Christian SanzPortada

Política, crimen, mafia y narcotráfico: la Justicia “zafa” a Aníbal Fernández y ataca al periodismo

En primera persona.

Lo vengo anticipando hace años: el expediente que investiga el triple crimen de General Rodríguez se encamina a la más increíble impunidad. Sin solución de continuidad.

Refiere esa causa al asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina en el mes de agosto de 2008. Acribillados a balazos por meterse en negocios que pertenecían a reputados referentes del kirchnerismo.

A pesar de la evidencia colectada y los indicios acumulados, la jueza María Romilda Servini empezó a trabajar una línea de investigación que fue alejando el expediente judicial de la verdad científica.

Apuntando a presuntos narcos mexicanos y otros delincuentes de poca monta. Una trama que no cierra por ningún lado.

En tal sentido, Servini decidió decretar en abril de este año una oportuna “falta de mérito” que benefició al narco Ibar Esteban Pérez Corradi, el mismo que ayer fue zafado por otra jueza, con lazos históricos con la AFI: Sandra Arroyo Salgado.

Pero el problema no es ese, sino que Pérez Corradi es el principal sospechoso de haber instigado, a las órdenes de Aníbal Fernández, el mencionado triple asesinato.

Lo conté a través de una veintena de notas periodísticas, desde 2008 en adelante, con los elementos que sustentaban tal imputación. Me “ligué” una querella criminal por parte de Aníbal, en 2009. Y fui sobreseído un año más tarde.

Básicamente, porque hice la mejor investigación que alguien podía hacer sobre el triple crimen, con más de 50 entrevistas y la revelación de prueba que nunca antes se había conocido.

Sin mencionar la entrevista que le hice al propio Forza —uno de los asesinados— en mayo de 2008. Pocos meses antes de caer bajo el fuego de las balas.

Pérez Corradi directamente no se animó a querellarme. Ni siquiera a confrontar en un debate público conmigo. ¿Hubiera negado sus negocios con Forza? ¿O sus vínculos con el narcotráfico? ¿O su relación con los asesinos de los tres empresarios?

Para que no queden dudas: a Forza, Ferrón y Bina los convocaron en la zona de Quilmes, donde Aníbal es el inobjetable “mandamás” desde mediados de los 90. A su vez, sus ejecutores fueron personeros del exjefe de Gabinete. Uno de ellos, Martín Lanata, llegó a revelar que a Forza “lo mataron por hablar con Christian Sanz” (ver el siguiente video).

A pesar de todo ello, la Justicia quiere hacer creer que los asesinos fueron unos mexicanos despechados que se molestaron por un cargamento menor de efedrina adulterada. Nada original: ya lo intentó en su momento el entonces juez Federico Faggionato Márquez, a pedido del primer kirchnerismo. La “opereta” le costó ser eyectado como magistrado por parte del Consejo de la Magistratura.

En realidad, el crimen de Forza y sus amigos se debió a que estos se metieron en negocios que pertenecían a Aníbal y su gente: básicamente la adulteración de remedios y el tráfico de drogas. Todo lo demás es puro humo, que busca zafar a Aníbal y su gente.

Basta leer el fallo dictado por Servini, que se publica en al pie de la presente nota, para darse cuenta de que solo se ha seguido una línea de investigación, que no es precisamente la más fiable. Y se le ha dado a los dichos de Pérez Corradi el valor de una verdad revelada. Sin dudar mínimamente sobre sus afirmaciones, muchas de las cuales ya se han demostrado falsas.

Allí, incluso se hace mención a mi persona como quien buscó perjudicar a Pérez Corradi “en lo personal, como en lo patrimonial” (fojas 30). Como si yo tuviera alguna animosidad personal contra él, algo que es absurdo, ya que jamás conocí su nombre sino hasta que empecé a investigar el triple asesinato.

Ello queda expuesto en el mismo fallo, ya que, de manera temeraria e inconstitucional, Servini revela dos comunicaciones telefónicas que tuve con sendas fuentes de información en el contexto de la investigación del hecho de marras. Es donde aparece por primera vez el nombre de Pérez Corradi. Luego mencionado por otra docena de informantes que no se conocen entre sí. Ergo, no hay ninguna conspiración.

Dicho sea de paso, ¿sabrá la jueza Servini que el artículo 43 de la Constitución Nacional protege las fuentes de información periodísticas?

Más aún: ¿Por qué mi teléfono estaba “pinchado”? ¿Quién lo ordenó? ¿Por pedido de quién? Preguntas que me inquietan ahora mismo.

Incluso un interrogante en forma de digresión: ¿Ya olvidó Servini que en 2016, cuando le dictó la primera falta de mérito a Pérez Corradi la Cámara Federal anuló su decisión e incluso le ordenó que impulse nuevas medidas de prueba?

Como sea, lo único destacable del fallo de la jueza, aparece a fojas 139: allí queda de manifiesto que aporté prueba concluyente a efectos de revelar toda la trama. En mi carácter de periodista de investigación.

Parte de la evidencia que le “regalé” a la Justicia es la copia de la propia computadora —el CPU— de Forza, que me dio este último justo antes de ser asesinado.

Allí aparecen nombres, cifras y detalles de cheques que aportó Forza a exfuncionarios del kirchnerismo en el marco de los aportes de campaña de Cristina Kirchner y Julio Cobos en 2007. Trama por la cual existe un voluminoso expediente judicial, que investiga presunto lavado de dinero y que ha recobrado inusitado impulso en los últimos meses.

Como puede verse, todo tiene que ver con todo. O, mejor dicho, todo conduce al kirchnerismo.

Porque la trama del triple crimen se vincula con la causa de la mafia de los remedios. Esta a su vez se relaciona con el expediente que investiga los referidos aportes de campaña. Y, a su vez, todo ello conduce a la denominada “ruta de la efedrina”.

Como se dijo, ningún mexicano aparece allí. Solo exfuncionarios del kirchnerismo. Que ahora mismo siguen teniendo enorme gravitación en el gobierno de Alberto y Cristina.

¿Acaso no es todo demasiado evidente?

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