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Milei y un 25 de Mayo en soledad

La convocatoria al Pacto de Mayo fracasó por problemas de forma y de fondo. Por Enrique Arriaga.

El presidente Javier Milei no tuvo mandatarios con quienes compartir el tradicional locro patrio. Pasó su primer 25 de mayo como presidente como pasó tantas navidades y cumpleaños a lo largo de su tortuosa vida. Solo. O con sus perros y su hermana, que es más o menos lo mismo.

Finalmente, no hubo Pacto de Mayo. El Senado de la Nación, con todas sus contradicciones a cuestas, demoró el dictamen de la ley de bases, que el propio presidente había planteado como condición necesaria, lo suficiente como para recordarle que existen otros poderes, además del suyo.

La puesta en escena en el Luna Park disimula apenas su aislamiento y su incapacidad para traducir su ansia ajustadora en instrumentos administrativos y legales. Justamente, lo que el FMI espera de él. Tampoco cambiaría nada que un par de millares de cordobeses se acerquen a vivarlo y festejarle su ya conocido repertorio. La soledad de Milei es política y por eso acaso más peligrosa que la existencial.

Los gobernadores que “la vieron”

“El diálogo debe ser con respeto”. “Nunca será posible un acuerdo si antes no se respeta la Constitución Nacional”. “No se construyen consensos pretendiendo poner de rodillas al otro, agrediéndolo y quitándole lo que le perteneces y debe defender”. Estas son algunas frases del extenso tuit que publicó el gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, el 2 de marzo al mediodía, cuando la convocatoria, celebrada por los medios adulones como un gran acierto, no tenía ni 24 horas.

No fue un tuit aislado. Esta última semana explicó porqué él y sus legisladores se oponen tanto a la vuelta de ganancias como a la reducción de bienes personales. Los radicales, en muchos casos intendentes, es decir dirigentes con responsabilidad territorial, están más cerca de esa posición que del seguidismo que practica el desorientado Pro.

El otro que “la vio” fue Axel Kicillof. “Si es para la foto, para el marketing, empiecen sin nosotros”, chicaneó el bonaerense, que además inició una política de relacionamiento mano a mano con sus pares, tendiente a superar prejuicios y prevenciones históricas, de las demás provincias hacia Buenos Aires, y de las otras fuerzas hacia el kirchnerismo. Lo refrendó el fin de semana, en el acto de Florencio Varela, con un discurso nacional, con valores opuestos al egoísmo y sálvese quién pueda dominantes.

Ambos gobernadores realizaron además respectivas presentaciones ante la corte suprema, en reclamo del FONID, el FOFOFI y las transferencias de ANSES que complementan haberes jubilatorios.

Los que no tanto

La contracara de esta actitud decidida está en los costos crecientes que pagan los dadores de gobernabilidad u oficialistas seriales. Porque el modelo es insostenible, como lo demuestra la creciente reacción popular en Misiones, que es un llamado de atención para el jefe político de ese distrito, Carlos Rovira, y porque Milei paga mal o, mejor dicho, deja pagando a los que lo cortejan, con Llaryora a la cabeza.

Los demás gobernadores patagónicos, más allá de su valentía estival, siguen siendo ambiguos. Confían en las regalías petroleras, a pesar del daño que generarían en la región medidas como el impuesto a las ganancias, el tarifazo energético y una reestructuración o privatización de Aerolíneas Argentinas.

Mientras Nacho Torres, de Chubut, empieza a esbozar cierta independencia de criterio respecto del ex presidente Mauricio Macri, Rolando Figueroa, gobernador neuquino por la segunda marca del MPN, y su émulo Alberto Weretilneck, de Juntos Somos Río Negro, siguen tratando de evitar la línea planteada por Kicillof y Ziliotto.

Frente al abandono de las rutas nacionales por parte de la nación, presentaron en sus respectivas legislaturas proyectos que habilitan la concesión privada de rutas y el cobro de peajes. Ni una queja ni un reclamo judicial contra el presidente cantante. En Neuquén, sólo Unión por la Patria y la izquierda se pronunciaron contra esta secuela de los años noventa. UP además, propuso un proyecto alternativo: que pague la industria petrolera, con un canon directo, por ser la responsable del deterioro de los caminos.

A la vez, el reclamo de esas dos provincias a la administración central de constituir una empresa mixta para gestionar las hidroeléctricas, cuyas concesiones vencieron en 2023, se desinfla lentamente. Surge entonces la pregunta por la capacidad digestiva de esos mandatarios: cuántos sapos bañados en petróleo pueden tragarse.

El fueguino Gustavo Melella la tiene más complicada. Firme en la cuestión Malvinas y en todo lo tocante a la soberanía es, muy a su pesar, rehén del régimen de promoción industrial, sin el cual la isla se despoblaría en semanas.

En conclusión, llegamos a mayo sin pacto y el presidente dice que si no salen las reformas ahora saldrán después de lo que imagina será una victoria aplastante en las legislativas de 2025, sin reparar que eso implica entregar medio mandato, mientras el deterioro de la calidad de vida, como consecuencia de su modelo, se va imponiendo de modo inexorable.

Hay gobernadores que toman riesgos, otros que esperan y otros que todavía cortejan al presidente. Parece oportuno recordar aquella frase de Néstor Kirchner, “no pasarán a la historia los que especulen sino los que más se la jueguen”.

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