar por una mención en X por parte de un presidente con cero formación política, y cuya verborragia es parte de su marca registrada, y aplaudido (para bien o para mal) por parte de sus votantes. ¿Por qué esperan e incluso demandan protocolo de una persona que ganó las elecciones prometiendo hacer estallar el Banco Central? Si de verdad se defiende la libertad, que por favor se note cuando más se la necesita.

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