Economía

Sistema B: qué es y cómo mejoró la industria del vino en Argentina (y en Mendoza en particular)

Sistema B es básicamente una asociación promueve a las empresas, impulsando la creación de impacto positivo en tres dimensiones: social, ambiental y económico.

“Sabemos que esta es la mejor manera de generar una red, un ecosistema que asegure un compromiso no solo desde lo que tiene que ver a nivel de producción de nuestros vinos, sino que en nuestra área de enoturismo también. Nosotros siempre elaboramos vino argentino orgánico de calidad, con un buen precio, y hemos sido reconocidos en el mundo por esas cualidades”.

Esas palabras fueron pronunciadas por Anne Bousquet sobre el Sistema B. Se trata de la presidenta de Bodegas Domaine Bousquet y refiere a una organización sin fines de lucro que busca que los distintos actores, tanto como organizaciones, movimientos sociales comerciantes y ciudadanos trabajen juntos en un entorno en conjunto con todos los actores económicos.

Sistema B es básicamente una asociación promueve a las empresas, impulsando la creación de impacto positivo en tres dimensiones: social, ambiental y económico.

Todo comenzó en el año 2012, cuando Juan Pablo Larenas (Chile), Gonzalo Muñoz (Chile), María Emilia Correa (Colombia) y Pedro Tarak (Argentina) se unieron con el propósito de crear un ecosistema de empresas y actores económicos en la región que pudieran dar solución a los problemas sociales y ambientales más urgentes.

A partir de allí, decidieron traer el Movimiento B a la región, iniciativa creada en el 2006 por B Lab, una organización internacional con origen en Estados Unidos, que lleva a cabo una economía inclusiva, equitativa y regenerativa, a través de la certificación de Empresas B.

De esta manera se dio inicio a Sistema B con el objetivo de extender la certificación y este ecosistema de triple impacto a toda América Latina y Caribe. La misión principal de la organización radica en la construcción de ecosistemas favorables para un mercado que resuelva problemas ambientales, trabajando con todos los actores del mercado: empresas, inversionistas y  académicos.

No son pocos quienes miran esta como una herramienta integral que puede ser utilizada para conocer, medir y gestionar el desempeño social y ambiental de las empresas, analizando 5 áreas de impacto: gobernanza, trabajadores, clientes, comunidad y medio ambiente.

Según sostuvo Revista Noticias, se desarrolla por medio de una evaluación online, gratuita y confidencial que se adapta a cada tipo de empresa según industria, tamaño y mercado.  Este tipo de certificación tuvo una incidencia trascendental en la industria del vino local.

“Ser una empresa B impacta de manera significativa en la calidad y en el proceso de producción. Al adoptar un enfoque de medición y trazabilidad en todas las áreas de nuestra operación, nos desafía a mantener altos estándares y nos impulsa a buscar constantemente mejoras en nuestros procesos, insumos y prácticas. Aunque en ocasiones puede resultar más costoso debido a la necesidad de mantener una mayor precisión en diversas áreas, esta certificación tiene un impacto netamente positivo en nuestros procesos, ya que nos obliga a mantener un compromiso constante con la excelencia”, señaló Carlos Federico Araujo, Director de Bodega Araujo.

“En los últimos años se ejecutaron varias acciones de impacto, como la medición del recurso hídrico y construcción de una represa para riego controlado, la continua operación de una planta de tratamiento de efluentes, desarrollo de políticas de gestión de residuos, reciclaje, compostaje, forestación, biodiversidad y promoción del consumo responsable. Por otro lado, la educación es un eje central, ya que la bodega implementa constantemente programas y convenios de inserción laboral junto al Municipio y otras entidades, donde se fomenta el crecimiento profesional del personal técnico, con resultados muy alentadores”, explicó Sofía Pescarmona, CEO de bodega Lagarde.

Para certificar B, una empresa debe superar 80 puntos de 200 en la Evaluación de Impacto  y atravesar un proceso que valide la información, llevado adelante por B Lab, el único ente a nivel global que otorga la certificación de Empresa B. La instancia evaluatoria de una empresa vitivinícola, comienza con la medición de su impacto.

Es por eso que desde Sistema B acompañamos a las empresas, como pueden ser las bodegas, en la medición y gestión de su impacto, a través de distintas propuestas y programas”, remarcó Marina Arias, Directora Ejecutiva de Sistema B Argentina.

En caso de obtener el sello B, para mantener la certificación, la empresa es evaluada cada tres años a partir de los estándares de la herramienta, que van creciendo acorde a las urgencias planetarias. Después de esos tres años la empresa puede solicitar hacer el camino de re-certificación donde se mide nuevamente.

Este conjunto de prácticas busca lograr producciones rentables de uvas y vinos, con máxima calidad enológica y seguridad alimentaria, minimizando el uso de agroquímicos en base al cuidado de su medio ambiente”, sostiene Jorge Cahiza, CEO Penedo Borges Bodega Boutique.

“Para que un viñedo sea sustentable, su suelo debe ser un ámbito lleno de vida, con la mayor diversidad posible de especies viviendo sobre su superficie (plantas de vid, plantas naturales y malezas no agresivas) y también debajo de ella (lombrices y otros pequeños animales, hongos y microorganismos diversos). Cuanto mayor sea esa biomasa, mayor será la cantidad de materia orgánica producida y mejor su aprovechamiento por parte del cultivo”, agregó Cahiza.

La viticultura sustentable, aplica los resultados obtenidos por la investigación científica, para optimizar el manejo del riego, de la fertilidad natural del suelo, de los enemigos naturales y de las plagas, tratando de minimizar el uso de insumos y también la huella de carbono dejada por la actividad. “En principio no tiene un impacto directo en los costos ni en el precio final del producto”, expresó Fernando López de Vivero San Nicolás Vides.

Según datos estadísticos, proporcionados por Sistema B, actualmente, son más de 7.469 Empresas B en 79 países alrededor del mundo. En Latinoamérica y el Caribe, la certificación está presente en 19 países con un total de 1.096 Empresas B. “En Argentina, ya tenemos 209 Empresas B certificadas localmente, de las cuales 7 responden directamente a la industria vitivinícola: Bodega Araujo, Bodega Trivento, Dolium Bodega Subterránea, Domaine Bousquet, Lagarde, Penedo Borges, Vivero San Nicolás Vides”, concluyó Arias.

Cabe destacar que Lagarde, Penedo Borges, Araujo, Dolium y Trivento son todas bodegas mendocinas reconocidas internacionalmente por su calidad y su compromiso con el medio ambiente.

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