Investigación

Pascuas e hipocresía, ¿hasta cuándo?

Por Christian Sanz, director periodístico de Diario Mendoza Today.

No soy ciertamente lo que se dice un “creyente”, hace muchos años que dejé de creer en la liturgia y la religión. Sin embargo, no dejo de asombrarme cada año por la “calidad” de la fe de algunas personas que conozco y que realmente no toman estas fechas como lo que son, sino como una nueva excusa de descanso semanal.

Mucha gente aprovecha este momento del año para hacer unas pequeñas vacaciones y olvida lo que realmente debería recordar: la pasión de Cristo.

Muchas veces se trata de la misma gente que nos da luego lecciones de moralidad y suele arrogarse una autoridad inexistente, supuestamente dada por el hecho de ir cada tanto a misa.

He visto innumerable cantidad de veces ceder a las tentaciones más diversas a algunas de las personas más creyentes que conozco. Muchas veces frente a una infracción de tránsito y la consecuente “coima” al policía de turno, otras tantas guardándose un vuelto de dinero que le ha sido dado de más y otras veces haciéndose los distraídos frente a la necesidad ajena.

Lamentablemente, algunas de estas personas son de mi trato cotidiano, ya sea a nivel laboral, ya sea a nivel personal. Son personas que suelen hablar de ética y valores paradas desde un “pedestal” que cuesta observar con claridad.

Esas personas despotrican contra los políticos y otros especímenes, pero casi no se diferencian de ellos, sólo se manejan a otro nivel. No entienden que es lo mismo pagar una gran coima que una pequeña, no aceptan que sólo son diferencias cuantitativas, no cualitativas.

Prefiero no festejar estas pascuas, pero tampoco ser hipócrita. No creo en la liturgia, pero trataré de reflexionar en estas fechas para intentar ser una mejor persona a futuro.

A aquellos que sí son creyentes los invito a volver a encontrarse con su fe y rememorar la pasión de Jesús. Eso los ayudará a encontrar ese rincón del espíritu que los llevará a ser mejores “cristianos”.

De eso se trata la cosa, de volver a las raíces de nuestra propia espiritualidad. De volver a abrirnos a los demás de manera solidaria y desinteresada.

No es poco…