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¿Quo vadis Israel?

El analista internacional sostiene que en tanto el gobierno de unidad formado esta semana por Benyamin Netanyahu no anuncie los objetivos de la intervención en la Franja de Gaza toda solución política será imposible. Por Eduardo J. Vior.

El éxito o fracaso de toda iniciativa política se mide en relación a sus objetivos, limitados por naturaleza. Este axioma tiene todavía más aplicación en tiempos de guerra. Una operación militar sin objetivos claros está condenada al fracaso, aunque el ejército que la emprenda logre destruir físicamente a su enemigo. Si no sabe qué quiere alcanzar, no le puede imponer su voluntad y si no lo hace, la reconstrucción de una fuerza enemiga aún más poderosa es sólo cuestión de tiempo. Después del shock que le produjo el ataque comando de Hamás y Jihad Islámica el pasado 7 de octubre el liderazgo israelí aún no logra enunciar qué pretende alcanzar con la ya iniciada invasión a la Franja de Gaza. Mientras Israel no determine los fines y objetivos de su operación, no podrá evitar nuevos y más poderosos golpes de la Resistencia Palestina.

El gobierno de coalición israelí ha emprendido una operación punitiva contra la población de la Franja de Gaza. Su infantería realizó el viernes sus primeras incursiones en el norte de la misma y el primer ministro Benyamin Netanyahu afirmó que la represalia no había hecho más que empezar. Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron a Fox News que sus fuerzas entraron en la Franja para llevar a cabo incursiones localizadas. No se trata todavía de la tan esperada invasión.

El ministro de Defensa Yoav Gallant anunció que el objetivo de la operación es “arrasar la Franja”. Israel ha cortado el suministro de agua, electricidad y medicamentos a todo el distrito hasta que los rehenes hayan sido liberados. Mientras tanto, está bombardeando masivamente el territorio. Al menos 200.000 gazatíes ya han quedado sin techo y han huido hacia el sur de la Franja.

Hasta ahora los bombardeos de Israel en Gaza dejaron 1800 muertos. En el plano internacional, Irán y Catar han sido los únicos países que han manifestado su apoyo a la operación de Hamás. Por el contrario, todas las potencias occidentales respaldan a Israel contra los “terroristas”. Rusia, China y el Vaticano, por su parte, han llamado a las partes a respetar el Derecho Internacional.

La Franja de Gaza no ha recibido “ni una sola gota de agua” en los últimos seis días y las reservas se están agotando. También se están vaciando los depósitos sanitarios. La ONU y otros organismos internacionales están realizando intensas gestiones ante Israel, para que permita la llegada de ayuda para la población civil a través del paso de Rafah, que comunica la Franja con Egipto, pero hasta ahora no han tenido eco. Por su parte, su secretario general, António Guterres, afirmó en Nueva York que la evacuación de 1,1 millones de palestinos del norte de Gaza ordenada el viernes por la mañana por Israel es extremadamente peligrosa y exigió al gobierno israelí que cancelara la orden, porque conduciría a un desastre humanitario.
A su vez, las autoridades egipcias este viernes todavía se resistían a abrir el paso de Rafah, para que los refugiados entraran a su país, porque temen la repetición de la Nakba, o “catástrofe”, cuando en 1948 el naciente Estado de Israel expulsó a medio millón de palestinos cuyos descendientes hoy todavía viven en la diáspora, la mayoría en los países árabes vecinos.

Excepto el gobierno de Benyamin Netanyahu, nadie quiere que la guerra entre Israel y Hamás se expanda a la región. Especialmente las grandes potencias están tratando de acordonar la zona. Al parecer, Estados Unidos y Rusia habrían llegado a un acuerdo para no oponerse a la represalia de Israel, pero le exigen que tenga objetivos claros, se limite en el tiempo, respete a la población civil y no exceda los límites de la Franja de Gaza. Así lo expresó Vladímir Putín el viernes en Biskek, Kirguistán. “Israel fue atacado con una brutalidad sin precedentes y tiene derecho a defenderse, aclaró, pero hay que esforzarse por resolver el asunto por medios pacíficos. Una solución del conflicto solo es posible mediante la creación de una Palestina independiente con Jerusalén Este como capital”, explicó. Previamente, al llegar al país centroasiático, en diálogo con la prensa el mandatario ofreció la mediación de Rusia para mediar en el conflicto aprovechando las buenas relaciones que tiene con ambas partes.

