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Es mendocino, jugó con Riquelme, cayó preso por un asesinato y ahora enfrentará a Racing

El mediocampista de Coquimbo Unido que nació en General Alvear, Mendoza.

Luciano Cabral, una promesa de Argentinos Juniors, vio su vida dar un giro inesperado cuando fue arrestado en enero de 2017 por su presunta participación en un homicidio.

Comenzó en las juveniles de Sport Club Pacífico, Andes Football Club, Ferro Carril Oeste (todos de General Alvear, donde nació. En 2014 llegó a compartir equipo con Juan Román Riquelme, quien transitaba sus últimos meses como profesional en la entonces Nacional B.

A pesar de sus logros en el fútbol, incluido un paso por Atlético Paranaense en Brasil, Cabral fue condenado a más de 9 años de prisión por su implicación en el crimen. Aunque inicialmente negó su participación, las pruebas de ADN lo vincularon al caso.

Después de cumplir parte de su condena, Cabral volvió a entrenar con Argentinos Juniors en 2022 y luego firmó con Coquimbo Unido en Chile, donde ha tenido un buen desempeño.

Ahora, se prepara para enfrentar a Racing en la Copa Sudamericana después de una larga trayectoria llena de altibajos.

El caso

El 1 de enero de 2017, Joan Ariel Villegas Gualpa, de 27 años, se enfrentó a un grupo con el que tenía conflictos anteriores en el barrio Los Inmigrantes, mientras realizaba compras en un kiosco, resultando en su fallecimiento debido a un golpe en la cabeza con una piedra durante el altercado.

Dos días después del trágico evento, Luciano Cabral se presentó voluntariamente en la Comisaría 14ª de General Alvear, junto con su padre José Cabral, su primo Axel Olguín y Hugo Brian Santana, quienes también fueron detenidos. Cabral fue trasladado al Complejo Penitenciario IV de San Rafael, donde permaneció hasta agosto de 2021, cuando su buen comportamiento le permitió ser transferido a la Colonia Granja de la misma ciudad, donde pudo trabajar en actividades agrícolas y continuar con su entrenamiento.

El jugador fue condenado por el delito de homicidio simple por la Primera Cámara del Crimen de San Rafael el 4 de junio de 2018. A pesar de negar su culpabilidad inicialmente, evidencia como unas zapatillas manchadas con sangre y pruebas de ADN que lo vinculaban al caso lo llevaron a confesar que estuvo involucrado en la pelea, pero señaló a su padre y primo como responsables directos del homicidio. Sin embargo, estas declaraciones no lograron convencer a la justicia, que los condenó a los tres.

 

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