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De niña amaba las motos y hoy las arregla: la historia de la mecánica que sorprende a Mendoza

Por Fernanda Jara, Infobae

Por treinta y cinco minutos, Viviana Schwarz (46) deja las herramientas y atiende al llamado de Infobae. Admite estar un poco nerviosa por hablar sobre su vida con un medio nacional y deja que la emoción salga mientras se ceba unos mates. A su lado está Guillermo Berducci (59), su jefe y mentor en el oficio de la mecánica que más tarde la definirá como una “muy buena ayudante”.

Sin buscarlo, cuenta, hace un año y medio encontró un trabajo que la colma de entusiasmo y hace sentir por primera vez orgullosa de sí misma. Entró a trabajar al taller de la localidad mendocina de Godoy Cruz recomendada por una vecina para hacer tareas de limpieza, pero cuando escuchó al jefe quejarse por la falta de ayudantes, sin dudarlo, le preguntó si ella podría desempeñar esa tarea. De inmediato, cambió el balde por las herramientas y comenzó a desarmar la carrocería de las motos. Esa fue su primera tarea y siguió aprendiendo: hoy hace cambio de aceite, de filtro, desarma y arma las motos, las lava y las deja impecables.

“Esto me hace feliz, es algo que me encanta hacer. Sé que aún me falta mucho por aprender y también más seguridad para el trabajo, pero me enseña el mejor y él confía en mi”, dice y deja escapar el primero de los muchos elogios al dueño del taller que no dudó en aceptarla cuando se ofreció.

“Acá tenemos todo el piso blanco, yo soy muy quisquilloso con la limpieza, y veía cómo dejaba todo reluciente, lo prolija que era con todo. Eso me hizo pensar en lo buena que sería con las partes más delicadas de las motos. Cuando se ofreció a ser mi ayudante ni lo dudé”, asegura Berducci, padre de 3 hijas.

La historia

Viviana nació en la localidad entrerriana de Basavilbaso, a los 17 años se mudó con su beba recién nacida a Buenos Aires en busca de mejores oportunidades y en 2006 llegó a Mendoza junto a su marido y sus hijos cuando a él le llegó una buena posibilidad laboral y la nena entraba en la adolescencia: “Nos pareció mejor que viviera esa etapa en un lugar más seguro y tranquilo”, asevera sobre el cambio de aire.

“Hasta que nació Ismael, mi segundo hijo, trabajé como empleada doméstica, pero decidí dedicarme a criarlo y disfrutar de lo que no pude con Antonella, hoy de 28 años. Cuando me di cuenta de que él ya estaba grande (tiene 14) volví a buscar trabajo en casas particulares. Después una vecina me recomendó a Guillermo y salió esta oportunidad”, resume su historia.

Al recordar el momento en que ingresó por primera vez al taller, dice que sintió algo inexplicable. “Estaba fascinada por lo que veía. ¡Tantas motos!… y estaba lleno de ellas. Siempre me gustaron mucho, desde chica, y verlas todas juntas fue, no sé… ¡increíble!”, define y sigue: “Mientras las lavaba, porque se entregan limpitas, miraba a Guillermo cómo trabajaba y me sorprendía su manera de resolver porque ¡es un capo! A veces me pregunto si llegaré a ser como él que apenas escucha la moto ya sabe qué le pasa. ¡Es asombroso!”, deja salir una vez su admiración por el hombre que ya la adoptó como a un hija más.

A sus tareas en el taller, que Guillermo siempre siguió con detenimiento, Viviana sumó otro detalle importante: aprender a manejar una moto. “Ando en eso… Me encantan los cuatriciclos y las motos de enduro (son las parecidas a las cross), ya me imagino andando con una por la montaña”, anticipa un sueño a cumplir y revela que su jefe “hace años, fue a correr a España con una enduro y le fue bien”.

“A veces se me escapa para ir a dar una vuelta en el cuatri”, cuenta el hombre riendo pero a la vez reconoce: “Aprende rápido, anota todo lo que le enseño o hace un video mientras le explico algo. Me gusta cómo desarma las motos grandes, las partes plásticas donde hay partes en las que si se hace mucha fuerza se puede romper, pero ella lo hace bien, con la fuerza justa y mucho cuidado… ¡Y no rompe nada! Es perfecta para el trabajo que le pido”.

Respecto a los clientes y sus opiniones al verla en el taller, la mujer cuenta que “se sorprenden porque no es común ver una mujer en un taller con una moto. Entiendo que no es fácil porque acá la cara del taller es Guillermo desde hace 30 años y si vienen es para que la moto la arregle él, pero no pasa de ser solo asombro. Ninguno me dijo nada. Soy la primera mujer en trabajar como mecánica en todo Godoy Cruz, creo que con el tiempo se irán acostumbrando a verme y a que meta mano… Obviamente no hago nada sin la autorización previa de mi jefe y menos sin que controle antes. Sea un cambio de filtro o lo que fuere, siempre le pido que lo revise”.

Pensando en el futuro y su nuevo oficio, admite que desea seguir aprendiendo y trabajando en ese taller. “Somos un buen equipo”, asegura Viviana y reconoce que si algún día debiera asumir la responsabilidad de llevar sola un taller de motos “no sé si lo haría. Por ahora, así está todo bien”.

Hace unas semanas, la historia de Viviana fue contada en una radio de Basavilbaso y la emisión llegó a oídos de su madre. “Me telefoneó para contarme que hablaron de mi en la radio del pueblo y que ella llamó para decir que era mi mamá… ¡Y dijo en la radio que se siente orgullosa de mi! -se quiebra- Siempre me sentí la oveja negra de la familia y que me diga que se siente orgullosa me colma de emoción… No sé cómo explicarlo. Ojalá mi viejo, que murió hace poco, pudiera verme ahora. Espero que dónde esté me esté mirando y que también se sienta orgulloso de mi. Es lo que más deseo”, concluye entre lágrimas.

En plena acción: Viviana junto a Guillermo arreglando una moto (Municipalidad de Godoy Cruz)

Fuente: Infobae

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