Un caso testigo y una reacción inesperada: las periodistas deportivas de Mendoza prefieren guardar silencio
Mendoza muestra particularidades que nos enorgullecen y la destacan en el país y el Mundo entero. Pero también es sabido que en muchas ocasiones los que habitamos este suelo, de vez en cuando y oportunamente, hacemos aparecer algo que los montañeses manejamos con gran habilidad: La indiferencia. Esa aparente falta de interés, a veces es …
Mendoza muestra particularidades que nos enorgullecen y la destacan en el país y el Mundo entero. Pero también es sabido que en muchas ocasiones los que habitamos este suelo, de vez en cuando y oportunamente, hacemos aparecer algo que los montañeses manejamos con gran habilidad: La indiferencia.
Esa aparente falta de interés, a veces es real y verdadera. Pero en muchas otras ocasiones da lugar a la aparición del rumor casi silencioso o al cuchicheo en voz bien baja, que quiere evitar el compromiso de una pronunciación frontal a viva voz.
Por lo visto, en un amplio sector de periodismo vernáculo, es más conveniente descansar en la zona de confort de no manifestarse “por si las moscas”, para dar paso a otra peor y lapidaria: “De eso no se habla”, no sea cosa que nos juegue en contra.
Este simple artículo periodístico apunta a narrar de la manera más fidedigna posible, el rotundo fracaso de un periodista que por curioso y hasta generoso (no es falsa modestia, es lo que pasó en realidad) se quedó con las ganas de poner a disposición de los lectores algo que pensó original, y que la realidad demostró todo lo contrario.
Queríamos preguntar —de hecho lo hicimos— y dar a conocer la opinión de las colegas periodistas deportivas, respecto a la llegada de Sebastián Villa a Independiente Rivadavia. Eso en su momento, ahora y sobre la base de los rumores hasta ahora no oficializados, se sumaría el interrogante: ¿Que piensan las mujeres que comparten nuestro oficio, acerca de la posible llegada del golero Sebastián Sosa? Como sabemos, este último implicado en el caso de violación y abuso en el cual habrían tomado parte jugadores de Vélez Sarsfield en Tucumán.
Tratamos de elaborar una nota con la opinión de la mayor cantidad de colegas. Concretamente tomamos nuestra agenda —somos antiguos, no lo podemos evitar después de 40 años de trabajo— y un total de 12 damas periodistas deportivas fueron consultadas. Solo contestó una, dos de ellas se excusaron para no responder con argumentos muy flojitos y las demás como se dice ahora, nos “clavaron” el visto.
Una de las que respondió al esgrimir un pretexto blandito al decir: “Como voy a la cancha no quiero que me maltraten o insulten”. La otra demostró ser democrática y aseguró: “Lo consulté con el grupo que hacemos el medio (un blog que no se actualiza desde noviembre pasado) y preferimos no opinar para que no nos escrachen”.
Reiteramos, solo pudimos tener una sola y única opinión como respuesta, de doce consultas realizadas, a las que siguieron dos excusas o abstenciones, y nueve líneas azules sin la mínima expresión.
“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, dice el eterno y sabio Joaquín Sabina.
Recibimos una muestra de indiferencia que raya con el ninguneo, que además se expresa con el cotorreo intrascendente de hablar por lo bajo. No sentar posición en este caso da protagonismo al chisme que lejos de ayudar destruye. No suma a la instalación de un tema candente que tiene a la mujer como claro centro de atención debido a siglos de maltrato.
El silencio es cómplice. Poco contribuye al crecimiento plural por el que abogan las posibilidades que brindan diferentes expresiones. Somos periodistas, nuestro deber es informar, tratar de formar opinión, lo que a la vez en situaciones como esta, se da la casi obligación moral de opinar.


