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Los severos problemas de gestión de un presidente itinerante

Los defensores a ultranza del Gobierno asignan una importancia superlativa a los encuentros presidenciales con figuras como Elon Musk o Mark Zuckerberg. Y tienen parte de razón. Pero quedó muy expuesto en una semana complicada el poco interés que Milei asigna a la gestión de su gobierno. De momento, eso no se nota en las encuestas. Por José Angel Di Mauro.

Una de las modificaciones más importantes incluidas en la reforma constitucional de 1994 fue sin dudas la creación de la figura del jefe de Gabinete de Ministros. Fue a instancias de Raúl Alfonsín, inspirado en el parlamentarismo europeo y con la expectativa de que esa figura pudiera descomprimir el papel del Presidente de la Nación, en medio de las crisis recurrentes que vive la Argentina.

A lo largo de estos 29 años que pasaron desde la creación de ese cargo clave en cualquier administración, hubo 18 jefes de Gabinete –Guillermo Francos todavía no asumió, lo hace este lunes- y difícilmente pueda encontrarse aun entre los propios convencionales que redactaron la Constitución alguno que esté satisfecho con el papel que han tenido quienes ocuparon tan alto cargo. De hecho, cuando hace poco más de dos semanas se realizó en la Cámara baja una jornada evocatoria de los 30 años de la sanción de la nueva Carta Magna, el actual presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti –que por entonces era el joven vicepresidente de la bancada de convencionales justicialistas-, reconoció tener algunas reservas respecto de los contenidos de esa reforma, citando en primer lugar la figura del jefe de Gabinete, que para él “no terminó de funcionar”.

El décimo octavo de los jefes de Gabinete lejos estuvo de cumplir medianamente sus objetivos, mucho menos los de actuar como “fusible”. No lo fue Nicolás Posse, el amigo personal del presidente Javier Milei que terminó yéndose por la puerta de atrás. Y contrariamente a lo que pudiera corresponderle a un cargo de semejante envergadura, resultó eyectado cuando la gestión actual ni siquiera ha cumplido medio año.

No es el primer ministro de este Gobierno que se va, recordar a Guillermo Ferraro, otrora titular de Infraestructura y sobre todo la mala manera como le tocó irse. El despido de Posse fue también hostil, acorde a cómo fueron sus últimos días en el cargo. El exjerárquico de Corporación América arrancó la semana con la certeza de que estaba “de salida”, y no alcanzó a sobrevivir siquiera ese primer día. Si bien había dicho que esperaría al desenlace de la ley de Bases para reconfigurar su gabinete, Javier Milei lo despidió -con un ninguneo notorio en las redes- antes de partir a Estados Unidos.

La importancia de Posse en el esquema mileísta de gobierno la daba el hecho de integrar él la mesa chica de esa administración. Algo debe haber cambiado, pues al tiempo el jefe de Gabinete dejó de compartir ese selecto grupo con Milei, Karina Santiago Caputo. Siguió ocupándose, sí, de manejar la relación con Estados Unidos, aunque ya de capa caída no había sido integrado a la comitiva que viajaba el lunes pasado a ese país.

Otro botón de muestra de que la relación había dejado de ser armoniosa la da lo que el representante de un fondo inversor muy importante que se reunió con Milei tiempo atrás contó a quien esto escribe. Interesado, y tras evacuar sus principales dudas, el Presidente mandó a ese representante de un sector muy lejano a los intereses de Washington a continuar el diálogo con representantes del Palacio de Hacienda. ¿Por qué no con Posse?, le preguntaron, a lo que el mandatario contestó con naturalidad: “Porque es hombre de Estados Unidos”.

Más allá de las causas que desencadenaron la caída en desgracia del ex jefe de Gabinete, algunas de las cuales se conocieron los últimos días y fueron generadoras de gran inquietud, la realidad es que la tarea de coordinación del Gobierno, que es la función principal que corresponde a ese cargo, ha dejado mucho que desear en el tiempo que esa administración lleva de gestión, según coinciden propios y extraños. La cobertura de cargos ha sido siempre un punto flaco y prueba de ello es el gran porcentaje de segundas y terceras líneas sin nombrar. Motivo por el cual muchos son los funcionarios de la anterior gestión que permanecen en sus cargos y hasta han sido promovidos. Más de uno -o una- se han transformado en fervientes libertarios; pero amén de ese dato anecdótico, lo cierto es que hay permanentes falencias en la gestión, y en las últimas semanas se han puesto más en evidencia.

Se dio en la cartera que conduce Sandra Pettovello, un ministerio gigantesco que nuclea demasiadas áreas muy diversas y cuyos resultados ponen en duda el modelo de gestión. Lo sucedido con el reparto de alimentos en un país donde hay hambre roza el escándalo. Pero también fue muy grave la situación planteada en materia energética, donde afloraron la última semana problemas que muchos creyeron superados cuando se inauguró el gasoducto Néstor Kirchner.

