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Diario La Nación editorializa contra los tragamonedas y la apertura de salas de juego en Mendoza

Este lunes, sorprende una columna de diario La Nación titulada “Casinos, un peligroso retroceso”. Allí arranca con un reconocimiento: “Celebrábamos que el entonces gobernador mendocino Alfredo Cornejo optara por cerrar casinos y bingos a medida que vencían las concesiones. Se esperaba así retrotraer paulatinamente la situación a antes del inusitado proceso de aperturas de salas de juego, tan contrario a la tradición de la provincia, inaugurado por el exgobernador José Bordón”.

El matutino recuerda que, en efecto, “hasta 1987 funcionaba un único casino en la ciudad de Mendoza, con aperturas en Potrerillos durante los fines de semana de verano. Poco antes de esa fecha, se habilitó uno pequeño para turistas en el complejo invernal Las Leñas, prudentemente alejado de centros poblados permanentes. Con el pretexto de alentar inversiones en hoteles cinco estrellas, se sumaron al casino estatal otras cuatro salas de juego en los alrededores de la capital y otros en distintos departamentos del Valle de Uco, al este y al sur de Mendoza”.

Acto seguido, advierte: “El actual gobernador, Rodolfo Suarez, anunció recientemente la incorporación de 900 máquinas tragamonedas al Casino Central y una gran sala de juegos en los departamentos del este de la provincia. Dado que pertenece al mismo partido de su antecesor, sorprende esta decisión que revela un claro e inexplicable retroceso, contrario a aquella sana política que había revertido numerosos desaciertos de las gestiones kirchneristas de Celso Jaque y Francisco Pérez”.

Al mismo respecto, La Nación explica: “Argumentar que el apoyo a los emprendimientos de juego promueve el turismo es insostenible. Basta ver la ubicación de esos casinos y observar quiénes son los concurrentes: la inmensa mayoría son lugareños, personas que llegan en bicicletas o en colectivo, mujeres portando su bolsa de compras, changarines o trabajadoras de casas de familia, ilusionados con la quimera que estas catedrales del vicio proponen. Pierden allí los pocos pesos ganados en lugar de usarlos para aliviar en algo las penurias familiares”.

El matutino advierte lo obvio: “Convenientemente ubicados en los alrededores, no faltan casas de empeño o crédito, tampoco empleados de escribanías al servicio de los jugadores que dejan sus autos o hipotecan sus casas para obtener de los usureros dinero para seguir jugando con la falsa ilusión del desquite. La ludopatía es un mal que se extiende dolorosamente entre nosotros. No podemos seguir consintiendo que sean las propias autoridades quienes la promuevan”.

Finalmente, el diario sostiene: “El flagelo del juego, sea virtual o presencial, solo degrada a una sociedad. Aparta a sus miembros de la cultura del trabajo, del ahorro y del esfuerzo, destruye sus valores y sus lazos familiares, dejando el campo orégano para otros males mayores”.

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