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¿Ecoparque o Ecoabandono? El triste presente de una buena idea (y sólo eso)

Al menos por ahora.

Oscar Miguele
Oscar Miguele

Una de las satisfacciones de hacer periodismo, es saber que los lectores acuden a nosotros para hacer conocer inquietudes y preocupaciones, sin dejar de lado lo que se considera fuera de lugar o perjudicial para la vida cotidiana de una comunidad que a pesar de todo multiplica ingenio para avanzar.

Por esta razón, mediante una comunicación a modo de denuncia que llegó a la redacción, hecha por empleados de la Dirección y Administración de Parques y Paseos Públicos de la provincia de Mendoza, surgió el interés en investigar el estado de las a obras que oportunamente se anunciaron y que iban a ser ejecutadas al pie del emblemático Cerro de la Gloria.

Todos los mendocinos lucíamos con orgullo el hecho de contar en nuestra provincia con un zoológico muy bello y logrado. Hoy, las obras están paralizadas desde el pasado mes de enero, lo que abre un sinnúmero de interrogantes e inquietudes.

Hay que recordar que durante ese mes, el Ejecutivo comandado por Alfredo Cornejo dio a conocer el llamado a licitación para una destacada construcción en el mencionado lugar. “La exboletería del Ecoparque se transformará en punto clave de educación ambiental”, era el titular del comunicado de prensa oficial emitido en ese tiempo estival.

Ecoparque

Textualmente se podía encontrar en esa nota: “El proyecto forma parte de un Fondo de Aportes No Reembolsables otorgado por GEF (Global Environment Facility), ejecutado en Argentina a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y, como asociado en la implementación, el que fue Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación (MAyDS).”

En ella se aclaraba, para tranquilidad de los contribuyentes: “Es de suma importancia destacar que estos aportes no requieren de erogaciones extraordinarias de fondos del presupuesto provincial, sino que utilizan recursos humanos, bienes de capital y movilidad con los que el Estado provincial ya cuenta para el desarrollo regular de sus competencias.”

Bajo el frío de un otoño crudo, los que pasan hoy por las deterioradas calles de la zona en cuestión, sobre todo al transitar la rotonda del Parque Aborigen -asfalto detonado y maltrecho, por cierto- o suben al Monumento al Ejército de los Andes, perciben sólo calma y quietud, a la que se agregan los sonidos de los bichos (cariñosamente) que aún habitan entre lo que fue una maravilla mendocina. De obras y movimientos de construcción, cero.

Los animales que quedan en el solar abandonado son elefantes, ciervos, antílopes, monos de las especies más variadas, una sola tigresa y liebres. Pocas especies, pero aproximadamente, según los empleados, quedarían 2.000 criaturas salvajes que se pasean relativamente tranquilas ante la ausencia del público que se deleitaba al verlos en recordados tiempos felices… ponele.

Con respecto al cuidado sanitario de la fauna sobreviviente, las autoridades de esta gestión hicieron rotación de veterinarios. Algunos se tuvieron que ir y otros sorpresivamente se alejaron en busca de mejores condiciones económicas con su respectivo reconocimiento profesional. Los que llegaron son ideológicamente afines a la gestión, ya que se trata de adscriptos o trasladados de otras dependencias, como el hipódromo.

La comida que se le suministra es de menor calidad y cantidad que la de hace años, según aseguraron a este medio los trabajadores que aún permanecen. A tal respecto, se suma la incertidumbre del personal con antigüedad, ya que no saben qué será de sus futuros destinos ante el avance de las empresas privadas que junto al Estado concretan algunas acciones.

Una de ellas fue la comunicada también por la prensa estatal, el 3 de abril pasado: “El Ecoparque destina su primera carga de poda a generar biomasa”. Al parecer, el descuidado paisaje otrora reflejado en viejas postales, maltrecho y todo, genera recursos muy bien aprovechados. La poda de árboles genera divisas.

Parque San Martín
Parque General San Martín

“Se ha llevado una carga de camión con madera, producto de la poda dentro del Ecoparque, para trabajarla como biomasa. La idea es que todo el residuo verde se utilice de esa manera y no llegue a disposición final en el vertedero”, explicó oportunamente hace un tiempo Ignacio Haudet, director de Biodiversidad y Ecoparque en su momento, al justificar o argumentar el convenio entre el Ministerio de Energía y Ambiente y la empresa de innovación sustentable Dervinsa, con sede en la localidad de Palmira.

Desde enero, se paralizaron las obras, y sólo quedan cinco empleados de la empresa adjudicataria. En los momentos en los que se trabajaba a full, los operarios superaban los 100.

Algo para recordar

La creatividad, acompañada con prodigiosa visión de futuro de nuestros antecesores, dio lugar a un sitio que nos distinguió en su máxima expresión.

Primero, con la magnífica traza del Parque General San Martín, en el año 1896, de la mano de Carlos Thays, para en 1903, durante la gestión del Gobernador José Galigniana Segura, cortar las cintas simbólicas de lo que fue, hasta el 21 de mayo de 2016, un lugar de recordados e inolvidables paseos.

Los tiempos cambiaron, la óptica científica y la concientización dieron por terminado el periodo histórico que fundamentaba la existencia de este tipo de reservas naturales mundialmente denominados “zoológicos”, y apareció en Mendoza la buena idea del “Ecoparque”. Otra vez, una buena idea, por ahora, solamente eso y nada más.

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