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Alberto y Cristina acordaron la unidad del FDT, pero luego del 14 el peronismo y La Cámpora disputarán poder

Mariano Obarrio, La nueva República.

El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner acordaron que luego de las elecciones del domingo, sea cual fuere el resultado, se mantendrá la unidad del Frente de Todos. Pero habrá realineamientos según sean los números que arrojen las urnas. Sin embargo, los gobernadores, la CGT, el peronismo y los movimientos sociales buscarán avanzar y tener más protagonismo que el kirchnerismo.

Más allá de que los dos líderes quieren que no hagan olas, el resto de los componentes del FDT quiere mantener la unidad del frente pero asegurar dos años de recuperación para las elecciones de 2023 para retener el gobierno con un candidato de las filas del peronismo tradicional y no entregarle el poder a Juntos por el Cambio.

Por eso se perfila un nuevo esquema de poder: el Presidente será respaldado por los gobernadores, la CGT, los intendentes peronistas y los movimientos sociales. Buscan que el peronismo “racional” participe del proceso de toma de decisiones y deje en un segundo plano al kirchnerismo, aunque no lo desplazará de sus cargos. Confían en que Alberto Fernández los deje participar y respaldar al gobierno nacional.

Una muestra de ello será el acto por el Día de la Militancia el miércoles próximo, que será organizado por la CGT y los movimientos sociales. “Si atacan al Presidente la CGT va a estar en la calle defendiéndolo”, dijo hoy Carlos Acuña, del triunvirato cegetista.

Pero el Instituto Patria y La Cámpora tienen otro proyecto. Quieren presentar como “ala racional” del FDT a dos hombres del riñón de Cristina Krichner para ganar espacio en las decisiones. Son el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, y el diputado Máximo Kirchner. El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, no parece en condiciones de asumir ese rol.

En esas tensiones quedará envuelto el FDT luego de los comicios, en los que se presume que perderá el oficialismo. Cristina Kirchner no escribirá cartas ni pedirá cabezas, por ahora. Tampoco tiene ánimo de romper el frente. Alberto y los gobernadores tampoco. A nadie le conviene.

En el oficialismo dicen que Cristina Kirchner mantiene su apoyo al ministro de Economía, Martín Guzmán, y al acuerdo con el FMI, más allá de sus reservas por considerarlo demasiado ortodoxo para su gusto. Todos se resignan a que algún ajuste habrá que asumir.

En el Gobierno no ven cambios de ministro al menos hasta el acuerdo con el Fondo. Guzmán es fundamental para lograr ese acuerdo que es la prioridad en la política económica del Presidente y luego de los comicios lo explicitará mucho más. Después de ese acuerdo podría haber cambios.

Manzur no será removido y seguramente buscará redoblar su influencia con apoyo de gobernadores. El jefe de gabinete comenzará a trabajar para ser candidato a presidente en 2023 y el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, será otro que buscará ese objetivo, al igual que el mandatario cordobés Juan Schiaretti, que busca aliados entre las provincias.

El oficialismo no piensa en rupturas pero sí en fuertes realineamientos y disputas de poder interno, al tiempo que tendrá que resolver cuestiones complejas de fin de año como la ley de presupuesto, la inflación contenida, futuros ajustes y el acuerdo con el FMI. Entre el ajuste que viene y las luchas por los espacios, el FDT entrará en ebullición luego de que se abran las urnas del domingo.

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