Christian SanzPortada

ūü§Ē La persistente historia del pelado que esp√≠a en la puerta de los colegios mendocinos

Una trama que le ocurrió "al amigo de un amigo de un amigo". Típico de leyenda urbana. Tips para no caer en bobadas como esta.

‚ÄúMe dijo mi hija que un hombre pelado se par√≥ en la puerta del colegio y se puso a sacar fotos a ella y sus compa√Īeras cuando sal√≠an, cuando lo quisieron atrapar se fue corriendo‚ÄĚ.

La historia la contó una madre claramente preocupada ante las cámaras de televisión de un canal mendocino.

El hecho habr√≠a ocurrido en el colegio¬†H√©roes de Malvinas de Las Heras y no fue el √ļnico que se revel√≥. Antes, se conoci√≥ una denuncia similar por parte de otra mujer con un argumento casi calcado al que se dej√≥ ver all√≠.

En ese caso, el hecho hab√≠a sucedido en el colegio Compa√Ī√≠a de Mar√≠a¬†de la capital mendocina.

Como era de esperar, ello puso en inmediata alerta a los padres de alumnos que concurren a esas y otras escuelas de la provincia.

Sin embargo, hay algunos detalles a tener en cuenta antes de dar cr√©dito a la historia aqu√≠ revelada. Primero y principal, ¬Ņpor qu√© en plena era de la tecnolog√≠a nadie logr√≥ sacarle una foto al supuesto ped√≥filo? ¬ŅC√≥mo es que no existe un m√≠sero video filmado con un celular?

A ello debe agregarse otra curiosidad: ¬ŅCu√°l ser√≠a el inter√©s de sacar fotos a chicos o chicas que regalan sus propias im√°genes en ropa √≠ntima en las redes sociales? M√°s a√ļn: ¬ŅPor qu√© alguien se arriesgar√≠a a hacer algo semejante en un lugar donde circulan decenas y decenas de autos y transe√ļntes?

Ciertamente, pocos lugares deben ser m√°s concurridos que la salida de un colegio por parte de padres y alumnos.

A ello debe sumarse que no existe una sola denuncia puntual referida a este tema. Así al menos lo confirmaron oportunamente a Diario Mendoza Today fuentes del Ministerio de Seguridad de Mendoza.

Entonces, ¬Ņa qu√© se debe la repentina aparici√≥n de la historia del ‚Äúpelado ped√≥filo‚ÄĚ en la puerta de los colegios?

La respuesta puede ser decepcionante, pero es la √ļnica que parece encajar: se trata de una vieja y conocido leyenda urbana, que tuvo sus ‚Äúd√≠as de gloria‚ÄĚ en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires durante 2014. All√≠, media docena de padres denunciaron lo mismo, calcado: que un hombre sin pelo se paraba en la puerta de diversos establecimientos escolares bonaerenses a efectos de sacar fotos a sus hijos.

En un caso puntual, la historia lleg√≥ a√ļn m√°s all√°:¬†una mujer asegur√≥ que a su hija ‚Äúun pelado la manose√≥‚ÄĚ. Pronto se supo que el hecho nunca hab√≠a ocurrido.

Al igual que lo que ocurre hoy en Mendoza, en Buenos Aires nadie se tomó el trabajo de denunciar estos supuestos hechos. Tampoco apareció jamás una sola foto o video del presunto abusador.

 

¬ŅQu√© es una leyenda urbana?

Se trata de un relato m√≠tico, perteneciente al folclore contempor√°neo, que tiene mucho de leyenda o tradici√≥n popular, seg√ļn asegura Alberto Granados Mart√≠nez en su libro¬†‚ÄúLeyendas Urbanas. Entre la realidad y la superstici√≥n‚ÄĚ.

Lo curioso es que, pese a contener elementos inverosímiles, las leyendas son presentadas por quienes las cuentan como hechos reales, acaecidos en la actualidad.

Normalmente, no tienen una fuente identificable. Son cuestiones que le ocurren a ‚Äúun amigo de un amigo‚ÄĚ. Y suelen circular de boca en boca, hoy en d√≠a magnificado ese concepto por las redes sociales.

En el caso de esta leyenda urbana en particular, todo parece surgir de¬†una vieja historia¬†que aseguraba que un hombre en la puerta de los colegios daba caramelos a los ni√Īos conteniendo droga. Supuestamente lo hac√≠a con el fin de secuestrarlos y abusar de ellos.

Esto demostraría que todo se recicla, una y otra vez, ahora con el agravante de que las redes sociales ofician de amplificador de esos mismos mitos.

Finalmente‚Ķ en d√≠as en los que la inseguridad domina la vida ciudadana, no est√° de m√°s tomar precauciones frente a la posibilidad de que algo pueda pasar a los m√°s peque√Īos.

No obstante, hay que manejarse con cautela para no generar un innecesario ‚ÄĒy contraproducente‚ÄĒ efecto de paranoia en la poblaci√≥n.

Para ello, basta con dos simples t√≥picos: sentido com√ļn y precisa informaci√≥n. No es poco.