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Un cabernet que producen Alejandro Vigil y Adrianna Catena en Maipú se consagró en la lista de los 100 mejores del mundo

“Pone a Mendoza en el foco del mundo”, celebró el enólogo en diálogo con TN.

El vino argentino volvió a brillar en el mundo, de la mano de Alejandro Vigil y Adrianna Catena. Uno de sus vinos, el Gran Enemigo Gualtallary Single Vineyard 2019 Cabernet Franc, fue elegido como segundo Mejor vino del Mundo en la edición 2023 de la famosa lista Top 100 Wines World que elabora el sommelier y crítico enológico estadounidense James Suckling tras analizar más de 39.000 vinos de todo el planeta.

Pero este no fue el único premio que cosecharon en los últimos días. Se dio a conocer la lista de los Top 100 de la revista Wine Spectator basados en calidad, valor, disponibilidad y entusiasmo. Una lista anual que honra a bodegas de todo el mundo. El Enemigo Cabernet Franc Agrelo Single Vineyard obtuvo el puesto 73 de la lista.

“La verdad que se han dado dos situaciones que no esperaba con el vino, pero sí esperaba con esa añada (el año en el que las uvas son recolectadas). La primera fueron los 100 puntos y la segunda que entráramos número dos en el ranking mundial”, dijo a TN Ale Vigil, director de Enología de la bodega Catena Zapata y dueño de la bodega El Enemigo en Maipú, Mendoza, que fundó en 2008 junto a Adrianna Catena.

En su opinión, la llegada al top 100 de Wine Spectator “con la misma añada” se debe a una conjunción de factores: “un lugar único que ya nos ha dado 12 vincos con 100 puntos, y una añada que fue cuasi perfectaun año tan particular como el 2019 donde tuvimos frío, que fue seco y con baja producción”.

Esta baja producción fue de hecho uno de los motivos que impidieran que llegara a lo más alto del podio, según reconoció el propio Suckling. “Intenté incluir la mayor cantidad posible de los aproximadamente 50 vinos de 100 puntos que calificamos este año, siempre que estuvieran disponibles en el mercado y no fueran muy caros. Nuestra lista incluía 17 vinos con valoraciones de 100 puntos. El menos costoso de ellos cuesta alrededor de $100: El Enemigo Cabernet Franc Gualtallary Gran Enemigo Single Vineyard 2019. Podría haber sido nuestro Vino del Año, pero la producción fue de algo menos de 5.000 botellas y ya es muy difícil de encontrar. Entonces, es el número 2″, comentó.

Ese vino “pasa casi dos años en la bodega en un tanque de cemento y luego un año en botella”, precisó Vigil. “Ha salido al mercado a principio de este año, en marzo y a partir de ese mes ya no hay más, así que ha tenido un corto periodo en el mercado este vino”, se lamentó.

Sin embargo, el enólogo destacó que “lo más interesante de un vino con esta situación es que pone al vino argentino en foco del mundo”, y más, precisamente, a Mendoza. Pone a la región en foco, hace ruido Mendoza vitivinícola más que una etiqueta, porque la gente no recuerda luego las marcas, pero sí, de dónde venían esos vinos tan premiados”, agregó.

En un momento en que gana cada vez más fuerza la importancia del microterruño en el sector, Vigil afirma que “hacer vino es poner un paisaje en botella”.

Y toma como ejemplo los dos vinos recientemente premiados: “Agrelo tiene un paisaje totalmente distinto a Gualtallary. Agrelo es una zona un poco más cálida en verano y extremamente frío en invierno y tiene una particularidad que son suelos muy profundos de arcilla. En cambio Gualtallary son suelos de carbonato de calcio y granito. Entonces tenés veranos mucho más fríos en Gualtallary, inviernos no tan fríos como en Agrelo y suelos totalmente distintos. Esto está determinado básicamente por la altitud, Agrelo está a 980m sobre el nivel del mar, y Gualtalllary a 1500. Eso provoca que tengamos temperaturas distintas, distinta insolación, distintas pendientes que hacen que el vino sea totalmente distinto”.

En un posteo de Instagram, Vigil destacaba a Mendoza por ser una “viticultura de altura” y también una “viticultura continental”: “No tenemos influencia directa del océano y es muy difícil encontrar algo así en el mundo. El 99% de las vitiviniculturas tienen influencia del mar”, aclaró.

Según dijo a TN, a Vigil “lo mueve la curiosidad” intentar entender “el tema de los sabores, la interrelación del clima, la temperatura, la variedad y forma de cultivar y cómo todo eso se expresa”.

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