Los últimos días el país se quedó sin Gas Natural Comprimido (GNC), desnudando la falta de previsión del Gobierno, que debió revertir esta semana un mandamiento de la Biblia libertaria: la decisión de eliminar la obra pública. El lunes pasado se publicó en el Boletín Oficial la autorización para realizar una obra para llevar el gas de Vaca Muerta al norte del país. Se trata del reversal que permitirá abastecer a siete provincias que antes recibían el gas de Bolivia, pero ahora que ese país se está quedando sin fluido, necesitan recibirlo desde el sur. Se trata de una obra sencilla, no más de 100 kilómetros, que debió haber arrancado el año pasado.

En esta crisis energética hubo errores compartidos entre la administración actual y la anterior. El Gobierno de Alberto Fernández debió haber comenzado esas obras, pero no lo hizo, y éste no se ocupó tampoco: ni del reversal, ni del Néstor Kirchner. No llegaron a terminar la construcción de las plantas compresoras que son las que permiten poner más gas dentro de los caños.

Por eso el gasoducto funciona a medias: podría transportar 22 millones de metros cúbicos, pero está transportando la mitad, ya que no se hicieron las plantas compresoras. No eran un gran gasto: el gasoducto costó 2.500 millones de dólares y las dos plantas que faltan valen 50 millones.

Los expertos en energía coinciden en que las autoridades energéticas “se durmieron” también con los barcos gasificadores. El Gobierno solo importó 20, cuando el año pasado para esta época ya había comprado 40. Fue, claramente, para gastar menos dólares, en aras de mostrar el mantenimiento del superávit, pero el invierno llegó antes y ese “ahorro” saldrá caro, porque hay que importar a las apuradas.

Providencialmente ubicaron un buque de GNL de Petrobras, cuya carga quisieron adquirir sin licitación el último martes, pero una vez aquí, la petrolera se negó a descargar, exigiendo el pago en dólares “cash”. El “no hay plata” no conmovió a los brasileños, aunque finalmente el Gobierno de Lula accedió al pedido expreso de Diana Mondino y pudimos superar la emergencia. Debiera aprender Milei que en la relación entre Estados, los resquemores personales se dejan de lado.

Pero el presidente argentino tiene una particular visión de las relaciones exteriores y está convencido de que es preferible privilegiar los encuentros con figuras de otros rubros por sobre las visitas de Estado. Así es que estuvo toda esta última semana fuera del país, alejado de los problemas de la Argentina, siendo su hermana la que estuvo en contacto permanente para ser interiorizada sobre el día a día, según se afirma. Empoderado con su nueva designación, Guillermo Francos tuvo esta vez vía libre para definir e hizo más concesiones el miércoles pasado, cuando nuevamente parecía que la obtención del dictamen se diluía ante más reclamos. Finalmente consiguió revertir las posturas de tres senadores y se aseguró no solo el dictamen, sino también la votación en general de la ley de Bases y el paquete fiscal, lo que implica que habrá ley en tres o a lo sumo cuatro semanas.

Entre tantos errores, fue una buena decisión presidencial encaramar al frente de la Jefatura de Gabinete al ministro más político. Pero sobre todo, darle las herramientas suficientes para negociar.

Así y todo, pese a las complicaciones que se multiplican y en otra semana donde las únicas buenas noticias para el Presidente fueron esos dictámenes y su foto con Mark Zuckerberg, Milei siguió celebrando porque las encuestas le siguen sonriendo.

Amén de la relativa confiabilidad que puedan tener, el Presidente prefiere ver la parte del vaso lleno que lo muestra con una imagen positiva del 58,7%, mientras que el ministro de Economía que lleva adelante un monumental ajuste está quinto con 51,6 puntos. Así lo muestran la encuesta de Giacobbe Consultores, que tiene a Manuel Adorni tercero, con 56,2% -¿se está gestando un candidato para CABA o PBA?-. No solo eso, Milei se entusiasma con el 57,3% que dice creer que lo peor en materia económica ya pasó, soslayando el 42% que por el contrario cree que lo peor está por venir.

Menos alineada con los deseos oficialistas, pero también bastante positiva, una encuesta de la Universidad de San Andrés muestra un 41% de satisfacción con la marcha general de las cosas a 6 meses de asumir Milei, 10 puntos más respecto del mes de marzo.

El Presidente tiene un 48% de aprobación, 3 puntos menos que en marzo. Pero hay un dato que se lleva toda la atención. Mérito del Gobierno, la preocupación por la inflación ha descendido al 34%. Pero ahora figura en primer lugar la preocupación por los bajos salarios, con el 36%. En segundo lugar está un tema que no suele figurar alto: la pobreza (35%), relegando incluso a la inseguridad al tercer lugar (31%).

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