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Padecimientos y malestares de una internada del Hospital El Carmen (no matar al mensajero)

La víctima de la situación es una empleada pública de Mendoza.

Oscar Miguele
Oscar Miguele

A pocas horas de la celebración del Día del Periodista, recibimos en la redacción de Diario Mendoza Today un mensaje de WhatsApp que nos confirmó definitivamente que, después de tres años de fundado este joven medio digital, nuestro trabajo tiene sentido.

No queremos hacer autobombo, solo pedir en primer lugar que cuando las autoridades gubernamentales lean (sabemos que lo hacen) este artículo no tomen por el camino más corto, es decir “matar al mensajero”. No es nuestra culpa que en uno de los establecimientos sanitarios más importantes de la provincia y región, suceda lo que desarrollaremos a continuación.

Nos llegó a modo de denuncia, un mensaje de una paciente que se comunicó con nuestra redacción para hacer conocer lo que seguramente no es un solo caso aislado.

Jorgelina Luna es empleada pública. Trabaja desde hace años como planta permanente de la Dirección General de Protección de Derechos de niños, niñas y adolescentes, repartición en la que es delegada gremial del Sitea (Sindicato de Trabajadores Estatales Autoconvocados).

Desde el pasado 24 de mayo se encuentra internada en el sector denominado Padre Contreras, pasillo 19 del concurrido hospital El Carmen que como se sabe, se encuentra bajo la órbita de OSEP (Obra Social De Empleados Públicos de la provincia de Mendoza).

Su diagnóstico indica que sufrió un infarto de riñón y de vaso, seguramente provocado entre otras cosas por estrés laboral. Eso determinó la rápida internación, diagnosticada por su médico tratante, quien solicitó además una serie de estudios.

“Lo primero que me encontré en mi habitación fue que en el baño no había, ni al día de hoy tenemos, agua caliente”. Así de suavecito arrancó la descripción de Jorgelina con respecto a su situación.

Al respecto, pudimos averiguar que efectivamente, El Carmen desde hace rato presenta inconvenientes de mantenimiento, los que empezaron hace años, incluso antes de la pandemia. Hasta hoy se carece de un plan o proyecto alguno de mejoras, más allá de alguna que otra inauguración que poco tiene que ver con la toma de  determinación con atacar de  frente los problemas estructurales.

Para continuar, Luna aseguró: “Tampoco vino a verme el nefrólogo y tuve que salir a realizarme un estudio afuera del hospital, ya que según me dijeron que el aparato que sirve para hacer colonoscopías se encuentra fuera de servicio desde hace dos años. Razón por la cual debí abonar un coseguro de 25 mil pesos en un instituto, fuera de las instalaciones del mencionado nosocomio. No solo eso, antes de salir me tuvieron que higienizar con agua fría y toallas sanitarias por falta de agua caliente lo que me ocasionó un fuerte resfriado”.

La narración de la paciente continuó con datos alarmantes. “Desde mi cama a la guardia principal hay pocos metros. Escucho protestas de la gente y quejas permanentes ya que por lo visto la atención es mala y los profesionales están colapsados. Lo que sí debo decir es que la atención de los enfermeros es muy buena, pero que tanto el nefrólogo como el hepatólogo aún no me vienen a revisar. Estoy en medio de una gran incertidumbre”, concluyó Jorgelina Luna.

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