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Ahora acusan a Alfredo Cornejo por presentar el libro de un defensor de genocidas en Mendoza

Se trata de Sergio Miranda, quien presentó la obra “Coaching Político”. Sus antecedentes no lo ayudan demasiado.

En el contexto del cierre de la Feria del Libro de Mendoza, este domingo el ex gobernador Alfredo Cornejo dijo presente en la presentación del libro “Coaching Político” escrito por Sergio Miranda.

Además del senador nacional de Juntos por el Cambio, los periodistas Gabriel Conte, Rosana Villegas y Martín Appiolaza conformaron el panel que secundó a este último en el Espacio Cultural Julio Le Parc.

Miranda es un personaje controversial, parte de “Diálogo, Justicia y Futuro”, una organización de familiares de exrepresores que impulsó la impunidad de criminales de lesa humanidad.

Ello lleva a preguntarse: ¿Está bien que se promueva el trabajo de un hombre tan cuestionado, y cuestionable? Un implacable artículo periodístico del portal El Otro pone el dedo en la llaga:

En 2020, el escribano, político, comediante y escritor Sergio Miranda publicó el libro Coaching Político. El camino del líder coherente. Pese a que el texto fue presentado virtualmente en la Feria del Libro de aquel año, y que el propio reglamento de la convocatoria 2022 excluyó explícitamente a las obras publicadas antes de octubre de 2021, la ministra de Cultura, Nora Vicario, autorizó una nueva exhibición, esta vez en el horario estelar de cierre de la feria literaria más importante de nuestra provincia.

Se bajó la orden y se cumplió rigurosamente: el senador nacional Alfredo Cornejo decidió reeditar en el Espacio Cultural Julio Le Parc la mesa de café que hace 20 años integraba con el propio Miranda y los periodistas Gabriel Conte y Martín Appiolaza, según lo reconoció el director del portal El Memo, uno de “los medialunas” tal como se autodenominan los nostálgicos tertulianos. Al “panel de lujo”, como lo calificó Mendoza Post, también se sumó a último momento a la periodista oficialista Rosana Villegas, como para equilibrar el cuarteto de los machos. En las gradas acompañaron con cerrados aplausos las diputadas nacionales Pamela Verasay y Jimena Latorre; los/las legisladores/as provinciales Diego Costarelli, Andrés Lombardi, Mercedes Rus y Fernanda Sabadin; la ministra de Cultura y Turismo, Nora Vicario, el ministro de Seguridad en las sombras, Néstor Majul, y el ex director general de Escuelas, el violento Jaime Correas.

Como si a la escena no le bastase obscenidad de relaciones carnales entre “periodismo independiente” y el máximo líder de la coalición gobernante de Mendoza, todos los participantes del cónclave fingieron amnesia sobre un antecedente fundamental del protagonista de la noche. Además de caracterizarse por un panquequismo político que le permitió a Sergio Miranda saltar de gobiernos peronistas a radicales sin inmutarse, el exsenador del Partido Demócrata transcendió públicamente por su fallido rol en la negación de crímenes de lesa humanidad de la última dictadura, y la defensa de los genocidas, entre ellos su padre, el exjefe del siniestro Centro Clandestino de Detención D2, Ricardo Benjamín Miranda Genaro.

Su militancia antidemocrática llevó a Miranda a crear en Mendoza la organización Diálogo, Justicia y Futuro, que en 2014 planteó tres ejes para hacer frente a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia impulsadas por el Estado Nacional. Los lineamientos fueron expuestos por Miranda(h) en una reunión de Hijos y Nietos de Presos Políticos realizada en Córdoba, el 1 y 2 de febrero de aquel año.

Captura de pantalla

El documento al que tuvo acceso EL OTRO señala: “Sergio Miranda planteó tres frentes de acción: a) generar masa crítica por medio de las intervenciones directas en el discurso, por ejemplo a través de la presencia en medios masivos, redes sociales, publicación en las secciones de opinión de los diarios, en carta de lectores, es decir, incidir en la vida pública y política todo lo posible; b) generar contención, por ejemplo mediante la mejora de las condiciones de los detenidos, del soporte a los familiares; c) generar impacto en la sociedad a nivel político, social y jurídico: denuncias de irregularidades, intentar que se decrete la inconstitucionalidad de la prisión perpetua”.