Al mismo tiempo, en una rueda de prensa en Doha el secretario de Estado norteamericano Antony Blinken informó que “la Administración de EE.UU. está trabajando con socios y organizaciones internacionales para crear zonas de seguridad para la población pacífica de la Franja de Gaza”. El secretario de Estado ha estado toda la semana de gira por la región en un viaje que lo ha llevado sucesivamente a Jerusalén, Doha, Dubai y Riad. Al mismo tiempo, su colega de Defensa, Lloyd Austin, ratificó este viernes en Jerusalén que EE.UU. apoyará a Israel en su revancha contra Hamás, pero no se involucrará directamente.
Entre tanto, el enviado especial de China para Oriente Próximo visitará los países de la región en un futuro próximo, declaró el viernes el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi el máximo diplomático chino afirmó que China considera imperativo que se establezca un alto el fuego lo antes posible.

La parte principal de la crisis actual se desarrolla ahora dentro del propio Israel. Sus líderes aún no definen los objetivos de la operación en la Franja de Gaza ni sus planes para el futuro de ese territorio y esta incertidumbre aumenta la angustia y la desorientación de la población israelí. En una sesión informativa celebrada el jueves, el propio presidente Isaac Herzog se mostró sombrío, dolido y centrado en lo que quería que el mundo supiera. Recordó los crímenes contra la población civil que se produjeron durante el ataque del sábado 7, reprodujo algunas versiones luego desmentidas del gobierno y expresó sentidamente su conmiseración con los agredidos.

Sin embargo, su calificación de los hechos es ambivalente: cuando acusó a Hamás de haber cometido “crímenes de guerra”, elevó a la organización islamista al nivel de actor beligerante. Ya no es un grupo terrorista –como insisten el gobierno israelí y sus aliados-, sino un actor beligerante de pleno derecho. Otros de los mensajes fueron polémicos. El presidente describió la vida en Gaza durante los dos últimos años como “muy tranquila”. Israel, dijo, “abrió sus fronteras” y permitió la entrada de más de 10.000 trabajadores gazatíes. Cuando se le preguntó qué podía hacer Israel para mitigar el número de víctimas civiles en Gaza, se irritó. Gaza es un Estado, respondió. Sin embargo, nada de esto es cierto: Gaza no es un Estado, sino un territorio del futuro Estado de Palestina. En segundo lugar, nunca dejó de haber lucha en la frontera y los permisos otorgados para trabajar sólo cubrieron el 10% de la demanda. Las confusiones y falsedades del presidente expresan la falta de solidez general de los argumentos del liderazgo israelí: se niegan a aceptar la realidad y, por consiguiente, no pueden hacer propuestas realistas.

Lo mismo sucedió con la prevención del ataque del sábado 7. El 30 de septiembre el jefe de la inteligencia de Egipto informó personalmente al primer ministro israelí sobre el ataque en ciernes de Hamás, según declaró una fuente egipcia. Sin embargo, Netanyahu reaccionó indiferentemente ante la advertencia, respondiendo que el ejército israelí estaba demasiado ocupado en Cisjordania como para ocuparse de Gaza. Por supuesto, el líder israelí niega la versión, pero los indicios que la confirman son abrumadores.

Uno de los argumentos de líderes israelíes, para no precisar los objetivos de su expedición punitiva es el riesgo de que Hezbolá ataque en la frontera con Líbano, abriendo así un segundo frente que pondría a Israel en verdadero riesgo. Sin embargo, aunque la organización chiíta libanesa confirmó su apoyo a la resistencia palestina con algunos lanzamientos de cohetes, se abstuvo de intervenir en combates junto a Hamás. Israel respondió también bombardeando un pequeño enclave fronterizo en litigio con Líbano, pero los libaneses no respondieron. En todo caso, ambos bandos han evitado cuidadosamente la apertura de nuevas hostilidades.

