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¿Se puede cerrar la grieta?

Por Pablo Dócimo, especial para Diario Mendoza Today.

Es más que evidente que dentro de Argentina hay dos países. La incógnita es: ¿Cuál se terminará imponiendo?

No es ninguna novedad si decimos que el mayor logro del kirchnerismo fue haber logrado instalar la tristemente célebre “grieta” en la sociedad argentina.

Lógicamente, ya existía —podríamos decir que desde siempre— eso de las “dos Argentinas”, y también es cierto que en nuestro país existe un terreno harto fértil para generar cualquier tipo de antinomia, de lo que sea, pero no hay dudas de que el kirchnerismo se encargó de hacer la grieta y, como la realidad lo demuestra, con muchísimo éxito.

Ahora bien, ¿se puede cerrar la grieta? ¿Cómo se hace para no estar totalmente en contra de personas que opinan más o menos así?: “Macri me robó los feriados largos, me robó las paritarias justas, el dólar sube y me robó el poder adquisitivo para las vacaciones de mis hijos o para ir a comer afuera, le robó los remedios gratuitos a los jubilados, me robó el fútbol gratis, y me robó cuando me aumentó la luz, el gas y el agua. Macri te roba algo todos los días, y ahora me robó la dignidad. Macri está en contra de la revolución bolivariana y nos entrega a los yankis, y además es un millonario que representa al neoliberalismo y a la dictadura”.

Todos estos “argumentos” que esgrime un kirchnerista, seguramente ya los habrá escuchado infinidad de veces, y no solo por el pobre tipo que los vota, que en definitiva es un idiota útil, sino por sus dirigentes.

Pero lo más grave no es que esta gente aspire a hacer o seguir haciendo el desastre que hicieron durante más de una década, de la que dejaron, entre otras cosas, inflación, pobres, el país en default, el cepo al dólar, el Banco Central en cero y, lo peor de lo peor, robaron como nunca nadie robó en la historia de la humanidad y el deterioro social en el que estamos inmersos y del que son producto, precisamente, los idiotas útiles que los votan.

Hace años, en una alocución en la Cámara de Diputados, cuando se trató la expulsión de Julio De Vido, Lilita Carrió dijo algo tan simple como sencillo y real: “Y la culpa no es de Cambiemos si es débil, la responsabilidad la tiene también aquella parte del pueblo de la Nación que sabiendo que roban, votan ladrones”.

Y ese es el problema, el verdadero problema, que haya personas que voten a corruptos. La duda es si estas personas son conscientes de lo que están votando o si son pobres víctimas crédulas de las mentiras que vende el kirchnerismo.

En realidad, hay mentiras que, por alguna razón, son creídas como verdades absolutas e irrefutables por segmentos de la sociedad que ante un presente desfavorable, sienten la necesidad de creer en un futuro posible pero inexistente.

Y ahí está la grieta. Por un lado un país que vio, entendió y asimiló el desastre que dejó un gobierno que prometió todo lo que se podía prometer, desde un tren bala hasta un polo tecnológico, pasando por una expedición a Angola para vender cosechadoras o créditos para todos y todas. Nada de eso ocurrió. Lo único real, verdadero y palpable que podemos apreciar del kirchnerismo son las más de mil propiedades que adquirió Lázaro Báez, que es Kirchner. Por otro lado, la otra cara, la del otro país, el país que quiere tener luz y gas gratis, y mirar fútbol también gratis mientras los otros lo pagan.

Quiero cerrar esta nota con una genialidad del jurista estadounidense George Gordon Liddy que describe perfectamente a quienes están del otro lado de la grieta, quien definía al progre como “aquel que se siente profundamente en deuda con el prójimo y propone saldar esa deuda con tu dinero”.

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