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Los desquiciados chats del estafador mendocino Giovanni Caroglio (y la denuncia que me hizo por extorsión)

Un hombre con graves alteraciones mentales que apela a manotazos de ahogado para zafar de lo imposible.

Christian Sanz
Christian Sanz

Giovanni Caroglio no necesita presentación: es un conocido estafador mendocino cuyas trapisondas fueron reveladas en exclusiva por Diario Mendoza Today hace más de dos años.

La trama arrancó de la misma manera que suelen comenzar muchas investigaciones periodísticas: con el testimonio de puntuales personas que habían sido engañadas por el hoy denominado “Cositorto mendocino”.

A todos les había prometido ganancias desorbitantes en dólares a través de dos proyectos, Cripto Country y We Are Capitals, cuyos detalles fueron explicados in extenso en este mismo medio.

Como ocurre en todas las estafas piramidales, en un principio Caroglio y sus socios pagaron los intereses como corresponde. Sin embargo, a los pocos meses dejaron de hacerlo. Sencillamente porque se trataba de una estructura de imposible cumplimiento. Igual que en cualquier esquema Ponzi.

Como sea, luego de publicar mi primera nota periodística, en junio de 2022, Caroglio me escribió por Whatsapp tratando de que me apiade de él: “Mañana me entregan un premio de distinción al mejor proyecto de Latinoamérica y me estás manchando la imagen hermano”.

Unos días más tarde, viendo que no había funcionado su estrategia, intentó por otro lado: “Christian buenas noches. Ya me quedan sólo 9 clientes. Quería avisarte para cuando termine las liquidaciones puedas bajar esa nota que me está manchando la imagen mucho y no me lo merezco”. Su desesperación se notaba a la legua.

Y a pesar de que yo no respondía a sus mensajes, Caroglio insistía: “Es muy ofensivo todo lo que has puesto, estás haciendo cualquier cosa y los informantes tuyos no deben ser los mejores de eso seguro. Son todas mentiras”.

Lo antedicho viene a colación de una de sus últimas declaraciones judiciales, donde aseguró que yo lo estaba extorsionando. Más aún, avanzó en la pertinente denuncia judicial contra mi persona.

Es curiosa la acusación, sencillamente porque para extorsionarlo tuve que haberme comunicado con él para hacérselo saber. Al menos tuve que responderle algún mensaje, lo cual no ha sucedido. Más aún: la siguiente captura muestra la gran cantidad de llamadas que me hizo Caroglio y que jamás le respondí. ¿Cómo pude extorsionarlo sin siquiera hablarle?

Debe agregarse que el hoy malogrado timador sabía elogiarme: “Sé el gran periodista que sos y cómo defendes los derechos y repudiás la corrupción”, me dijo en julio del año pasado.

En la misma conversación —la cual, insisto, jamás respondí— arriesgó: “Es por esto que te entiendo, pero por esto mismo quiero dejarte por escrito aquí y que algún día dentro de no mucho me des la razón”. 

Visto lo que sucedió finalmente, estoy lejos de dar crédito a la última parte de su mensaje. Aquello de “poder darle la razón”. Carogko terminó con sus huesos tras las rejas luego de haber timado a un centenar de personas. Ello me exime de mayores comentarios.

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