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Así se infiltró la variante delta en un aula

Los “caprichos” de la ciencia, el ecocidio contra el cambio climático y un regalo para ornitólogos.

 

Todo tiene un límite.

En la pandemia, muchos intentamos ejercitar el don de la paciencia: esperamos, con la mascarilla puesta, estar vacunados y que bajen los contagios y anticipamos el día en que volvamos a abrazar a otros sin miedo y a viajar sin preocupaciones.

También ejercemos otra paciencia más filosófica, esa que ante una grosería o una persona desconsiderada, intenta ponerse en los zapatos del otro en medio de una gran incertidumbre.

Pero, como escribía Paul Krugman, hablamos poco sobre una frustración muy extendida y que él llama “la rabia de los responsables”: la molestia de algunas personas respetuosas de los lineamientos de salud pública frente a quienes se resisten a vacunarse o creen que no usar mascarilla en lugares públicos y concurridos es una libertad personal superior al bien común.

Ante un virus altamente contagioso, las decisiones individuales tienen un impacto masivo: un estudio realizado en California mostró cómo se propagó el coronavirus cuando una docente sin vacunar y contagiada se quitó el cubrebocas en un aula de primaria, un acto que desencadenó 26 infecciones. No hay que olvidar que, como opina la psicóloga Judith Danovitch, aunque las mascarillas son molestas, “existen buenas razones para creer que usar cubrebocas en la escuela podría mejorar ciertas habilidades sociales y cognitivas”.

Sucede que las discusiones sobre salud pública se han ido tornando cada vez más amargas, no solo a nivel político, sino incluso en una escala personal. Hoy en día parece que todos tenemos un amigo o pariente muy querido al que extrañamos porque ya no podemos reunirnos sin discutir sobre los límites y peligros de convivir en interiores sin cubrebocas.

Y es que, a nivel intelectual, hay un desafío enorme. Experimentamos el proceso científico en tiempo real y en carne propia: una odisea impredecible de actualizaciones constantes. Un día hay que desinfectar todas las superficies y otro lo importante es la ventilación; nos informan que los que corren riesgo son los adultos mayores y un año después son los niños quienes están en peligro. En un ensayo reciente, Apoorva Mandavilli, reportera especialista en salud, analizaba las complejidades de seguir los consejos de los expertos en un momento en el que la ciencia parece caprichosa e indecisa.

“El camino que queda por delante será difícil”, escribe. “El virus depara más sorpresas y los mitos que ya se han arraigado serán difíciles de borrar”.

 

 

Este artículo se publicó primero en The New York Times. Click acá para ver el post original. 

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