Christian SanzMendoza en foco

Mendoza no es ejemplo de nada, los escándalos son callados por la prensa a cambio de pauta oficial

Muchos creen que Mendoza es un ejemplo de republicanismo. Sencillamente porque en su Constitución no se permite la reelección del gobernador y porque, cada tanto, la Justicia dicta una sentencia “ejemplar”.

Tal el caso de lo ocurrido hace unas semanas respecto del exintendente de Guaymallén, Luis Lobos, a quien le fueron confiscados algunos bienes en el contexto de la figura de la “extinción de dominio”.

Son buenas noticias, ciertamente, pero ello no significa que la provincia sea ejemplo de nada. De hecho, en Mendoza ocurren severos hechos de corrupción que no son registrados por los principales medios.

No implica que no sucedan, solo denota la eficacia del gobierno de turno —en este caso el de Rodolfo Suarez— a la hora de silenciar los escándalos.

En Mendoza existe un elocuente “aparato” de manejo de medios de comunicación cuyo apalancamiento radica en la pauta publicitaria. Más que millonaria.

La han aplicado los diferentes gobiernos, peronistas y radicales, pero la terminó de aceitar Alfredo Cornejo, cuando pasó por la gobernación de la provincia.

No sin escándalo. Porque se ha montado en Mendoza un sistema de “retornos” millonarios que llenaron los bolsillos de exfuncionarios y empresarios de medios por igual. Es una trama que, el día que se revele, llevará a más de uno tras las rejas.

A su vez, gracias al mismo mecanismo, el gobierno no permite que se publique nada que complique la gestión de Suarez. Ni siquiera cuestiones triviales, como las fiestas clandestinas a las que convoca su propia hija en redes sociales.

Ni siquiera el enorme endeudamiento que ha “regalado” Cornejo durante su gestión, que puede verse en los siguientes gráficos:

Ni hablar de tópicos como sobreprecios o corrupción. Eso directamente está vedado por el gobernador y sus hombres, a través de un brutal sistema de “alineamiento”. Operado con “eficiencia” por los mismos que en su momento nombró Cornejo en el área de Comunicación de la provincia.

Son los que levantan el teléfono cada vez que algún periodista publica alguna información que inquieta al mandatario de turno.

De todos modos, son contadas las veces que esto sucede, porque los medios ya saben de antemano qué es lo que no tienen que decir. Ergo, ejercen su propia autocensura.

Por eso, por más que se busque en los buscadores de internet, jamás se encontrará información lesiva sobre Cornejo o Suarez. Como en su momento tampoco la había respecto de los gobernadores peronistas Celso Jaque o Francisco “Paco” Pérez.

Ese silencio es lo que define a los medios de Mendoza. Permitiendo que, desde otros lugares del país, se crea que no hay hechos de corrupción en la provincia. Apenas una ilusión.

Mientras exista la “pauta-dependencia” por parte de la prensa mendocina, ello no cambiará jamás. Lamentablemente.

Es bien cierto que en la mayoría de los medios en los que supe trabajar arrancaron con independencia, pero también es cierto que se fueron corrompiendo al paso de los años.

Es una “lógica” que jamás entenderé. Porque en lugar de aprovechar y diferenciarse de los demás, creciendo en cantidad de lectores e influencia, prefieren dispararse en sus propios pies.

Ello explica por qué cada vez más personas eligen informarse a través de las redes sociales. Con todo lo que ello implica, porque allí las fake news conviven con noticias verificadas. Sin que nadie se tome el trabajo de diferenciar unas de las otras.

Hay, sí, quienes siguen leyendo los medios tradicionales (que son cada vez menos). Porque creen que se están informando. Pero es solo una “sensación”, como diría el kirchnerismo. Confunden entretenimiento con información. Como si fuera lo mismo.

A lo mejor tenía razón el colega Abbott Liebling cuando sostuvo, allá lejos y hace tiempo, que “la gente generalmente confunde lo que lee en los periódicos con las noticias”.

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