Basta con dar un rápido recorrido por las redes sociales de Diálogo, Justicia y Futuro para concluir que, más allá de los ejes planteados por Miranda, esta organización buscó sin éxito evitar los juicios y condenas contra los perpetradores de gravísimos delitos contra la humanidad, difundiendo noticias falsas sobre las supuestas “prisiones políticas” de torturadores, secuestradores, violadores, asesinos, ladrones de bebés y desaparecedores de personas, juzgados con todas las garantías del debido proceso que ellos mismos negaron a sus víctimas.

Captura de pantalla

En miras a esa impunidad, Miranda ya había impulsado en noviembre de 2013, en el Auditorio Adolfo Calle del diario Los Andes, el encuentro La situación de los presos políticos en Argentina y los derechos humanos para algunos, encabezado por el exrepresor Guillermo César Viola y la defensora del Terrorismo de Estado, María Cecilia Pando. Pero la intentona salió mal, gracias a la denuncia pública de periodistas comprometidos con los derechos humanos, que no compartirían medialunas con Miranda.

Una investigación realizada entonces por el periodista de Radio Nacional, Rodrigo Sepúlveda, develó que el pro genocida, “quien había sido director de la cárcel provincial durante el Gobierno de Julio Cobos y exsenador por el Partido Demócrata, es hijo de Ricardo Benjamín Miranda Genaro, jefe del D2 durante 1977”.

En marzo de 2013, Ricardo Miranda (derecha) recibió su primera condena a perpetua por crímenes de lesa humanidad. La segunda le fue impuesta en 2018. Actualmente cumple prisión en su casa.  

Foto de archivo: Coco Yañez | 2013

“Lo de mi viejo es un capítulo aparte, un tema personal; tiene prisión domiciliaria otorgada por los jueces porque tiene 80 años, cáncer y riesgo de muerte súbita”, sostuvo Sergio Miranda en diálogo con la periodista de Edición UNCuyo, Laura Fiochetta, quien reseñó las evidentes incongruencias del negador: “Luego de esta descripción, Miranda defendió a su padre: ‘Fue el único cuya condena tuvo un voto en disidencia’. Cuando esta publicación le recordó que su padre había sido jefe del D2 entre agosto y diciembre de 1977, el demócrata aseveró: ‘Mi padre era un perejil, el genocida era Videla’”.

“El perejil” ya había sido condenado, junto a otros cuatro represores, a prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua por ser coautor mediato de los delitos de privación abusiva de la libertad agravada por mediar violencias y amenazas, y homicidio triplemente calificado por alevosía, por el concurso premeditado de dos o más personas y con el fin de procurar la impunidad, por dos hechos en concurso real, en perjuicio de Antonia Adriana Campos de Alcaráz y José Antonio Alcaráz; sustracción de un menor de diez años, en relación con el menor Martín Antonio Alcaráz; robo agravado por haberse cometido con armas, por un hecho, en perjuicio del matrimonio Campos-Alcaráz; y autor del delito de asociación ilícita.

Foto de archivo: Coco Yañez | 2013

De acuerdo con la sentencia de 2013, todos los delitos cometidos por Ricardo Benjamín Miranda Genaro fueron calificados por un tribunal de la democracia como crímenes de lesa humanidad, cometidos en el contexto del delito internacional de genocidio. De ahí que su hijo tratara de agitar las aguas de la victimización para intentar presionar a los poderes del Estado, en el contexto de una avanzada nacional encabezada entre otras por Pando, para lograr revertir los fallos judiciales en las instancias superiores.

Ante el escándalo público, las autoridades del diario Los Andes rescindieron abruptamente el contrato con los organizadores de la exposición de Cecilia Pando, quienes finalmente se reunieron el martes 19 de noviembre de 2013 en el Círculo de Suboficiales del Ejército, ubicado en Lencinas y Orzali del Parque General San Martín. Allí, a escondidas, Miranda congregó a su runfla.

Foto: Facebook Sergio Miranda

Casi diez años más tarde, con la máscara del coaching, el devenido escritor insiste en considerar al criminal de su padre como una víctima, un supuesto “preso político” condenado nuevamente a prisión perpetua en 2018, que vive sus últimos días en la comodidad de su prisión domiciliaria, donde su hijo lo visita sin restricciones.

Sergio Miranda ya no necesita esconderse en dependencias militares, puede exhibirse orgulloso, públicamente, en uno de los centros culturales más importantes del país, cerrando la Feria del Libro, apadrinado por el exgobernador Alfredo Cornejo y el besamanos de políticos y periodistas sin memoria o, tal vez, subordinados muy conscientes de lo que hacen.

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