Si quisiera pacificar el conflicto, “Bibi” Netanyahu, en realidad, debería hablar con R.T. Erdogan, el “Sultán”. Los dirigentes de Hamas viven actualmente en Turquía bajo la protección de los servicios secretos de ese país. Es Ankara quien pilotea a Hamás y la operación “Diluvio de Al-Aqsa”. Erdogan ha optado por desatar este nuevo conflicto justo después del fin de la República de Artsaj (Nagorno Karabaj) en Azerbaiyán y mientras envía material militar a Rusia burlando el bloqueo norteamericano. Eso hace pensar que los diplomáticos turcos ya no temen a Washington, a pesar de que Estados Unidos trató de asesinar al presidente Erdogan en el intento de golpe de estado en 2016. En cuanto termine esta operación, probablemente Turquía inicie otra contra los kurdos en Siria y en Irak. En este último país va a ser ayudada por Irán, ya que desde sus bases en el Kurdistán iraquí británicos, norteamericanos e israelíes permanentemente infiltran terroristas dentro de la República Islámica.

Lo que hoy sucede entre Palestina e Israel es el resultado de 75 años de opresión del pueblo palestino y de violación del Derecho Internacional. Israel ha violado decenas de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, sin que se adoptaran sanciones en su contra y ha impedido deliberadamente el desarrollo económico de los territorios ocupados, favoreciendo al mismo tiempo la creación en Gaza de un Estado separado. Desde 1973 no ha sufrido ninguna amenaza existencial. Ha incumplido el pasaje de los acuerdos de Camp David de 1979 que preveían su retiro a los límites de 1967 y negociaciones de paz con los palestinos. Ha incumplido también los acuerdos de Oslo de 1993, al impedir que la Autoridad Palestina ejerza realmente su gobierno sobre los territorios ocupados. Ha instalado 600.000 colonos en Cisjordania, robando la tierra de los campesinos palestinos, usa el abastecimiento de agua como un arma, persigue, encarcela y mata, muchas veces a jóvenes, ancianos y niños.

En las prisiones israelíes hay 1600 palestinos, muchos de ellos mujeres y niños. La frustración y los sufrimientos acumulados durante 75 años se traducen en los comportamientos violentos y crueles de algunos palestinos. No son justificables, aunque sí entendibles.

No obstante, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu sigue prometiendo la victoria, pero, ¿en qué consistiría esa “victoria”? Matar a todos los combatientes del Hamas no resolverá 75 años de injusticia. Desplazar a 1,5 millones de gazatíes y arrasar la Franja sólo puede suscitar una mayor sed de venganza.

Rusia y Estados Unidos se están esforzando para controlar el conflicto, evitar que escale y se desborde. Aceptan el derecho de Israel a obtener reparaciones por el ataque sufrido el día 7, pero quieren reducir al mínimo el sufrimiento de la población civil. Ninguno de los dos quiere abrir en la región un segundo frente. Por otra parte, Moscú mantiene excelentes relaciones con todos los actores de la región, especialmente con Netanyahu. China, por su parte, rechaza todo tipo de guerras. Además, tiene los mejores vínculos con Irán y Arabia Saudita, por un lado, pero también con Israel. Al contrario, incluso, pretende ampliar su papel arbitral en la zona, para llegar a una amplia paz entre Israel y sus vecinos que ella cimentaría incorporando a toda Asia Occidental a la Franja y la Ruta.

Él escalamiento de la guerra podría evitarse con un alto el fuego y la salida de los principales mandos de Hamás de la Franja bajo la garantía, por ejemplo, de Turquía, aunque sea por algún tiempo. Sin embargo, la precondición para cualquier negociación que evite la profundización y ampliación de la guerra es que Israel defina públicamente hacia dónde quiere ir y cuáles son sus límites.

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