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Cornejo desmiente el “gorilismo” en Mendoza: “Ha habido alternancia, el peronismo ha ganado elecciones”

El referente del radicalismo fue entrevistado por diario El Cronista, y no dudó en encuadrarse dentro de las palomas de Juntos por el Cambio.

El mendocino Alfredo Cornejo, hoy jefe del Interbloque Juntos por el Cambio en el Senado, dialogó con diario El Cronista y se animó a todo, incluso respondió las “acusaciones” de que Mendoza es una provincia “gorila”.

En las últimas semanas hubo algunos cruces dentro de Juntos por el Cambio. ¿Le preocupa que escale o son discusiones naturales?

Me preocupa en la medida que muestren desinteligencias profundas. Si no, no me preocupa porque son matices, creo que enriquecen. Que esas desinteligencias profundas no tengan una diferencia sustancial acerca del diagnóstico y soluciones a problemas.

¿Y en este caso puntual, que hubo tensión con Morales en la mesa nacional?

Si uno lo toma en el contexto de lo que se dijo, no debería ser preocupante. La deuda es un problema de todos. Pero si uno mira el título, ayuda a construir el relato K de que los problemas de deuda se originaron en el gobierno de Cambiemos. Eso categóricamente no es cierto. La Argentina tiene un problema de deuda derivado del déficit recurrente que hay, de los últimos por lo menos 15 años. Desde los superávit gemelos de Néstor que no hay equilibrio entre ingresos y gastos. El déficit es el origen de la emisión o de la deuda. Y quien más contribuyó al déficit fue el kirchnerismo: Cristina, Kicillof y Alberto, no fue Macri.

¿Cómo ve la negociación con el FMI? ¿Qué espera de la reunión con Guzmán, prevista para el próximo martes?

Se supone que va a ser el próximo martes, es todo improvisación la relación con el Gobierno. Eso es algo que tenemos que precisar en Cambiemos: qué tipo de relación queremos tener con un gobierno de improvisados y sin plan.

El 100% de los dirigentes de Juntos por el Cambio quiere un acuerdo del país con el FMI, no quiere que el país entre en default. Pero la negociación es exclusiva responsabilidad del gobierno y la están llevando a cabo sin brindar información profunda por miedo al relato interno del Frente de Todos. Hay gente que no tiene ningún interés de que Argentina llegue a un acuerdo. La mayoría del Frente de Todos quiere entrar en default.

Ha sido muy crítico de este gobierno. ¿Tiene alguna esperanza de que mejore para lo que queda de mandato?

Tengo pocas esperanzas. Es un gobierno sin rumbo y sin plan. Anidan en su interior diferencias sustanciales. Mis esperanzas son las de cualquier ciudadano común que se esperanza que el país se enderece. Pero tengo pocas por la conducta que tienen Alberto y Cristina en particular.

En Juntos por el Cambio dice que las diferencias son de matices. Desde las últimas elecciones conviven, por ejemplo, Fernando Iglesias y Waldo Wolff con Margarita Stolbizer y Emilio Monzó. ¿Siguen siendo compatibles, cómo se gestionan las diferencias?

Yo no veo en Juntos por el Cambio gente que niegue el derecho de propiedad conviviendo con gente que lo cree un derecho fundante. No veo esas diferencias con los nombres que me decís. Veo que en la deliberación pública algunos ponen más énfasis en alguna cosa que en otra. En todo caso las diferencias son en nivel de intervención que debe tener el Estado en la economía. Algunos plantean que debe ser mínimo, otros que debe ser una intervención inteligente que ayude al funcionamiento de los mercados, nosotros nos incluimos en esa posición.

Hay dirigentes del PRO que coquetean con Javier Milei. ¿Le gustaría que se sume, hay que mantenerse cerca?

Es una discusión puramente porteña, con disculpas a los porteños. En el único lugar que tuvo desarrollo fue en CABA. Milei es el resultado no de temas ideológicos sino de un voto bronca que aparece en las elecciones intermedias en todos lados.

Estamos hablando como si fuera una figura de la política argentina relevante y me parece que es perder el tiempo. Lo veo como una figura de un voto bronca, rechazo, en donde algunos sectores pobres y no tan pobres se refugian en ese voto bronca. Pero no como un fenómeno estructural de la Argentina que ha llegado para quedarse.

En las internas de Juntos por el Cambio usted ha sido mediador, como entre Morales y Lousteau. También tuvo buena relación con las palomas y con los halcones. ¿Usted qué se considera, halcón o paloma?

El imperativo de Juntos por el Cambio no es ni más radicalismo ni más PRO, ni más halcones ni más palomas. Es unidad para mantener el equilibrio de poder y construir una alternancia en 2023. Todos tenemos que hacer el esfuerzo de tolerar las diferencias que existen pero que son de matices. Si no hacemos ese esfuerzo de unidad, el kirchnerismo se puede quedar una década.

No me contestó… ¿usted se considera un halcón o una paloma?

Me siento una paloma en el sentido que creo en que para hacer las reformas que Argentina necesita requiere de grandes acuerdos entre oficialismo y oposición. Y una posición de centro, moderada.

Pero me siento un halcón a la hora de la narrativa y del diagnóstico de la Argentina que sufrimos y que necesitamos. Es una narrativa totalmente distinta a la del kirchnerismo dominante. Si no tenemos esa narrativa, podemos mixturarnos y confundir a buena parte de los argentinos que somos más o menos lo mismo.

En la medida que el kirchnerismo mande en el peronismo va a ser imposible llegar a un acuerdo. El kirchnerismo no acuerda, acordar es ceder algo en una negociación. En un gobierno de Juntos por el Cambio, un acuerdo con la oposición, con un kirchnerismo derrotado, es posible. Es lo que necesitamos. En esa posición me defino como paloma a la hora de buscar acuerdos y un programa de centro.

Hay una narrativa que en su provincia Mendoza cala y el electorado la toma, pero en otros lugares del país no. ¿Por qué pasa esto?

Me llama la atención que Anabel Fernández Sagasti explique en Buenos Aires las derrotas en Mendoza porque los mendocinos son gorilas. Pero en Mendoza desde 1983 a la fecha hubo cinco gobernadores peronistas y cinco radicales. Ha habido alternancia, el peronismo ha ganado elecciones.

Me parece que la narrativa anti K es necesaria para una argentina productiva. Los K no son solo problemas de corrupción, atropellos a la independencia de poderes. Los K son anti sector privado, anti creación de riqueza. Nuestra narrativa tiene que ser distinta a la de ellos. Si no la Argentina no va a salir.

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